Hace 100 años llegó el cine a Manzanillo


Metropolitan Cinema Tour proyectó primeras películas en un vagón de ferrocarril acondicionado, en el Barrio de La Chancla

Si tomamos en cuenta que el cine como espectáculo popular, una vez pasado su etapa de invención, experimentación y perfeccionamiento, empezó en el año de 1895, un 28 de diciembre allá en el Siglo XIX, es interesante el saber que el también llamado séptimo arte llegara a nuestro puerto de Manzanillo, entonces todavía una pequeña población, tan solo 26 años después. Estamos hablando de muy corto tiempo.

PROYECCIÓN SIN COMODIDADES

Claro que no estamos hablando de que Manzanillo ya tuviera para el entonces salas de cine permanentes, con un proyector, pantallas y butacas para pasar documentales silentes y en blanco y negro de manera diaria, o por lo menos los fines de semana, pero hay que tomar en cuenta que tampoco por el entonces las grandes ciudades mexicanas y de muchas partes del mundo las tenían aún.

Pues fue en el año de 1921 cuando llegó a Manzanillo el espectáculo de un cine ambulante, como era el Cinema Metropolitan Cinematour. Desde las primeras exhibiciones en una fábrica en París, la capital francesa, por los padres del cine, los hermanos Lumiere, el espectáculo de la pantalla de plata había ido recorriendo el mundo hasta llegar a nuestro lejano puerto colimense, causando conmoción entre sus habitantes, que querían con ansias presenciar aquellas proyecciones a las que hoy, ya acostumbrados de sobra a las películas modernas, con sonido, colores y efectos especiales de imagen y audio de alta calidad, no les hallaríamos tanto interés.

Aunque hay que decir que desde 1902, el llamado Mago del Cine, Georges Melies, ya había hecho las primeras películas de ciencia ficción, sobre guiones basados en las historias de Julio Verne.

SÉPTIMO ARTE EN EL BARRIO DE LA CHANCLA

El Metropolitan Cinematour fue un cine itinerante que estaba montado en vagones de ferrocarril. Exhibía filmes estilo documental de viajes por el mundo. Ya antes había tenido un gran éxito en Guadalajara, Jalisco. Así como se instaló en nuestro Manzanillo, en un vagón de ferrocarril arreglado con todas las comodidades, aquella primera sala que proyectó películas, despertando interés por este nuevo arte.

El lugar que se escogió en Manzanillo para la instalación de la sala de proyecciones, con todos los permisos de ley en regla, fue en el llamado Barrio de La Chancla, en los predios baldíos y arenosos que estaban en la acera de la calle Juárez frente a la bahía, cerca de la casimba conocida como Pozo de Agua 5 de Mayo, y la bodega de bogas, sitio donde después se construyó el Edificio Federal, y actualmente es un estacionamiento particular, frente al edificio de la CROM en la acera opuesta de la calle Juárez.

Ahí fue donde por primera vez hace cien años se proyectó cine por primera vez en Manzanillo.

LLEGANDO PARA QUEDARSE

Seguramente inspirado por el éxito notorio de esta exhibición y con su visión para los negocios, fue que en el año de 1925 Don Justo García Mier fundó el Cine Teatro Reforma sobre la calle Madero. Esta sala de cine en 1945 cambió de nombre, a Cine y Arena de Box María Isabel, ahora administrado por Don Herminio Barreda Mora, estando ubicado junto a los locales de venta de comida del Mercado Los Agachados.

También Manzanillo fue elegido para la filmación de algunas de las primeras películas que se rodaron, como la que inició el 15 de enero de 1938, dirigida por Carlos Véjar, Jr., intitulada “Hombres del mar”, cuyos actores principales fueron Jorge Vélez, María Luisa Zea y el célebre comediante Armando Soto La Marina, mejor conocido como “El Chicote”.

Hay que decir que Manzanillo tuvo el honor que aquí se hiciera la primera película bajo el sistema Eastman Color, hace 70 años, siendo una súper producción hollywoodense, por United Artists, dirigida por Luis Buñuel, la cual Robinson Crusoe, basada en el clásico de la literatura universal de Daniel Defoe. La filmación estuvo hecha en el área de la playa de Salagua, entonces casi virgen, por lo que podía pasar perfectamente por ser una isla desierta del Caribe, como se pretendía en la cinta. Los actores principales de la cinta fueron Dan O’Herlihy y Jaime Fernández, con música de Anthony Collins y la impresionante fotografía de Alex Phillips.

