Segunda y última parte
“LA SANTA HERMANDAD VS. LOS PICHILINGUES!
Ejemplos de esas participaciones hay muchos. Y ese tipo de organización se utilizó incluso hasta principios del siglo XX, pero voy a ejemplificar con uno, muy significativo, que sucedió durante los meses de octubre y noviembre de 1615, y que forzó al Alcalde Mayor Rodrigo de Ybarra y Ateguren, a requerir el apoyo de un famoso capitán de navíos que se llamaba Sebastián Vizcaíno, que circunstancialmente se encontraba reposando en la Villa de Colima, cuando se enteraron de que cinco barcos piratas holandeses estaban saqueando y atacando diferentes puertos de la costa novohispana.
En dicha ocasión el alcalde Ybarra recibió noticias de que una flota de piratas holandeses (a los que apodaban “Los Pichilingues”) habían atacado Acapulco, se habían posesionado de un barco español en Zacatula y se dirigían al puerto colimote de Salagua. Y en consecuencia con ello, utilizando pregoneros y otros procedimientos previamente utilizados para esos fines, el alcalde Ybarra y el capitán Vizcaíno mandaron pregoneros para poder reunir en la dicha villa a cerca de 200 paisanos que estaban en condiciones de viajar y portar armas, para que participaran en la defensa de dicho puerto.
Para quienes deseen ampliar la información sobre lo que sucedió en esas fechas hay un capítulo muy específico en mi libro “Colima Siglos XVII y XVIII, la Cara Oscura del Coloniaje”, y una novelita histórica que titulé “El ataque de Los Pichilingues”, por lo que sólo diré ahora que, siete años después, en 1522, fueron levantados unos testimonios que, desglosándolos, sirven para corroborar lo dicho sobre estos cuerpos de voluntarios. Veamos algunos de ellos en su tono original:
El primero es de Juan Carrillo de Guzmán y dijo: “Fui alcalde de la Santa Hermandad en esta villa y su provincia, el año de 1615: y en el mismo año, habiendo en la costa y puertos della naos de enemigos, el general Sebastián Vizcaíno […] me nombró por capitán de una compañía de caballos, con la cual me hallé en la ocasión y refriega que hubo con el enemigo holandés. No llevé gajes de su Majestad, porque ofrecí servirle a mi costa, como lo hice, y gasté de mi hacienda el tiempo que duró el campo, así en mi persona como en algunos soldados pobres que alojaba”.
El segundo corresponde a Rodrigo de Brizuela quien expresó: “También fui capitán de una compañía de soldados que traje del Valle de Alima, (a) donde fui por ella por orden y comisión que me dio el general Sebastián Vizcaíno, y la llevé al puerto de Salagua”.
El tercero es de Gaspar Ramírez de Alarcón: “Declaro tener oficio de alférez real por nombramiento del general Sebastián Vizcaíno, y por haber servido a su Majestad, y confirmado por el excelentísimo señor marqués de Guadalcasar… Asimismo, fui alcalde ordinario … y teniente general desta villa y provincia, el año de 1615”.

Y uno de los principales promotores de semejante movilización era don Roque Arca, intendente de Guadalajara.
Finalmente, Domingo Vela de Grijalva, declaró: “He sido electo por el cabildo alcalde ordinario [cinco veces en diferentes años]… Y teniente general [en tres ocasiones]; y quanto por el año de 615 vino el enemigo holandés a ynfestar los puertos y costa del Mar del Sur, por nombramiento del general Sebastián Vizcaíno, y del capitán Rodrigo de Ybarra Ateguren, alcalde mayor que era en aquella ocasión, fui nombrado capitán de ynfantería de toda la gente y vecinos desta villa, y con ella fui al puerto de Salagua, y asistí todo el tiempo que duró el campo, hasta que se hizo a la vela el enemigo holandés; fui, asimismo, nombrado por tenedor y proveedor de los bastimentos necesarios para dicho ejército, y dellos tengo satisfecho y dado qüenta con pago, como consta en la certificación que en mi poder tengo de los jueces officiales de la Real Hacienda de la ciudad de México; y actualmente soy cappitán de ynfantería desta villa, para las acciones que se ofreciere”.
Testimonios que aparecen en diversas páginas de “Por mandato de su majestad”, libro recopilado y escrito por nuestro ya difunto amigo Juan Carlos Reyes Garza en 1999, y publicado por la Imprenta del Gobierno del Estado de Colima en el año 2000.
UNA COMPAÑÍA DE LANCEROS
Ya más cerca de la época que estamos comentando resultó que, hacia finales del siglo XVIII, el Capitán Miguel José Pérez Ponce de León, del que ya varias veces hemos hablado aquí, viendo que comenzaron a llegar varios grupos de individuos de mala catadura y peor comportamiento a los rumbos serranos de Tecalitlán, en donde se acababan de abrir varias minas, decidió constituir un pequeño ejército al que se dio sus mañas para brindarle instrucción. Por lo que también constituyó, por así decirlo, la primera academia militar que hubo por todo este rumbo, según nos lo dio él mismo a entender en una en una de las tres “Descripciones de Colima” que escribió entre 1775 y 1789, y en la que se lee que aquélla era: “Una Compañía de Lanceros que se compone de 50 hombres escogidos que quisieron ejercitarse en el servicio, a los que he dado proporcionada disciplina militar, en consideración de [la necesidad que había de vigilar] la costa y cercanos puertos de mi provincia, como para [imponer] el respeto y temor … [a los] malhechores que, al abrigo de estas sierras y montes han vivido con escándalo aun de las mismas fieras”.
Esta interesante referencia apareció publicada en los “Documentos para la Historia de Colima, Siglos XVI-XIX”, libro coordinado por José Antonio Calderón Quijano, y pertenece a la famosa “Colección Peña Colorada”.
Y fue esa misma compañía la que en algún momento de 1790 malamente se utilizó para forzar a un grupo de enfermos de lepra, jiricua, granos y otras enfermedades de la piel a que se reunieran en la “hacienda de Los Chinos”, perteneciente a la parroquia de Caxitlán, para que desde allí fueran trasladados como viles animales hasta el hospital de San Lázaro, de la ciudad de México, casi nada más para que llegaran allá a morir, según lo documentaron, respectivamente, los historiadores colimotes, Florentino Vázquez Lara Centeno y Roberto Urzúa Orozco.
Compañía de Lanceros, por último, que sirvió como antecedente para la conformación de las Compañías de Milicianos que de Coahuayana, Alima y Colima participaron del lado realista en los primeros combates que hubo en contra de los insurgentes. Continuará.
Nota. – Todo este material corresponde al Capítulo 20 de “Mitos, verdades e infundios de la Guerra de Independencia de México”.