El regreso de los trenes


El tren de pasajeros Manzanillo a Guadalajara a finales a mitades de los noventa del siglo pasado costaba $48 desde el puerto hasta la Perla Tapatía, contra $130 que costaba viajar en autobús

Viajar en el tren pasajero que tuvo Manzanillo hasta antes del 22 de septiembre de 1997, era muy hermoso. El trayecto, aunque largo, era muy bonito, porque estaba lleno de diversos paisajes, ya que, de Manzanillo a Guadalajara era subir de la costa a la segunda ciudad más importante del país, que es Guadalajara. No solamente la laguna de Cuyutlán era algo bello en este trayecto, también la Zacoalco, la zona de barrancas, los enormes puentes, ríos y, en fin, que era toda una exuberancia de paisajes.

Y qué decir de los extraordinarios túneles que nos emocionaban a los pasajeros al ver que nos íbamos a acercando a uno. Los había de todos los tamaños; algunos de plano muy cortos, y otros ya larguitos, que lo que se nos venía a la mente era desear que el cerro que estaba arriba de éste, no nos fuera a aplastar si se suscitaba un terremoto de gran magnitud o una fuerte erupción volcánica de nuestro coloso de fuego. Se dice que la ruta mencionada era la que tenía más túneles de todos los recorridos ferroviarios del país. Esto citado incluso por el comediante Manolín en una de sus ya clásicas películas.

Tuve el privilegio de viajar en ese tren de pasajeros Manzanillo a Guadalajara al lado de mi esposo varias veces durante mi primer año de casada, pues contrajimos nupcias en septiembre del 96, y el servicio del ferrocarril hizo su último recorrido un año después. El pasaje costaba $48 desde el puerto hasta la Perla Tapatía, contra $130 que costaba viajar en autobús; así que, por esa abismal diferencia en precios, eran muchísimos los porteños y de todos los puntos a lo largo de la ruta ferroviaria los que preferían viajar en tren; prueba de ello es que este medio de transporte desaparecido siempre iba abarrotado, a diferencia de los autobuses.

El viaje duraba entre ocho y nueve horas, duplicando el tiempo, comparado con lo que se hacía en el autobús; pero a muchos gustaba más, porque, aparte de barato, el viaje en el ferrocarril era anti estresante, ya que no iba a alta velocidad, lo que permitía apreciar en todo su esplendor cada uno de los paisajes que se iban recorriendo, así como la flora y la fauna de cada uno de estos. Aparte de esto, lo pintoresco de los pueblitos que se tocaban, y sobre todo, la calidez de la gente que platicaban sus vivencias o vendían sus productos a bajo costo, como taquitos, golosinas, panes y otras muchas cosas.

Esa moderada velocidad a la que dicen algunos que el tren de pasajeros corría, aproximadamente a 60 kilómetros por hora, permitía que nos ilustráramos, pues ahí sí que era cierto ese refrán que dice: Los viajes ilustran. Además, en los últimos años de este servicio ferroviario, los viajes eran nocturnos, pues salíamos a las 11 de Manzanillo, y llegábamos a Guadalajara como a las 9 de la mañana, lo que también nos permitía disfrutar de la bóveda celeste en todo su esplendor.

De introducirse un tren de pasajeros nuevamente, lo necesitamos casi con las mismas características; que vaya lento, para que sea un verdadero  placer, turístico, que vaya parándose en cada pueblito para que se pueda apreciar cada uno de sus paisajes y, sobre todo, que siga siendo económico. De esta manera se cumpliría con la movilidad para todos, pues esos pudientes y ricachones que tengan muchísima prisa por llegar a un destino, que se vayan en avión o en sus carros particulares a toda velocidad. Para los que gustan de irse en autobús, estresados y con prisas, o que se van dormidos todo el camino para no ver nada, y tienen una economía mediana, tenemos una terminal de autobuses en Manzanillo, en Colima y en Guadalajara.

Sin embargo, para las personas que no tienen muchos recursos económicos, o los románticos aventureros y turistas que gustan de disfrutar de los paisajes naturales y visitar pueblitos pintorescos y hermosos, se necesita un tren, no importa si se hacen muchas horas, ya que valoramos la experiencia de cada kilómetro recorrido, porque entendemos que es un medio de transporte diferente. Así como el avión va por aire, el autobús por carretera y el barco por el mar; el tren va por rieles y por otro tipo de paisajes y lugares.

