Rectificar


En política es de sabios rectificar. En ocasiones quien ostenta un cargo de elección popular cree que goza de la verdad eterna y absoluta, completamente libre de cuestionamientos. Es un vicio que se ha enquistado en el político mexicano a lo largo de las décadas haciendo ver a este como un ser supremo e infalible. Afortunadamente, los tiempos han ido cambiando. Con mayor frecuencia vemos a nuestros gobernantes bajarse del peldaño que por muchos años los hacía inalcanzables para la ciudadanía; pues vaya ironía, quienes representaban al pueblo no podían ser abordados por el pueblo. Ahora, la manera de hacer política está cambiando. Despacio, pero sin descanso.

Un claro ejemplo lo vivimos en días pasados, cuando la gobernadora Indira Vizcaíno puso marcha atrás al aumento de sueldos del personal de primer nivel en gobierno del estado. Hubo un claro reconocimiento acerca del apresuramiento en esta decisión y se rectificó. Hay que tener una vasta madurez política para tomar una decisión de tal magnitud, pues significa reconocer públicamente una equivocación. Sin duda, la gobernadora dejó en claro que el costo político pasa a segundo plano, pues lo principal es la congruencia con los principios que su gobierno abandera. La sensatez de esta decisión viene de maravilla para la construcción de confianza con la ciudadanía, pues estoy seguro que los colimenses prefieren un gobernante que sepa modificar el rumbo y dar un golpe de timón cuando es necesario. Esta vez lo fue y se realizó de manera acertada. Hoy se escuchó el clamor popular que pedía empatía con su día a día.

Como era de esperarse, dicha decisión fue cuestionada por una oposición que parece no estar satisfecha con absolutamente nada. Las máscaras deben quedar de lado muy pronto, pues se confunde a la ciudadanía. Hay representantes populares que lo único que buscan (y tal vez para lo único que les da su capacidad) es desestabilizar políticamente al estado. ¿Cuál es su estrategia? Golpear, golpear y seguir golpeando. No sé si así crean que se convence al electorado y de ser así, creo que están siendo mal asesorados. Debemos recordar que las luchas democráticas de origen se dieron en las plazas públicas y en las plataformas electorales, mismas que convencían al ciudadano. Si la agenda opositora versa sobre lo que hace mal el gobierno, entonces no hay agenda.

Vienen pues, tiempos de confrontación política intensa. La agenda de la oposición debe también rectificar, pero hacia un enfoque de causas y no de crítica como única vía para llamar la atención. Mientras tanto, es apremiante saber que los tiempos inmaculados van desapareciendo. Ahora se reconocen los errores y se da marcha atrás si así es necesario. Acciones de tal sensibilidad merecen pleno reconocimiento.