Primer faro del puerto a instalarse se quemó empaquetado en la playa
En el año de 1867, ya en la segunda mitad del Siglo XIX, cuarenta y dos años después de su nacimiento, el Puerto de Manzanillo tuvo un gran incendio, que afectó su primer cuadro de la por entonces pequeña población, causando importantes daños.
EN EL MARCO DE LA INVASIÓN FRANCESA Y EL IMPERIO DE MAXIMILIANO Y CARLOTA
Por entonces, el país entero estaba aún debatiéndose de inquietud por los combates decisivos relacionados con la invasión francesa a nuestro país, que permitieron que se estableciera el imperio encabezado por Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica, como máximas autoridades de nuestro país, afectando con ello también al Puerto de Manzanillo, ya muy importante en la costa nacional del Pacífico, que quedó en manos de los invasores.
Hacía nueve años tan solo que Benito Juárez pasó con su comitiva por el puerto y hacía seis que las Islas Revillagigedo habían pasado oficialmente a pasar a formar parte integral del municipio de Manzanillo. Todo se veía color de rosa y oro para Manzanillo, cuando en abril de 1862 entrar a Colima las tropas imperialistas al mando del General Leonardo Márquez, disolviendo el Congreso del Estado, y tomando por ende posesión del Puerto de Manzanillo, el cual es considerado uno de los cinco distritos que conformaron en ese período el departamento de Colima, junto a Colima, Zapotlán, Sayula y San Gabriel.
ARDE EL FUEGO FRENTE A LA BAHÍA
Pero apenas empezando el año de 1867, el 31 de enero, las tropas republicanas al mando del Gral. Ramón Corona, recuperan la plaza de Colima, y con ello todo vuelve a ser favorable al desarrollo del Puerto de Manzanillo, que para ese tiempo ya empieza a tomar mucha importancia para la federación. La administración imperialista duró en Manzanillo dos años y dos meses, hasta febrero de 1867.
Es en este tiempo en que todo parecía favorable para nuestro puerto y su potencial desarrollo impulsado por la federación, que el 9 de enero de 1867 el fuego hizo pasto de sus llamas a dos manzanas del pequeño pueblecito que era por entonces El Manzanillo a las diez de la noche, causando alarma y miedo de que la lumbre siguiera avanzando hasta consumir todo el caserío.
La gente corría asustada de un lado para el otro, temiendo que aquello fuera a consumir toda la población en su totalidad, ya que hay que tener en cuenta que por esos años, la ciudad estaba asentada únicamente del lado del mar, abarcando cuando mucho dos cuadras, pues aún no se desarrollaba el lado de la laguna, hasta el cual incluso era muy difícil acceder, porque había que atravesar los cerros, siendo la única conexión la Calle de La Laguna o Principal, la cual actualmente se llama Calle México.

Porfirio Díaz hizo posible el viejo anhelo de dotar a Manzanillo de un faro sobre el cerro frente a Ventanas.
EL FARO TAN NECESARIO TENDRÍA QUE ESPERAR
Entre los edificios que fueron alcanzados por las lenguas ardientes se encontró la Aduana Marítima, que estaba sobre la arena de la playa frente al mar, espacio sobre el cual también descansaban enormes paquetes que contenían el faro por instalarse para el servicio del puerto, pues para esa época había muchos accidentes tras los cerros que rodean la ciudad, porque el Puerto de Manzanillo ya empezaba a descollar, amparado en su excelente ubicación en el litoral del Pacífico mexicano. Los materiales empaquetados que ardieron correspondientes al faro era muy costosos, por ser de importación.
Por aquellos entonces aumentaba drásticamente el número de buques que arribaban a nuestra bahía día a día desde otras partes de nuestro país, desde otras naciones del litoral del Pacífico continental e incluso desde algunas otras partes del sudeste asiático. Por esa razón es que el gobierno federal había visto la necesidad de instalar este faro, para que guiara a la navegación en nuestras cercanías. Varios barcos encallaron en las rocas tras los cerros y esto desde la época de la Colonia.
En uno de los barcos de la Armada había arribado el que iba a ser el primer Faro del Puerto, que se instalaría en el cerro donde finalmente está ubicado, en las inmediaciones de las playas de Ventanas. Se dejó, pues, sobre la arena aquella estructura marítima empaquetada, lista para instalarse y ahí estaba cuando el sitio fue alcanzado por el fuego.
Se quemó la aduana con todo y el faro empaquetado, que nunca fue abierto. Afortunadamente, gracias a la acción de los ciudadanos y las autoridades que se movilizaron rápidamente para apagar la conflagración, el fuego logró ser erradicado, y no hubo muchas casas y establecimientos, la mayoría de estos cantinas por aquellos entonces, que fueran pasto de las llamas, llevando la peor parte, como ya dijimos, la Aduana de Manzanillo, además del faro empaquetado que ardió sobre la arena de la playa.
BONANZA PORTUARIA CON EL PORFIRIATO
Por cierto que en ese mismo año, 1867, finalmente todo el país quedó por fin libre de la invasión francesa que posibilitó el establecimiento del Segundo Imperio Mexicano, con Carlota y Maximiliano a la cabeza. Con el mariscal François Achille Bazaine a la cabeza, salieron de la capital de la república las últimas tropas francesas y participantes de otras naciones en aquella aventura, incluidos algunos mercenarios y soldados de batallones provenientes del norte de África. Se dirigieron a Veracruz para embarcarse a Europa, dejando solo a Maximiliano.
A partir de ese año, Manzanillo empieza su franco crecimiento como puerto, que se incrementa con los grandes apoyos que le brindó el gobierno de Porfirio Díaz, que le dio toda una infraestructura, que incluyó entre otras cosas, un rompeolas y el tren que, a través de la capital del estado, Colima, nos comunicó con el resto del país, lo cual fue inaugurado el 12 de diciembre de 1908.
Fue este mismo gobierno el que posibilitó que por fin Manzanillo contara como puerto con un faro. Entre 1903 y 1906 se hizo la construcción de la primera infraestructura con que se dotó a nuestro gran puerto colimense durante la administración porfirista que tanto le dio a Manzanillo.