Magna obra cardenista en Manzanillo
En 1934 el periodista Miguel Barbosa Heldt, propietario del desaparecido periódico Acción Costeña, presionó al gobierno federal fuertemente para que se hicieran diversas obras de modernización y saneamiento en el Puerto de Manzanillo. También Anita Barragán de Villegas hizo lo propio, pidiendo al Gral. Lázaro Cárdenas que se hiciera un Hospital Civil.
CONTINUANDO LAS OBRAS PORFIRISTAS DEL PRINCIPIOS DEL SIGLO PASADO
La población de Manzanillo anhelaba que se continuaran las obras del puerto que empezara a finales del siglo XIX Edgar K. Smoot, bajo la presidencia del Gral. Porfirio Díaz, y luego continuara su hermano Otis, siendo una de las necesidades más apremiantes el tener una conexión entre las aguas de la bahía con la laguna de Cuyutlán, para evitar las enfermedades, varias de las cuales en nuestra historia local se convirtieron en epidemias.
Es así como el Gral. Lázaro Cárdenas, quien tenía muy cercana a su corazón esta región por sus relaciones de amistad con personas de Cuyutlán y nuestro Puerto, envió en 1935 a tres ingenieros para hacerse cargo de estas tareas en pro de nuestra población, los cuales eran Urtusuástegui, Dosal y Lira.
Ellos traían la encomienda de introducir el agua potable a Manzanillo; construir el Mercado Reforma; terminar la carretera a Cihuatlán, incluyendo al puente sobre el Río Marabasco; edificar la nueva escuela primaria Benito Juárez, que se reubicaría de la calle México hacia el costado oeste del Jardín Galván; y comunicar al mar con la laguna por medio de un túnel practicado de lado a lado del cerro poblado, conocido como Sector 5 (nombre dado por correos).

EL GRAN LEGADO DE LOS INGENIEROS Y ZAPADORES DEL EJÉRCITO Y LA MARINA
También en su gobierno se construyó el Hospital Civil de San Pedrito, aunque no por conducto de estos ingenieros, obra que se concluyó en 1939. Una de los trabajos más impresionantes, que hasta la fecha hoy admira, es la horadación que se hizo al mencionado sector, entre la laguna y La Perlita.
Los zapadores del Ejército Mexicano y de la Secretaría de Marina iniciaron la perforación en 1936, y la acabaron ¡en tan solo un año! Sí, el 11 de abril de 1937 ya estaba terminada la obra. Una obra nada sencilla, porque, repito, se trataba de un cerro poblado en parte (aunque no con la profusión de ahora), pues del lado del vaso lacustre estaba el panteón municipal, que se prolongaba hasta más allá de El Tajo.
Los zapadores también derribaron la estribación cerril del Sector 4 que permitió prolongar la calle Allende, antes Colima, hasta la calle Principal o México, donde cambia su nombre a Gregorio Torres Quintero (que también anteriormente era la misma calle Colima), la cual va hasta la Pino Suárez, mejor conocida como calle Nueva.
Merecidamente hay una calle en Manzanillo que se llama Ingenieros, en recuerdo a quienes hicieron estas obras, y también hubo otra calle que se llamó Zapadores en 1938, y hoy conocemos como Cuauhtémoc y Miguel Galindo; pero la historia y aportación de estos ingenieros y zapadores es menos conocida.
EL MAR TERMINÓ DE HACER EL TRABAJO
La obra de El Túnel, que le dio nombre a un barrio popular de nuestra ciudad, requirió que por dentro del cerro se hicieran algunas cámaras subacuáticas abovedadas de diferentes niveles, y se dice que la misma presión del agua hizo el trabajo de rompimiento de las rocas que quedaban para que se unieran los dos túneles que se habían hecho; ya que al mismo tiempo que se empezó a excavar del lado de La Perlita, también se excavaba por el lado de la calle de El Crucero, por la vereda junto a la laguna que era la salida hacia El Colomo y se temía que ambos túneles no se encontraran en el centro.
Muchos apostaban en Manzanillo que no se unirían ambos túneles en el centro del cerro; pero la pericia de los ingenieros a cargo de la obra se comprobó, cuando, calculándose que ambos trabajos habían llegado a un punto muy cercano de perforación, se detuvieron todos, y dejaron que el mar con la fuerza de su oleaje y mareas hiciera el resto.

SIN TECNOLOGÍA, NI MAQUINARIA AVANZADA
Se conocen de dos casos de personas que han caído, y han salido hasta el otro lado del cerro vivos, uno de ellos, de diez años de edad, aproximadamente, vecino del barrio de El Túnel, a principios de los años noventa; el otro, Elías, hace ya varias décadas, siendo un jovencito en aquel tiempo, el cual aún vive por los rumbos de la Colonia de El Pacífico, en la delegación de Las Brisas.
Definitivamente, El Túnel fue una magna obra. Hoy, la tecnología es mucho más avanzada y eficaz que en los tiempos de Edgar Smoot, a fines del siglo XIX; de Otis Smoot, a principios del siglo XX, y de la de los años treinta que usaron los ingenieros y zapadores del Ejército y la Marina en la segunda mitad de la década de los treinta del siglo pasado.
Y sin embargo, las actuales constructoras, ingenieros y arquitectos, ni el gobierno federal, tuvieron muchos problemas para hacer un túnel de escasa longitud entre la calle Hidalgo, en la colonia Libertad, y la avenida Niños Héroes, entre el Barrio de La Playita de En Medio y San Pedrito.
Para hacer el túnel, los zapadores no ocuparon tuneladoras, sino la decisión de, a pico y pala, abrir cerros, demoler enormes masas pétreas, aplicar el ingenio y la pericia para salvar grandes obstáculos y limitaciones, cuidadosamente aplicar la dinamita en los puntos necesarios y poner todo el entusiasmo por darle a la población de Manzanillo un beneficio que hasta hoy perdura.