*Cortó dos orejas y un rabo al quinto de la tarde
*“El Chihuahua” obtuvo dos apéndices del que cerró plaza
* El rejoneador Fauro Aloi sin sitio, no tocó pelo
Ante una pobre entrada que no llegó ni a media plaza y aun cuando hacia el final de la única corrida de feria en la monumental La Petatera de Villa de Álvarez, el festejo se convirtió en ruidosa pachanga, el sábado pasado el tlaxcalteca Uriel Moreno “El Zapata” se alzó como triunfador de este acontecimiento taurino, al cortar las dos orejas del quinto toro de la tarde y obtener además el rabo del astado en turno, a petición del cotarro que en ruidoso chacoteo, dio al traste con la seriedad que debe de reinar en este tipo de eventos.
Pero vayamos por partes, a su primer toro, segundo de la corrida, un cárdeno oscuro, paliabierto, de nombre Tabladero, herrado con el No. 381 y con una romana de 540 kilos en los lomos; “El Zapata”, quien vistió de salmón y blanco, lo recibió con dos largas hacia las tablas, dos lances de tanteo y cuatro verónicas despatarrado que remató con una media, para arrancar el aplauso del respetable.
Luego pegó un quite por tres navarras, que remató con una rebolera y en el segundo tercio invitó al “Chihuahua” para un duelo con los palitroques que fue del gusto del cotarro. Antonio García cuajó un par al cuarteo en buen sitio y “El Zapata “no se quedó atrás, siendo aplaudidos por el respetable, más aún cuando el tlaxcalteca cerró el tercio con un espectacular par de poder a poder.
Con la pañosa, Uriel Moreno hilvanó una faena por muletazos rodilla en tierra pegado a tablas que remató con el desdén; derechazos, muletazos por la cara, molinetes y abaniqueos, pero lamentablemente el morito empezó a regatear las embestidas y el coleta tuvo que esmerarse para sacarle los pocos pases que traía el astado. De esta forma “El Zapata” pegó cambiados por la espalda, muletazos por alto, derechazos y abanicos, que remató molinetes y pases de trincherilla. Luego realizó faena de aliño, pero lamentablemente falló con el acero y escuchó un aviso.
En tanto con el quinto de la tarde, marcado con el No. 227, un castaño claro, capacho, de 510 kilos, el diestro tlaxcalteca nuevamente estuvo voluntarioso y con el percal bordó pases de tanteo, verónicas y medias verónicas rodilla en tierra. Ejecutó un quite por zapopinas y una rebolera. Para el segundo tercio pegó dos pares al violín y uno al cuarteo hacia las afueras, siendo aplaudido por los aficionados.
Tomando la de bayeta en sus manos, Moreno implementó cambiados por la espalda, cuatro tandas de cuatro y cinco pases con la de cobrar y dos con la siniestra, adornadas con el cite sicodélico, péndulos, molinetes de rodillas, tres tandas en redondo rematadas con el de pecho, afarolados, forzados de pecho, péndulos y desplantes de hinojos; en medio de una cascada de aplauso y exclamaciones de torero… toreo… que le brindó el público asistente.
Despenó al cornúpeta de una entera en todo lo alto, que hizo rodar sin puntilla al de Begoña, para ser premiado por el juez con dos orejas. Lamentablemente un buen grupo de villamelones animados por un subalterno que vestía de nazareno y negro, presionaron con gritos ofensivos para que la autoridad de la plaza concediera el rabo, como máximo trofeo por el desempeño del esteta ya mencionado.
Vistiendo de azul marino y azabache, Antonio García “El Chihuahua” se enfrentó a Porrillas, tercero del festejo, un castaño oscuro aldinegro, bragado y meano, distinguido con el No. 427 y de 501 kilos, al que saludó con dos afarolados pegado a tablas. Luego bregó con lances de tanteo y una tanda de verónicas que remató con una rebolera. Pegó una tanda de navarras y remató esta serie con otra rebolera.
Y vino otro vistoso duelo con los rehiletes, cuando “El Chihuahua” devolvió al “Zapata” la invitación para alternar con los garapullos. “El Zapata” falló en el primer intento, pero luego dejó un par de banderillas al violín. Después “El Chihuahua” puso un par de poder a poder y uno de Calafia ante la algarabía de los taurinos locales.
