Alimento para el alma

Rebeca Mendoza Silis

Si no tiene nada que festejar el Día del Padre, no lo haga. Mucho menos le explique razones, desde la queja por la cual papá está ausente. Evite darles motivos a sus hijos para que vivan con un resentimiento hacia él. Tampoco le diga que no tiene papá, ¡porque sí tiene!, simplemente no supo estar; guárdese también sus razones, no son necesarias para su hijo, él sabe de antemano que no se ha hecho responsable. Mamá, eres muy valiente por haber sacado adelante a tus hijos… ¡pero no eres papá, eres mamá y ese es tu lugar irremplazable! Si no quiere cosechar odio en sus hijos, no se lo siembre desde pequeños. (Jesús Buenrostro).

El texto que acabamos de leer es de un amigo, tuve la fortuna de conocerlo en un taller llamado “Sana tu vida” y le gustó tanto y se notó en su cambio de vida, que se preparó para ser él mismo quien hoy lo esté impartiendo por varios estados de nuestra República, incluso tengo entendido que ya salió a otro país a darlo.

Hoy él ayuda a cambiar vidas, para quienes están dispuestos a que así sea. Vi que publicó en Facebook su texto y me gustó mucho, por eso quise compartirlo con ustedes.

Lamentablemente es una realidad que ya nos rebasó, hoy en día hay madres que se expresan fatal hacia el padre de sus hijos, y con ello no se dan cuenta de que dejan heridas aún más profundas en sus corazones.

También sé que existen hombres así, y es exactamente lo mismo, lastiman a sus hijos. La batalla campal entre ellos la extiende hasta sus retoños, sólo basta recordar que ninguno fuimos adquiridos en una kermés o en una rifa, ¡nos elegimos!

Tengamos presentes de manera constante que papá y mamá son nuestros grandes pilares y nos guste o no su forma de ser y de conducirse, somos parte de ellos. A ningún hijo, sobre todo en su niñez, le importa y ni entiende lo que ellos sean, en su alma y en su corazón aún no existe malicia, esa se va adquiriendo en el caminar de la vida, sobre todo cuando existen personas que lejos de sanar sus heridas, las van embarrando y endosando a otros con sus comentarios o acciones hirientes.

Supongo que existimos muchos que de una u otra forma tenemos una historia de dolor con nuestros grandes pilares, y, ¿qué has hecho para sanarlas?, ¿qué has hecho diferente a lo que ellos hicieron? Y entiendo perfecto que de niños no hay mucho que podamos hacer, no obstante ya de grandes somos responsables de sanar, lo que tengamos que sanar.

En el proceso de mi evolución, me di cuenta que renegar, despotricar, enojarme, evadir u ocultar mi historia no cambiaba mi realidad… Verla, aceptarla, perdonarla, agradecerla y trabajarla ¡sí!

Hoy no podría escribir lo que escribo, ni motivarte a que encuentres tu propia verdad y sanación desde el amor, si yo no hubiera hecho lo mismo, no podría hablarte de ello. Tuve que enfrentarme a mi peor enemiga y esa no se encontraba afuera de mí. Tuve que bajar a lo más profundo de mi ser para realizar una gran limpieza y sanación, es donde habitan las sombras de todo ser humano y a donde pocos quieren bajar y ponerse a trabajar por todo lo que ello representa.

No nos gusta sentirnos vulnerables y mucho menos expuestos ante el dolor; sin embargo, hasta hoy, no sé de otro camino para pulir nuestra esencia y dejarla salir como verdaderamente es ella.

Hay que doblegar el ego, el orgullo, la ignorancia, aflorar todo el enojo, la tristeza, la impotencia y la decepción que llegamos a sentir por todo aquello que suponemos debió de haber sido de manera diferente.

Con humildad se aprende que nada de lo sucedido fue un accidente, ¡nada pudo haber sido diferente!, todo fue como tuvo o como tiene que ser. La Becky que hoy soy, la conforma toda su historia. Lo bueno y no tan bueno, su sombra y su luz, sus aciertos y desaciertos, sus miedos y su valentía. Ella hace que hoy yo pueda estarte hablando como lo hago, ¡desde el corazón, mi corazón!

Te comparto que mi mamá jamás nos habló mal de mi papá y pudo o no haber tenido motivos para hacerlo; sin embargo, prefirió cargar sola con ello, a fin de cuentas era la adulta y como tal, todos a esa edad debemos aprender hacernos cargo de ello. En verdad se lo agradezco en el alma, porque eso me permitió seguir disfrutando de mi papá cuando él entendió que había errado su camino. Tal vez nos perdimos juntos una etapa de nuestras vidas, hoy sé que eso a mí me sirvió de escalón o de trampolín para ir hacia otro nivel de mi evolución; evita perder el tuyo por ignorar el dolor que tu padre o madre también tuvieron o aún tienen a cuestas.

Aprendí con el tiempo que lo más grande que ellos pudieron darme fue la vida… mi vida y que con nada voy a poder pagárselas; sin embargo, puedo honrarlos haciéndolo de manera diferente a como ellos lo hicieron.

Si aún los tienes, ¡aprovecha esa oportunidad!, no dejes que la vida se los lleve sin decirles lo importante que ellos son para ti, el herido es el niño o la niña, por tu bienestar ya no sigas reaccionando desde esa postura ahora como adulto. El amor tan grande que sientes por ellos, ¡eres 50% de cada uno!, es lo que hace que duela lo que no te gustó.

Hoy, esta sección es para cada padre, tanto para el que está presente, como para el que está ausente, del mismo modo para quien ya vivió ambas partes y le invade aún la culpa, lo importante es que aprendió la lección.

Papá, hoy tú entras en este artículo de manera muy especial, y sé que te encanta leer lo que comparto. Sabes el amor tan infinito que te tengo y somos tan parecidos en algunos aspectos, que por lo mismo dolió más sanar ciertos acontecimientos. Me siento orgullosa de ti, de cómo sigues aprendiendo y avanzando, aunque se te dificulten ciertas áreas, tú sigues trabajando en ello.

También agradezco todo el amor y la presencia que le has dado a mi hijo, sábete que eso llenó cualquier vacío en mi alma. ¡Gracias por sumar y multiplicar hoy en mi vida! Y gracias nuevamente por habérmela dado. Con amor, tu Beckys Morris.

Que tengan un excelente y bendecido día. Por favor recuerden que es nuestra responsabilidad cuidar de nosotros, con respeto y con mucho amor. Sus comentarios a: becky_010270@yahoo.com.mx

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