Símbolo de vocación que da identidad y origen a principal puerto mexicano
Hoy Manzanillo está de fiesta al cumplirse el aniversario 197 de la existencia de su Aduana Marítima, símbolo de su principal vocación y razón de ser, ya que, antes de ser pesqueros o turísticos, nuestro asentamiento desde su mismo origen es portuario.
Fue el 15 de noviembre de 1825 que se hizo la construcción de la Aduana Marítima de Manzanillo por obra de J. Jesús Ochoa, en el terreno que desmontó el regidor colimense Francisco Anguiano, en el trabajo para el que fue comisionado por el gobierno del estado. Esta primera aduana en la historia de nuestra terminal portuaria estuvo situada entre las calles que hoy se llaman Francisco I. Madero y México, por entonces la Calle Principal o de la Laguna. Esta primera aduana que tuvo Manzanillo consistía en dos jacalones.
Para ponernos en antecedentes, hay que saber que el 7 de octubre de ese mismo año, el Gobierno General de la República trasladó el Puerto de Salagua a Manzanillo, y el Congreso de la Unión habilitó a Manzanillo como Puerto de Cabotaje, y el 21 de octubre el Congreso de la Unión expidió el decreto que abrió el Puerto de Manzanillo al servicio de Cabotaje y Altura, siendo Presidente de la República Guadalupe Victoria, primer presidente electo de México, héroe de la independencia nacional. Tras esto fue que el 15 de noviembre se pudo contar por fin que la anhelada aduana.
Ese mismo año de 1825 se comisionó como encargado del resguardo marítimo del Puerto de Manzanillo a Juan Francisco León, y Liberato Maldonado fue designado como administrador de rentas unidas de Colima y receptor de la Aduana Marítima de Manzanillo. Al año siguiente, 1826, para el mes de abril, entró en vigor el decreto que oficialmente le concedió a Manzanillo la categoría de Puerto de Altura. A partir de ahí empezó la larga y floreciente historia de Manzanillo como un exitoso puerto mexicano del litoral del Pacífico occidental.
Para el año de 1854, es decir, ocho años después, el 19 de mayo, se consideró a la ciudad de Colima, capital de la entidad, como Puerto de Mar para el cobro de todo movimiento comercial marítimo, porque los agentes y el administrador de la aduana se negaban a vivir en Manzanillo debido a los estragos causados por la epidemia de cólera. Fue así que Colima se considera como puerto marítimo para efectos de recaudación y observancia de las reglas correspondientes al comercio marítimo.

La vocación primaria de Manzanillo es la actividad portuaria y por eso la aduana es uno de sus elemento preponderantes.
El 31 de julio de 1857 Ricardo Palacios fue nombrado administrador de la Aduana Marítima de Manzanillo, quién había venido a Colima como secretario de Ignacio Comonfort. Era al mismo tiempo agente del Ministerio Público y Fomento Económico de la ciudad de Colima. Al año siguiente, el 6 de enero el administrador de la aduana de Manzanillo, Ricardo Palacios, se convierte en gobernador del estado, con lo que se puede ver la importancia que este puerto revestía.
Para diciembre de 1864 el Gobernador Republicano del Estado, Gral. Julio García, en el marco de la Guerra de Reforma, llega de manera imprevista al puerto, y encuentra a un barco extranjero cargado de efectos extranjeros, al que le cobra los derechos aduanales, que servirán de gran ayuda para el bando republicano. El 9 de enero de 1867 un incendio en el Puerto de Manzanillo a las 10 de la noche causó la destrucción de dos manzanas, una de ellas donde se encontraba la Aduana, habiéndose dañado el faro que se iba a instalar en Ventanas, que se encontraba empacado en la playa.
El primero de diciembre de 1871, Benito Juárez, como Presidente de la República, ordenó el retorno de la Aduana Marítima al Puerto de Manzanillo. Y el 27 de julio de 1872, un fuerte ciclón azotó la costa, causando daños en las casas de madera en los cerros y en la playa, especialmente en la Aduana Marítima, la Capitanía de Puerto y las casas de los Oetling, Stoll, Ponciano Ruiz y J. H. Dickan, agentes aduanales y empresarios asentados en Manzanillo.
El primero de octubre de 1880, el Gral. Pedro A. Galván fue nombrado administrador de la Aduana Marítima de Manzanillo, con lo que inicia una nueva etapa para el puerto en esa última década del Siglo XIX. El 21 de abril de 1881, se hizo una ceremonia de inauguración de los trabajos del ferrocarril de vía angosta de Manzanillo a Colima, a las 8 de la mañana en el potrero Agua Azul, en Manzanillo, la cual fue patrocinada por el Gral. Pedro Galván, administrador de la Aduana Marítima de Manzanillo, quien corrió con todos los gastos para la gran celebración y comilitona que se hizo. Para 1881, el Gral. Pedro A. Galván, Administrador de la Aduana Marítima de Manzanillo, construyó de su peculio el jardín del Puerto de Manzanillo, frente al edificio de la presidencia municipal, el primero que tuvo la población.
El 4 de septiembre de 1882, la locomotora Santa Cruz recorrió los primeros 8.5 kilómetros de vía angosta procedente de Manzanillo hasta llegar a El Tepalcate, con el administrador de la Aduana Marítima, Gral. Pedro A. Galván, a bordo. El 19 de octubre de 1886, siendo las 6 de la tarde, entró de lleno a Manzanillo un fuerte ciclón, tanto que el mar llegaba hasta el jardín Galván, la Aduana Marítima, las bodegas del Puerto, y corriendo por la calle de La Laguna, llegaban hasta el vaso lacustre.
Ya en el Siglo XX, en abril de 1937, terminó la construcción del Edificio Federal de Manzanillo, donde se instalaron la Aduana Marítima, Correos, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, la Agencia del Ministerio Público Federal, la Administración Regional de la Oficialía Mayor de Occidente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y los Almacenes de la Aduana Marítima. El 23 de junio de 1939, trabajadores de la Aduana y del Ferrocarril en Manzanillo se ponen en huelga por habérseles rebajado sus salarios.
Así, ha seguido creciendo la historia de la aduana junto con el crecimiento portuario que se ha experimentado, sobre todo a partir de los setentas con la habilitación del puerto interior en San Pedrito, el cual luego se ha ido alargando hacia el área de Las Brisas, y actualmente ya hay un incipiente puerto en la laguna de Cuyutlán, entre Manzanillo y Campos. El trabajo aduanal está en su madurez y consolidación, siempre floreciente, como Manzanillo, ahora una ciudad y un municipio, siempre ligado a la actividad portuaria su principal vocación.