Inició en un carretón de madera
En el año de 1972, Pedro de la Rosa de la Cruz, un señor de cuarenta y siete años de edad, con un sazón peculiar muy reconocida para la preparación de la birria, platillo tradicional de la región occidente de nuestro país, empezó a vender en un carretón de madera que tenía, confiando en que lograría posicionar su platillo entre los manzanillenses. Nadie auguraba que aquel sueño, cincuenta años después continúa vigente y en boga.
UNA AVENIDA DE CRECIENTE IMPORTANCIA
Escogió como su centro de operaciones una de las principales calles de la ciudad, que es la calle Hidalgo, por entonces aún más concurrida que ahora, ya que desde un año antes se había construido e inaugurada al final de esta vialidad la Central Camionera de Manzanillo, y era una la entrada y salida de nuestra ciudad y puerto. En ese aspecto, Don Pedro mostró una gran visión para el negocio de la venta de comida callejera.
Su excelente preparación, llena de condimentos y sabores, hizo que pronto cautivara a mucha clientela, y las ventas empezaron a subir. Todos los días se ponía y quitaba el cada vez más aclientada carretón de Don Pedro. El señor de la Rosa de la Cruz tenía un lema que hizo popular, por original y simpático: “Qué Dios te dé más, para que Pedro tenga más”. La gente se reía al escucharlo, pero igual le acababa comprando.
UNA VIDA JUNTO A LAS VÍAS DEL TREN
Con el tiempo, instaló un puesto fijo a poca distancia de la mencionada calle Hidalgo, sobre la calle J. Jesús Alcaraz, mejor conocida como El Tajo y a un costado de las vías, por donde todavía en aquellos años y hasta hace muy poco, circulaba el tren con destino o en salida del Puerto Interior.
Todo estaba muy bien, hasta que el tren pitaba fuertemente para avisar a los vehículos que transitaban por la avenida Hidalgo sobre su paso; era un ruido potente y penetrante, que hacía que los comensales de la birria se taparon los oídos, pero, aun así, prevalecían las ganas de probar el suculento platillo, y no solo se quedaban, sino que volvían una y otra vez.
Hasta los maquinistas en ocasiones llegaban por aquellos rieles y durmientes hasta un ladito del puesto de Don Pedro, para pedirle sus tacos y su plato de aquella apetitosa birria. Hoy, sin embargo, esas vías ya desaparecieron, y solo los recuerdos, nada agradables, quedan de su paso por El Tajo. Mientras que la gente rememora con nostalgia al tren pasajero, del carguero que pasaba por El Tajo, casi nadie se acuerda con cariño.
LORENA, EL RELEVO DE DON PEDRO
Igual los taxistas no dudaban en hacer un alto momentáneo en sus rutas de servicio de pasaje para degustar esa birria. Poco después de las dos de la tarde, ya no quedaba nada de la gran olla del sabroso guisado rojo.
En el año 2007, cuando ya Don Pedro tenía ochenta y dos años, por motivos de su avanzada edad, dejó su legado de toda una vida a su hija Lorena de la Rosa la administración de su ya famoso puesto de birria. Ella ya le ayudaba desde antes, así que conocía bien la marcha de la birriería, y también los clientes la conocían muy bien.
El sazón siguió siendo el mismo, pues su vástago conoce a la perfección la recta que seguía el padre, además de haber heredado su don para elaborar este platillo tan buscado por los habitantes del Centro Histórico, en especial quienes viven en El Tajo, los Sectores 5 y 6, El Túnel y la Colonia Libertad. Todos los que viven por esta zona, y en el Centro Histórico en general, conocen las bondades culinarias de un puesto tan emblemático como el de la Birriería de Don Pedro.
Don Pedro murió el 6 de octubre del año pasado a los 97 años de edad, pero su puesto sigue, vendiendo mucho su birria como en sus mejores tiempos, en el mismo puesto metálico blanco sobre El Tajo, aunque ahora ya los rieles ferroviarios no corran a su lado, como antaño.