LA ÉPOCA DE ORO DE LOS TRES CINES DEL CENTRO

Uno de los cines más populares del viejo Manzanillo fue el Juárez, que estaba dando función cuando golpeó a Manzanillo el Ciclón del 27 de octubre de 1959, estando ahí dentro muchos manzanillenses que no pensaban que fuera de peligro la cercanía del meteoro, pues se había difundido de boca en boca la información de que ese ciclón ya había pasado. Desde ese momento, este cine quedó destrozado e inservible.

Durante los años setenta, ochenta y noventa, Manzanillo tuvo muchos cines funcionando al mismo tiempo y con mucho público, en lo que podríamos llamar una época de oro de la proyección de películas en nuestra ciudad.

El Cine Bahía era el cine de lujo, el más fino y elegante. El de los grandes estrenos para las películas extranjeras. En el corazón de la ciudad, o como hoy se le llama, el Centro Histórico, frente al jardín principal, el Álvaro Obregón y a menos de media cuadra de la presidencia municipal. Sus butacas y cortinajes siempre estaban impecablemente limpios y cuidados.

Se diferenciaba en mucho de los otros cines en su limpieza y comodidad. Los novios preferían desde luego la oscuridad de las graderías en el palco hasta atrás, más oscuro y solo, donde dar rienda suelta a su romance. También junto al cuarto del proyector, mejor conocido como “cácaro”, se acomodaban los chamacos de secundaria o preparatoria para hacer relajo en grupo, gritar y aventar cosas. La gente mayor y las parejas preferían la parte baja.

Una vez al año se presentaba una semana en que se proyectaban películas de misterio y terror, siendo un ciclo muy buscado por los amantes del cine. La función más concurrida del año, en que se formaban colas espectaculares a veces de más de una cuadra, era la de los enamorados el 14 de febrero, que muchas veces, por cierto, corrió a cargo de mi amigo y colaborador de El Noticiero Manzanillo ya fallecido, Tacho Muñoz, quien alquilaba el cine de todo a todo, presentando la película “Pide al tiempo que vuelva”, estelarizada por Christopher Reeve, actor que años después se hiciera muy popular por su interpretación de Superman. A pesar de que este cine se caracterizaba por no pasar películas mexicanas, una excepción honrosa fue una de las últimas películas del Gran Mimo Mexicano “Cantinflas”, sobre “El patrullero 777”, en que la sala se abarrotó.

La cafetería y los baños estaban en el mismo tenor que el resto de las instalaciones. Impecables. Y qué decir de la iluminación que era de primera. Aquella gran cafetería era ovalada, atendida por todos sus lados por empleados. Por su forma y estar llena de luces, parecía que se tratara de un OVNI. Lo que más pedía la gente eran las copas de nieve con chocolate, vainilla y fresa. A pesar de que este cine tenía mucho éxito toda la semana en sus dos funciones con permanencia voluntaria, proyectándose en cada una dos películas; no tenían el mismo éxito en las matinés. Hoy el Cine Bahía es la tienda departamental Waldo’s.

El Cine Puerto por la calle Pedro Núñez era el de la clase media. Ahí pasaban un mayor porcentaje de películas extranjeras que nacionales. Recordemos que en esa época el cine nacional era conocido por ser de mala calidad, hecho no alejado de la verdad, pues era la época de las cintas de ficheras. En este cine pasaban buenas películas, pero no eran estrenos.

Recuerdo que algunos de los más grandes llenos que tuvo este cine fue por la presentación de la cinta clásica “Lo que el viento se llevó”, protagonizada por Clark Gable y Vivien Leight, que, a pesar de ser una película vieja ya para aquella época, tuvo un arrastre increíble. Eso nos habla de cómo era aquella época y como es la de ahora. Ahora la gente sólo quiere ver estrenos. No se interesa por ver una buena película si es antigua. Pues cuando pasaron esta película a finales de los años 70, ya hacía casi 40 años que se había estrenado “Lo que el viento se llevó”, que es del año 1939.