El Chepe, cruzando las Barrancas del Cobre.

En Manzanillo no necesitamos trenes locos, de altísima velocidad, porque nuestra geografía es demasiado accidentada y las distancias a Guadalajara y puntos intermedios son cortas. No me imagino un tren a 500 kilómetros por hora bajando por zonas serranas todo desbocado; creo que esos trenes son para lugares planos y desérticos, donde a decir verdad, no hay mucho que apreciar, y donde el camino sea recto, como indica el sentido común.

Ah, pero esos mismos ricachones, que se burlan de aquel tren porfirista lento y económico, cuando van a Europa bien que andan en los trenes lentos y económicos de por allá, y ni se quejan ni burlan. No entienden al parecer la diferencia entre un tren foráneo y un urbano. Los trenes urbanos sí se desplazan a gran velocidad entre diferentes puntos de una gran ciudad, por rutas previamente diseñadas y trazadas para ese fin, generalmente subterráneas o confinadas, para que puedan ir como bólidos, a alta velocidad; pero los trenes de pasajeros que circulan por gran parte de Europa, son románticos, turísticos, pintorescos, aventureros y desde luego, lentos y con costos para todos los gustos.

Y para muestra aquí mismo en México está El Chepe, que tantos extranjeros disfrutan y más de un mexicano, el cual, desde luego, por ser turístico, es elegante y cómodo y no va a altas velocidades. Y menos cuando va cruzando las Barrancas del Cobre. Igual sucede con El Tequilero, que cruza los paisajes agaveros de Jalisco a una velocidad moderada. Si fuera rápido, los pasajeros no podrían apreciar los paisajes ni tomar fotos para el recuerdo, para tomar sus selfies puestos de pie en medio del vagón para subirlas a las redes sociales.

El tren de pasajeros que teníamos en Manzanillo, no se sacó de circulación por incosteable, ni porque la gente ya no lo quería; es una total mentira o desconocimiento cualquier afirmación de estas, pues, hasta el último día que brindó servicio el tren, siempre fue casi a lleno total. Por cierto, un día después que el tren hiciera su último recorrido, mucha gente se quedó en los andenes de las diversos estaciones, empezando por Manzanillo, a lo largo de Colima y Jalisco, esperando a que llegara el convoy, que tristemente, hasta el día de hoy nunca volvió.

Ese tren lo suspendieron, porque decidieron darle toda la importancia y valor al tren de carga, cuando éste pasó a manos de la iniciativa privada. Desde entonces a la tal empresa nunca le importó el pasaje, ni siquiera como compensación a las molestias que el tren de carga nos causó a los porteños por muchísimos años. Claro que compitiendo pesos y dólares, pues ahí sí que vieron que el pasaje, en comparación con la carga de mercancía, no era tan redituable; pero el servicio nunca se debió de haber quitado. Era ya un derecho ganado.

Si fuera barato viajar en autobús, estos no irían tan vacíos de Manzanillo a Guadalajara, con todo y sus lujos, comodidades y vistas panorámicas. Mi esposo y yo hemos viajado varias veces a Guadalajara en autobús, viajes en los que de Colima a la Perla Tapatía hemos ido como ocho pasajeros en una unidad al que le caben cincuenta. Yo pensaría que eso no es costeable; sin embargo, sí lo ha de ser, y por ese siguen en ruta. Con esos costos tan caros, claro que se puede subsistir.

Para una persona que ha sido víctima de la pandemia y que lo ha perdido todo, o que recientemente ha encontrado un trabajo donde apenas sale para comer, es imposible que le ajuste para viajar en un dizque barato avión. Pero, tal vez si existiera el tren económico de pasajeros, podrían pensar en viajar sin importar que el trayecto dure mucho. Porque lo considerarían paseo, desde el momento mismo en que abordan el tren. A partir de ahí comienza la experiencia y la diversión.

Esperemos que se sigan haciendo gestiones para que se nos regrese el tren de pasajeros de tipo económico y turístico; claro que no tan feo y descuidado como el que se tenía, pero tampoco un tren loco, carísimo, que no esté al alcance de nadie, porque entonces sí sería un elefante blanco, nada costeable. Y que la ruta sea de Manzanillo a Guadalajara, porque hay que tirarle a recuperar lo que ya se tenía.  -Que tenga un bonito día.