José Luis Moreno Pelayo, un gran empresario y filántropo porteño,


*Dirigió el Asilo de Ancianos, Cruz Roja, Rotarios e hizo labor entre damnificados del Ciclón del 59

*Recibió múltiples reconocimientos como empresario, al mérito civil y fue nombrado visitante distinguido por varias ciudades

*Fue el administrador del Hotel Colonial, comercializó coquito de aceite y fue exitoso agricultor y ganadero

Manzanillo ha tenido grandes personajes y ciudades a lo largo de su devenir como población desde el Siglo XIX, los cuales en su mayoría son recordados hasta la fecha, por su labor destacada en varios campos, como fue el caso del presente personaje, Don José Luis Moreno Pelayo, un gran comerciante y  filántropo, que además, tuvo el honor de ser hijo de otro gran porteño, aunque nacido en Jalisco, como fue el caso de Don Francisco Moreno Hurtado.

José Luis Moreno nació en Manzanillo, Colima, el 19 de mayo de 1926, siendo hijo de Don Pancho Moreno, quien era originario de Autlán de la Grana, quien antes de venir a Manzanillo había sido presidente municipal en Cihuatlán, Jalisco y de Amada Pelaya Domínguez, nacida en Villa Purificación, Jalisco. Fue hermano de las también nacidas en Manzanillo, Estela y Teresa Imelda Pelayo Moreno.

HIJO DE UN COMERCIANTE VISIONARIO

Precisamente en ese año, 1926, su padre llegó a vivir a Manzanillo, tras tener una fuerte experiencia un año antes en Cihuatlán, cuando siendo alcalde fue secuestrado y rescatado por la población que lo quería mucho. A raíz de ese penoso incidente fue que la familia se trasladó a nuestro puerto, desde donde exportaban diversos productos del campo a otras partes del país y los Estados Unidos.

En 1935, cuando José Luis contaba con 9 años apenas, fue cuando su padre construyó el Edificio Moreno, primer gran edificio moderno de la ciudad, levantándose en el predio en donde estuvo anteriormente la Casa del Timbre, sobre la calle Obispo Vargas, y un año después se terminó de levantar el Edificio Guadalajara, así como se hizo la construcción del Hotel Colonial. Tras de algunos años en que la familia completa se trasladó a vivir a la ciudad de Guadalajara, regresaron a Manzanillo, para permanecer por siempre ahí.

SIGUIENDO EL EJEMPLO INCULCADO

Toda la visión empresarial de su padre fue absorbida desde temprana edad por José Luis, quien desde que pudo hacerlo, se empezó a interesar en los negocios familiares, por lo que pronto intervino en ellos, demostrando tal capacidad, que pronto pasó a administrarlos, incluyendo la administración del hotel y restaurante El Colonial. Todo esto le permitió adquirir gran experiencia.

Pronto, sintió una fuerte vocación de, así como su padre, las actividades relacionadas con el campo, a pesar de haber nacido ya en Manzanillo y en la zona jalisciense con alta vocación campesina de donde provenían sus antepasados. Se dedicó por tanto a la ganadería y a la agricultura, y comercializó coquito de aceite y ajonjolí con gran éxito, así como diversos frutos, granos y semillas. Además de esto, incursionó en otros campos, y tuvo varios barcos para la pesca tiburonera, aprovechando el boom de esta exportación hacia los Estados Unidos durante la época de la Segunda Guerra Mundial.

RECOGIENDO EL TESTIGO

Cuando su padre murió, él ya tenía varios años de administrar todos sus asuntos y empresas, entre los que incluso se contó también una agencia aduanal. A pesar de ser el heredero universal de los edificios construidos por su padre en el primer cuadro de la ciudad, él le dio el edificio Guadalajara a su mamá.

Las edificaciones de su abuelo se vendieron, incluyendo al hotel, conservando el Edificio Moreno. Su actividad incesante y exitosa en el mundo de los negocios pronto fue reconocida por sí misma, pues su padre ya no estaba, pero él continuaba con igual o incluso, en algunos casos, con mayor éxito.

Un gran legado el que han dejado los Moreno en Manzanillo.

Su vocación e interés nunca fue la de ser funcionario público en ninguna administración estatal o municipal o incursionar en la política, a pesar de ser muy aceptado y querido por la población. Tal vez, reflexionan sus hijos, sí se hubiera decidido hacerlo, hubiera podido llegar muy lejos. Sin embargo, consideró que era mejor ayudar a la gente, sin buscar algún interés particular, que querer mermar de los puestos públicos para provecho personal, como otros muchos sí hicieron.

ALTRUISMO SIN REFLECTORES

Pero en cambio, aparte de ser comerciante destacado tuvo un filón de su personalidad que nunca promocionó ni publicitó, que fue el de ser un gran filántropo. En este campo, habría que destacar que durante diez años fue el presidente del Asilo de Ancianos. Fue tan bueno el papel que desempeñó ahí, que esto le permitió continuar por tantos años al frente. También estuvo por varios años al frente de la Cruz Roja y participó de manera muy destacada en el Club Rotario, actividades estas y otras a título personal en beneficio de los manzanillenses.

Por estas acciones fue que en muchas ocasiones se le ofrecieron diversos reconocimientos, tanto localmente como en la capital del estado, los cuales, en su gran mayoría no aceptó, excepto algunos cuantos. Se caracterizaba por ser una persona muy trabajadora, y decía siempre que le hacían falta horas al día para hacer todo lo que se proponía, pero en los momentos que le sobraban, se dedicaba a ayudar a cuantas personas podía.

UNA LABOR RECONOCIDA

Entre los premios que sí aceptó y por los que recibió diplomas y reconocimientos estuvo el del Mérito Civil el 27 de octubre de 1960, un año exacto después del azote a nuestra ciudad del Ciclón del Pacífico de 1959, conocido entre extraoficialmente por los porteños como “Linda”, el cual luce hasta la fecha en la pared de lo que fuera su oficina en el Edificio Moreno.

También recibió un reconocimiento que su familia conserva de parte del asilo de ancianos de La Paz, Baja California Sur, en su reconocimiento a su labor al frente de su similar en Manzanillo, cuando tenía ocho años en el cargo, puesto directivo que conservó todavía por dos años más. En el año de 1991, la cámara de comercio de Manzanillo le otorgó un reconocimiento especial por el día del empresario por su destacada labor en este ramo.

También algunas ciudades del país lo distinguieron como visitante distinguido, como es el caso de Veracruz, capital del estado del mismo nombre, documento que sus hijos conservan con satisfacción.

Digno hijo de Don Francisco Moreno Hurtado, quien a pesar nativo del vecino estado de Jalisco, tras avecindarse en nuestra ciudad, fue uno de los grandes manzanillenses del siglo pasado, dejando una honda huella que se recuerda hasta nuestros días, igual que la de su hijo José Luis, quien murió, hace siete años, el 18 de diciembre de 2014.