124 años de la llegada de la familia Pirsch a Manzanillo


Primera parte

En Manzanillo tuvieron una influencia muy importante en sus primeros años de conformación los inmigrantes, la mayoría llegados de otras partes del país, pero sin duda también muchos que llegaron de otros países, como Estados Unidos, China, Japón y Alemania, como es el caso de la familia Pirsch, que arribó a estas tierras cuando la población costera de Manzanillo tenía solamente setenta y tres años de haber nacido.

UNA NUEVA VIDA AL OTRO LADO DEL OCÉANO

Wilhelm Ernst Karl Pirsch Von Ahenbach, conocido aquí como Don Ernesto Pirsch, nació en la ciudad de Heildelberg, Alemania en 1879. Poco se sabe de sus primeros años de vida en el país teutón, sólo que pertenecía a una familia de comerciantes, y que tenían una gran amistad  con la familia Stoll, y en su caso especialmente con Adolf Stoll (conocido en nuestra entidad y el puerto como Adolfo). Por esa razón, en 1898, con tan sólo diecinueve años de edad, decide atravesar el Atlántico, dejando para siempre a su familia al otro lado del Océano, en el Viejo Continente, para empezar una nueva vida en América, en México, y más concretamente en un puerto muy poco conocido en ese tiempo, Manzanillo, Colima, que a pesar de su anonimato, estaba creciendo mucho en cuanto a comercio internacional, como un puerto de altura y cabotaje.

Hacia allá había partido unos años antes el amigo Adolf, y al parecer le estaba yendo muy bien, y le ofrecía trabajo. Por ese tiempo, había muchos agentes aduaneros extranjeros asentados en el puerto, que la mayoría de las veces hacían también de encargados de los asuntos de sus países (cónsules), así como de otras naciones que no tenían connacionales que los representasen permanentemente en un puerto de altura adonde sus buques llegaban periódicamente. Adolf Stoll había trabajado muchos años en Acapulco, antes de venirse a Manzanillo con su esposa, Julia Pain. Pirsch llegó a Veracruz, principal puerto de México, adonde llegaban todos los inmigrantes- y por donde también salían desde luego todos los emigrados voluntarios o indeseables-, y luego atravesó todo el país desde un mar al otro, con la aventura de adentrarse en lo desconocido; todavía un México muy rural y atrasado en relación a su país de origen, como era a finales del siglo XIX. Sus descendientes aun recuerdan que Ernst contaba que pasó por muchos estados, viendo con atención y extrañeza las costumbres y tradiciones de cada región, como si hubiese llegado a un planeta distante.

El Manzanillo al que llegó a bordo del tren de vía angosta, servicio que se había inaugurado tan sólo diez años antes, era una ciudad anodina, perdida en la geografía de la nación, y al momento de su arribo tenía setenta y un años de haberse fundado. La llegada de Pirsch a México coincide con la época del porfiriato, época en la que el país tuvo una relativa calma después de muchas revueltas y violencia de diversos géneros. En 1884 había dejado la presidencia Manuel González, y el Gral. Porfirio Díaz retomó el control del país, en un segundo mandato, dispuesto a llevarlo al primer mundo, al progreso, trayendo muchas industrias, muchas inversiones extranjeras y expandiendo las vías ferroviarias por todo el territorio nacional. Y en efecto, empezó a prosperar lentamente, y el comercio internacional por vía marítima, la principal en ese tiempo en que aun la aviación era incipiente, cobró gran importancia, por lo que se dio impulso a Manzanillo, como uno de los mejores puertos del litoral del Pacífico, con lo que se desbancó a sus competidores tradicionales de esos años, San Blas, Nayarit, y Mazatlán, Sinaloa.

Ciudad de Heidelberg, en Alemania, cuna de las familias Stoll y Pirsch.

LAS PRIMERAS Y ESCASAS AGENCIAS ADUANALES ESTABAN EN LA PLAYA

Podrá imaginarse que, sin embargo, sólo había unas pocas casas sobre la Calle Principal (la México), así como los cerros que hoy son el Sector 1 y 2; los vigías grande y el chico. Por entonces, Manzanillo no tenía la categoría de ciudad; era solamente un pueblo, y en general, en todo el estado sólo la ciudad de Colima tenía la categoría de ciudad (no fue sino hasta 1948, que Manzanillo fue elevado a categoría de ciudad, siendo la segunda en todo la entidad con ese estatus). Las agencias navieras y aduanales se encontraban frente a la playa donde atracaban los barcos, medio enterradas en la arena, aunque en muchas ocasiones sus oficinas principales y sus encargados (alemanes, norteamericanos o franceses), se encontraban en la ciudad de Colima. Puras casas de madera de tejamanil, demasiado precarias, en tierra; sin embargo, en el mar, dentro de la bahía, enormes barcos europeos, principalmente alemanes, llenos de cosas muy valiosas destinadas al centro del país.