Hacia el último tercio de la lidia del castaño de Begoña, Antonio García intentó desarrollar una faena por ambos lados, aun cuando no pudo cuajar tandas completas, toda vez que el toro desarrolló sentido y embestía tirando derrotes sin permitirle engarzar los pases respectivos. Se tiró a matar y dejó un entera delanterita que bastó para que doblara el astado y saludara en el tercio.
Con el último toro del festejo, un cárdeno claro enchaparrado, paliabierto, de nombre Charrotaurino, marcado con el No. 269, de 515 kilos de peso, el coleta norteño pegó un farol de rodillas pegado a tablas, tres lances de tanteo y una tanda de cinco verónicas que remató muy toreramente soltando una punta del percal. Llevó al torito hacia la pica con vistosas chicuelinas y pegó un quite por zapopinas arrancando el aplauso del respetable.
Llevando seis de banderillas en sus manos, dejó un primer par al cuarteo en todo lo alto, luego uno de Calafia y uno al violín que completó al segundo viaje, para recibir una carretada de aplausos.
Alternó cinco tandas de tres y cuatro muletazos por ambos lados y se adornó con forzados de pecho, de pecho rodilla en tierra, molinetes, muletazos en redondo, estatuarios y el pase del desdén. Luego realizó una breve faena de aliño y mató al cornúpeta de una entera caidita y delantera que fue suficiente para que el toro doblara y se le premiara con dos orejas a petición del villamelonaje. Una vez más el coro se volvió chunga y se le reclamó airadamente al juez por no cumplir con la exigencia de otorgar el rabo.
Actuando por delante en el festejo, el caballero en plaza Fauro Aloi, quien vistió de gris y oro a la usanza de Fernando VII, sin mucho sitio aún, ni dominio del arte de Marialba; en sus dos turnos (primero y cuarto de la tarde), se concretó tan sólo a cabalgar a la grupa y a pegar con más o menos certeza rejones de castigo, palitroques largos y cortos a una mano y nunca se le vio torear al estribo, ni con el pecho de su jaca. No pegó banderillas a dos manos y falló en varias ocasiones con la hoja de peral.
Aun así, reclamó altaneramente a la autoridad de la plaza, el que no se le hayan otorgado trofeos por su actuación y en caso nunca visto en este coso ni en otras plazas, dos subalternos vestidos aún de luces, faltando al respeto a la autoridad en el coso, subieron al tendido para abogar por él ante el juez, para que no se le multara al centauro mexiquense por su evidente intransigencia.
Fauro Aloi se enfrentó primero a Franciscano, un negro mulato de 522 kilos, herrado con el No. 405 y en cuarto lugar recibió Volcán Nevado, un cárdeno claro casi ensabanado con el No. 340 y de 531 kilos de peso; a los que malogró con el acero como ya se dijo antes.
Los Forcados Amadores de México estuvieron muy bien en su primera pega y pasaron infinitas fatigas con el cuarto de la tarde, al que sometieron hasta el tercer intento, resultando varios de ellos con lesiones de consideración. Aun así por su voluntad manifiesta, el público los sacó a dar la vuelta al ruedo y éstos a su vez invitaron al centauro Aloi para que les acompañara en el periplo.
El parte médico sobre los forcados accidentados, emitido por el equipo medio que coordina el Dr. Miguel Reynoso Isáis señala que, el forcado Juan de Dios Corona, sufrió lesiones laterales de rodilla derecha y su compañero Miguel Mora Quijano, presentó esguince de tobillo derecho, traumatismos que tardan alrededor de 15 días en sanar.

“El Chihuahua” en su vuelta al ruedo con los trofeos obtenidos.

Salida a hombros de los triunfadores del festejo.

“El Zapata” hilvanado pases con la siniestra.

“El Zapata” hilvanado pases con la siniestra.

“El Chihuahua” toreando por naturales al astado que desorejó.

Subalternos faltando a todos los principios de ética profesional, subieron al tendido para pedir clemencia al juez de plaza, por la sanción impuesta a Fauro Aloi.