Fueron obras de arte de 1882 que quedaron para la historia
Eran los últimos años de aquel Siglo XIX, el primero en que existió Manzanillo, cuando se trazaban sus primeras callecitas de tierra o arena, con poca elevación sobre el nivel del mar, cuando una persona proveniente de la capital del estado, con 57 años de edad, arribó a nuestro puerto, con un elemento nuevo, que pocas veces se había visto por aquí, como lo era una cámara fotográfica. Se trataba de un objeto caro y difícil de conseguir que, por lo mismo, muy pocas personas tenían aún.
En las épocas anteriores a éste, también llamado el Siglo de las Luces, que se encontraba en sus últimos estertores, los pintores en su gran mayoría hacían retratos para inmortalizar a los grandes personajes para que quedaran para la historia y así fueran conocidos. Así mismo paisajes pictóricos de ciudades y lugares diversos, las cuales hacían las veces de las actuales postales fotográficas.
AQUELLAS PRIMERAS CÁMARAS, HOY OBJETOS DE MUSEO
Finalmente, la cámara fotográfica llegó. La primera fotografía se dio en 1826 con el francés José Nicéforo Niepce. A partir de 1839 existieron los daguerrotipos y llegaron las primeras cámaras fotográficas, que eran estorbosas, pesadas y difíciles de usar. Fue hasta 1888 cuando George Eastman creó para Kodak una nueva cámara con rollo fotográfico. Poco a poco se fue avanzando hasta las cámaras portátiles, modernas e incluso instantáneas que todos conocemos ahora.
Pero en aquel lejano año de 1882, cuando Manzanillo tenía apenas cincuenta y siete años de existencia, cuando había muy poquísimas fotografías tomadas sobre nuestra porteña población -que no ciudad-, la mayoría a cargo de visitantes norteamericanos, alemanes o visitantes mexicanos de privilegiada posición económica como para poseer un dispositivo fotográfico. Para el entonces, había que instalar con un tripié el aparato que captaba la luz, para lo que había que buscar la adecuada luz solar para tomar una instantánea correcta.
TRAYECTORIA POLÍTICA EN EL BANDO CONSERVADOR
Francisco Gómez Palencia nació el 6 de junio de 1825 en la ciudad de Colima, capital del estado. Cuando vino al mundo, era la época en que se abrió al asentamiento humano la población de Manzanillo en la primera sección de la bahía con este mismo nombre, luego que se habían encontrado las primeras fuentes naturales de agua potable. La familia Gómez Palencia era una familia de clase económica destacada, donde eran muy activos en la política de la entidad.
Ya en 1859 se designó como gobernador colimense a Urbano Gómez, político del bando conservador. Por el entonces, mientras tenían un enfrentamiento enconado los conservadores y liberales, en el cabildo de la capital se desempeñaba como regidor Francisco Gómez Palencia, cuando el Ayuntamiento de Colima respaldó al gobernador a quien se acusa de represivo, y de querer anexar la entidad al vecino estado de Jalisco.

En 1882 Manzanillo era un puertecito con 57 años de vida.
Por el entonces, Manzanillo tenía treinta y cuatro años solamente de existir, siendo muy chico y con poca importancia, siendo su única actividad relevante la portuaria, donde en ocasiones tenía la categoría de altura y luego cabotaje. Por su actividad política, propia y de su familia, Gómez Palencia conocía ya Manzanillo, y conforme fue conociendo aquel nuevo dispositivo que era la cámara fotográfica, se fue aficionando a su uso, que era todo un arte que no dominaba cualquiera, simplemente por el hecho de que no cualquiera podía disponer de alguna.
En los primeros años de su carrera política Francisco se desempeñó como Secretario General del Gobierno del Estado en tres ocasiones diferentes durante nueve años, es decir, tres administraciones seguidas, mientras su hermano -quien también militaba destacadamente en las lides políticas por el bando conservador, a quien su familia pertenecía como familia distinguida y acomoda económica en la sociedad estatal de aquellos tiempos- Plácido Gómez Palencia, resultó electo como el segundo alcalde porteño, tan solo después de Don Ponciano Ruiz.
En 1860, Francisco fue electo diputado propietario para la segunda legislatura, para el período que duró hasta 1863, la cual, por cierto, fue apenas la segunda legislatura estatal colimense. Por entonces tenía solamente treinta y cuatro años.
EJERCIENDO SU PASIÓN EN EL NACIENTE PUERTO DE MANZANILLO
Estuvo en el cargo entre los años 1873 a 1874, época en que Francisco visitó el puerto en repetidas ocasiones, y hasta vivió por temporadas en aquella población, que por entonces empezaba a desarrollarse, recibiendo cargas de diferentes puertos del mundo, incluidos algunos europeos. Para entonces, Manzanillo tenía solamente cuarenta y ocho años de haber nacido.
A partir de entonces, la fotografía se convierte en la pasión de Gómez Palencia, que va dejando de lado poco a poco la política y encuentra en el naciente Manzanillo un motivo para ejercer su afición, por lo que, luego de dominar el naciente arte para la octavo década de aquel siglo, en el año de 1882 se traslada a Manzanillo para ejercer la fotografía con libertad y tesón, recorriendo sus cerros, playas, sus pequeños callecitas, sus edificaciones de madera y sitios públicos, siempre con interés, trasmitiendo a quien veía su trabajo el asombro y pasión puesto por Francisco Gómez.
También alternó su profesión o afición por la fotografía por trabajos en la política en Manzanillo donde vivió un buen tiempo, y luego el tiempo fue haciendo olvidar injustamente su nombre y su obra, pero él fue el primero que sistemáticamente se dedicó a captar la esencia, sabor y belleza natural del viejo puerto de Manzanillo, en aquellas últimas décadas del ya lejano del siglo XIX.