Había otras firmas alemanas que operaban en el puerto de Manzanillo aparte de Stoll, pero los titulares de la mayoría sólo venían de vez en cuando, pues preferían el clima más benigno de la ciudad de Colima. Era el de aquí un clima extremadamente cálido y húmedo; además había muchas alimañas; zancudos y alacranes. En la década del cincuenta del siglo antepasado, se dieron las primeras exportaciones por medio de buques mercantes desde Alemania hacia Manzanillo. Todo inició porque durante la intervención norteamericana (1847 al 48), las fragatas norteamericanas bloquearon San Blas, que era un puerto con mayor importancia comercial que Manzanillo, de modo que el barco a vela que cada año venía desde Hamburgo a San Blas, tuvo que llegar a Manzanillo, encontrando que era más fácil mandar desde aquí las mercancías a Guadalajara, a través del Camino Real de Colima.

Entre los primeros agentes comerciales que llegaron a establecerse en nuestro suelo por este motivo, estuvo Carlos Schulte. Se casó con Enriqueta Vogel, hija de Arnoldo Vogel, junto a quien atendió su tienda en la calle Madero, principal de Colima, Su nieto, Nicasio Cruz Schulte, hijo de Elsa Schulte Vogel, vendió su negocio años después al Prof. Blas Ruiz, donde construyó una enorme residencia, que el día de hoy es el Palacio Federal, al norte del Jardín Núñez. En 1867 llegó también a Colima George Martin Oldenbourg Peckmann, junto a su esposa Marie Vietsch Ouetling. Arribaron a Manzanillo por barco, procedentes de San Francisco, California, y visitando la capital colimense, decidieron abrir ahí la primera ferretería, que vendía muchas herramientas alemanas, que por entonces eran las mejores del mundo, como las famosas tijeras Arbolito y Barrilito. La Ferretería era conocida como la de Piedra o de Cruz de Piedra, en una de las esquinas del Jardín Libertad.

En 1874, el ingeniero francés Arturo L´Haribel, quien se señala que vino durante el Imperio de Maximiliano, quien era muy amigo del Gobernador Ramón R. de La Vega, compró los ranchos La Lumbre, El Parral, el Guayabal, Corrales Viejos, Los Potreros y San Antonio (todos ellos hoy Hacienda de San Antonio, que en los setentas fue comprada por el magnate boliviano Antenor Patiño), en Comala, y empezó a cultivar ahí el café Caracolillo, traído de Costa Rica por el mismo en el año de 1873, y para explotarlo se asoció a los alemanes avecindados en Colima Adolfo Kebe, Enrique Stold y Arnoldo Vogel. El puso el producto (café de altura Caracolillo), y entre todos compraron todos esos ranchos para unir sus tierras, teniendo como sede San Antonio. Llegaron a tener 35 mil plantas, y ganaron concursos mundiales de calidad cafetalera como en la Exposición del Centenario en 1876 en Estados Unidos y la de Paris, donde superó al café árabe moka. El 25 de octubre de 1875 se inauguró la Marina Mercantil de Brun Hermanos, cajón de ropa del que eran propietarios Julio y José Brun y socios Teofilo y Eduardo Pons, negocio que después cambiaría su nombre a Marina Mercante, y más recientemente sólo a La Marina. Para 1880 ya se había formada una colonia germana así como de otros inmigrantes de naciones europeas muy nutrida y poderosa en la capital del estado, en la que participaban tanto en negocios como en convivencia familias como los Vogel, Stoll, Oldenbourg, Brun, Shondube, Schmidt, Octling, Flohr, Vietsch, Schaat, Bobel, Kuhlmann, Kegel, Kolaf, Herrman, Goltz, Hinrichs, Hotz, Bohner, Meyer y otros, que se menciona que poseían en su conjunto alrededor de veinte haciendas agrícolas y quince de los comercios más fuertes, desplazando a los ricos nativos. (Cotinuará)