Este cine tenía instalaciones muy bonitas, aunque no con la limpieza y la calidad del mobiliario del Bahía. Estaba un poco descuidado. La zona de los sanitarios estaba en un segundo piso, por donde también entraba a su cuarto el proyector. En esa escalera hubo algunos accidentes, ya que a veces había agua en los escalones y la gente se resbalaba. La cafetería destacaba por sus palomitas y por sus sándwiches y hotdogs.

El cine Manzanillo, el más grande de todos, era el popular, el de la clase media-baja y baja, hay que decirlo. Era el más sucio y descuidado. El 90% de las películas que presentaban eran mexicanas, destacando las de ficheras, con comediantes mal hablados como Carmen Salinas, Alfonso Zayas, El Comanche, El Mimo, Borolas, El Caballo, César Bono, Polo Polo, Rafael Inclán, etc.

Pero las más taquilleras, en que se acababan los lugares y todavía quedaba gente esperando por un boleto, de modo que había revendedores, eran las de Vicente Fernández. “El arracadas”, “La ley del monte”, “Tacos al pastor”, “Uno y medio contra el mundo”, etc. Un poco más abajo las de caballos y la revolución, con personajes históricos, en las que producía y actuaba Don Antonio Aguilar, al lado de su esposa Flor Silvestre.

Un caso muy especial de imán taquillero inexplicable fue Cornelio Reyna. Salía de galán sin serlo, de baja estatura, habla corta y rasgos indígenas, no era el prototipo del protagonista de una película; pero sin embargo cumplía con ese papel y la gente llenaba el cine para verlo actuar. La verdad es que no me gustaba su papel de siempre, deprimido, derrotado y pasando de mojado a los Estados Unidos para trabajar de empleado ilegal de los americanos, en el clásico papel que siempre se les da a los mexicanos en el otro lado. Pero a la gente le gustaba. Otro caso de furor taquillero fue Pedrito Fernández.

Este era el cine de las matinés. Los niños abarrotaban cada semana el Manzanillo para ver las películas de Luchadores Mexicanos, como El Santo, Blue Demon, Huracán Ramírez, Mil Máscaras, El Médico Asesino, Neutrón, Tinieblas y Alushe, El Rayo de Jalisco y Super Zan, entre otros, contra Vampiros, Muertos Vivientes, Momias, Zombies, La Llorona, Científicos Locos, Brujas y Extraterrestres. También estaban las de Chanoc, Pepito y Chabelo. Aquellas de Germán Robles como el Vampiro Nostradamus, las Aventuras de Gastón Santos, El Zorro, Chucho El Roto, Viruta y Capulina, Clavillazo, Resortes, Manolín y Shilinsky, Piporro y Tin Tán. Jorge Rivero haciéndola de investigador contra bandas criminales, Tere y Lorena Velázquez como vampiras, extraterrestres o luchadoras. En este cine siempre hubo reventa.

Las funciones de los cines de Manzanillo siempre eran dobles, a las 4, a las 6 y a las 8 aproximadamente. El cine Bahía pasaba funciones de medianoche. Una parte importante dentro del programa era ver los documentales antes de empezar las películas, en que se veían los avances de la ingeniería y las obras del gobierno federal, maravillas naturales y la actualidad y cultura de México y el mundo.

Una tradición de los niños manzanillenses era subirse al estrado frente a la pantalla en el intermedio para ponerse a jugar. Mientras se escuchaba una música de fondo y pasaban comerciales de negocios locales en una luz tenue. Era el tiempo de aprovechar para ir al baño o a la cafetería. Otros se ponían a ver la sección de carteleras para ver que películas se pasarían en ese cine en los próximos días. Si la película era de luchadores en el Manzanillo, entonces los niños subían al estrado a jugar luchitas. La gente siempre salía antes de que acabaran los créditos finales. Por cierto que los cines también eran usados para eventos escolares, y presentaciones de magos e hipnotistas.

Han pasado 100 años desde que el cine llegó a Manzanillo por primera vez y el interés en el séptimo arte no ha cesado entre los porteños, como si entrarán a un vagón de ferrocarril acondicionado, con ventiladores colgando del techo y gruesas cortinas, con un proyector en el pasillo central, como en aquel Metropolitan Cinema Tour de la segunda década del siglo pasado.