Hace 50 años llegó y comercializó por primera vez el yogurt en Manzanillo


Nadie conocía antes en nuestro municipio esta bebida saludable

En este año se cumple el cincuenta aniversario de que llegara a Manzanillo un alimento líquido de mucho valor nutritivo, preparado de forma artesanal, mucho antes de que irrumpiera en el mercado comercial de forma masiva a través de empresas que los elaboran en grandes producciones en serie en presentaciones para su venta al público en tiendas departamentales y grandes negocios comerciales, así como en tiendas de abarrotes. Pero hace 50 años se hacían los primeros yogures de frutas naturales y con granola, también preparada en casa.

LOS PRIMEROS AÑOS, ALLÁ POR LOS SETENTAS

Esta es la historia de aquellos primeros años en que esta bebida, hoy de consumo masivo, entró por primera vez a nuestro municipio. En el año de 1972, con la búsqueda de alimentos más sanos, la familia González Mora, amantes de la naturaleza y la salud, aprendieron en su domicilio en la Colonia del Pacífico, en la delegación de Las Brisas, el proceso para elaborar una nueva bebida, que hasta esta fecha era desconocida en Manzanillo, se trata del yogurt.

A la par, algunas pocas personas preparaban en sus casas de manera individual y privada esta bebida láctea, consiguiendo bacilos búlgaros para el consumo familia, pero era éste un consumo muy reducido y sin sabores dulces y atractivos al paladar.

Los González Mora cada vez recorrían más distancia ofreciendo su producto en diversos envases contenedores, llegando incluso hasta el centro de la ciudad, sitios donde poco a poco empezaron a tener mayor aceptación y demanda, y a conseguir mayores pedidos fijos, que los convencieron de seguir por ese camino.

DE LA DELEGACIÓN DE LAS BRISAS AL CORAZÓN DEL CENTRO HISTÓRICO

Es así como irrumpen los yogures de sabores de frutas y semillas naturales hace cincuenta años, y causan de inmediato furor, tanto que el pequeño local que para ese tiempo ya los González, con mucho esfuerzo, habían logrado abrir para su venta en la calle México, sitio que era insuficiente para satisfacer la demanda que el yogurt empezó a tener, pues muchas personas preferían beberlo al interior de la tienda en la calle principal del Centro Histórico, a dos locales de la esquina con la calle Allende.

Esto motivó que unos años después su negocio, bautizado con el nombre de Yacatecuhtli, tuviera que cambiar de domicilio para poder atender debidamente a su amplia clientela, y para ello se vieron en la necesidad de adquirir un predio histórico de Manzanillo, como era la Casa de Huéspedes Petrita, en el domicilio Allende No. 24, frente a la también histórica Farmacia Regis de Don Agustín Guijarro, y el expendio de lecha bronca y oficina de los ferrocarriles porteños a cargo de Don Alfredo Cruz Torres.

Este lugar de hospedaje existía desde las primeras décadas del siglo pasado y era una de las pocas construcciones de madera que aún existían para esas fechas en nuestra ciudad.

Se dice rápido y fácilmente el cumplir cinco décadas de expender yogures artesanales, lo cual es todo un logro a la persistencia, tesón y visión de sus encargados, de tal modo, que muchos de los clientes jóvenes que hoy tienen, son nietos de los primeros compradores que la tienda tuvo.

LO ARTESANAL VS. LO COMERCIAL

Hay que decir que hay estabilidad en los sabores que ofrecen y que sus clientes ya buscan, como son fresa, ciruela pasa, durazno, mango con linaza, frutos rojos, piña con coco, nuez y natural, todo elaborado por ellos mismos, utilizando insumos naturales, pues no puede ser de otra manera, ya que la leche de vaca tiene que comprarse en un rancho ganadero y ser de calidad, ya que, si tuviera agua, no podría hacerse el proceso por medio del cual se convierte en yogurt.

Es decir que, mientras en el mercado comercial a gran escala, el yogurt comercial ha invadido los estantes, ellos siguen vendiendo un producto artesanal de alta calidad, igual que hace cincuenta años.

La propietaria del negocio, la señora Mireya Mora Ortega, quien empezó el negocio con su esposo Enrique González Hernández, ya fallecido, explica que en la preparación de estas sabrosas bebidas con tanta tradición y arraigo en Manzanillo no se utilizan ni saborizantes ni conservadores, razón por la que el yogurt de sabor dura poco tiempo -máximo tres días-, y el natural, sin sabor añadido dura solamente un poco más -alrededor de seis días-, pues el lácteo se acidifica y la fruta se fermenta, todo resultado de un proceso natural.

ALIMENTO SANO Y NATURAL CON PROMETEDORA VIDA POR DELANTE

Señaló que las nuevas generaciones buscan en su alimentación cosas sanas y naturales, y el yogurt es una excelente opción que los manzanillenses han encontrado, pues tiene probióticos, y fortalece la flora intestinal y los huesos.

Para acompañar estos ya clásico yogures, se ofrecen también hamburguesas de soya en diferentes presentaciones, champiñones y queso de amaranto, así como panes integrales.

Pocos emprendimientos familiares-comerciales como éste, consistente en la elaboración y comercialización de yogurt artesanal, logran tener una existencia tan prolongada, como son cincuenta años de vida, medio siglo.

Las modas en la alimentación cambian y varían, pero en el caso del yogurt al parecer es un producto que llegó para quedarse, por sus características y propiedades medicinales para diversos padecimientos, que no solamente cura, sino también previene, todo esto, además de su sabor a diversas frutas, acompañado de semillas y condimentos también naturales propios de esta bebida, conocida como granola.

Todo parece indicar que Yacatecuhtli, importancia negocio de alimentos naturales sobre la calle Allende, vivirá muchos años más con su importancia y aportación, ya que cada vez la clientela es más numerosa y asidua, enamorada de una bebida que conquistó nuestro paladar y llegó para quedarse.