125 años de historia de la antigua cárcel en el Palacio Municipal


Ahora existe el Centro de Readaptación Social rumbo a Chandiablo

Por 125 años se incluyó dentro del edificio sede del gobierno municipal un espacio para funcionar como sede de la policía y comandancia, el juzgado calificador y la cárcel municipal, que era un área pequeña porque la población no era tan grande ni tampoco la delincuencia, porque el puerto era por entonces una población muy tranquila y segura, y los delitos que se presentaban generalmente eran menores.

Tanto en los edificios sedes de gobierno sobre la calle Juárez como en el que estuvo por algunos años a partir de los terremotos del 32, contemplaron dentro de su construcción un lugar para funcionar como lugar de reclusión de forma preventiva, pues cuando los delitos eran más graves y por consiguiente las penas más largas, entonces los detenidos eran mandados a recluir a la ciudad de Colima, a la prisión estatal.

PRIMERA ETAPA, 56 AÑOS, DE 1876 A 1932

Desde 1876, cuando Manzanillo tenía solamente tres años de haberse convertido en municipio, se levantó la primera presidencia municipal, denominada entonces Casa Consistorial, la cual contemplaba ya dentro de sus instalaciones una pequeña cárcel.

Igual sucedió con el segundo edificio del palacio municipal, construido durante los primeros años del Siglo XIX, en pleno porfiriato. La cárcel municipal siempre estuvo dentro de las instalaciones del palacio municipal, como parte de su aparato de gobierno y de sus responsabilidades.

En ese tiempo, los presos eran escasos y generalmente por motivos como la alteración del orden público, como riñas y disparar balazos al aire libre, todo esto al calor de las copas, pues basta echar una mirada a las antiguas fotografías de la época, para ver que, calles  como la Principal o de La Laguna (la México), y en torno al jardincito Galván, de una cuadra, tenían muchas cantinas entre sus negocios, como La Perla, una de las más afamadas en esos primeros años.

El 22 de junio de 1932, las olas del tristemente célebre maremoto, conocido popularmente como Ola Verde, derrumbó parte del edificio, que ya se encontraba cuarteado por los varios potentes terremotos que se sucedieron ese mismo mes.

Los daños en Manzanillo por esta causa fueron importantes, y el edificio del Palacio Municipal, a pesar de ser uno de los más sólidos del puerto, también se vio afectado de manera irreversible, determinándose que lo que quedó en pie quedó tan deteriorado y era tan inseguro, que tuvo que ser demolido totalmente, quedando en su lugar un espacio baldío en corazón de la ciudad, frente al jardín Galván, por entonces de una sola cuadra.

SEGUNDA ETAPA, 20 AÑOS, DE 1932 A 1952

Por esta razón, el edificio aquel, que era de una sola planta, quedó baldío y se rentó un edificio para este fin -funcionar como presidencia municipal, cuartel de policía y cárcel- sobre la calle Principal o México, a un costado de la escuela jardín de niños Hidalgo, el cual, por cierto, era de madera, como la mayoría de construcciones del antiguo Manzanillo.

Rápidamente, este lugar, por el hecho de tener en un corto perímetro tan popular escuela y la sede de los poderes municipales, con la oficina del alcalde, distintas dependencias municipales, la comandancia de policía y la cárcel, se convirtió en el nuevo corazón del desarrollo urbano de la ciudad.

Los trabajos de reconstrucción del nuevo edificio del palacio municipal entre tanto, se llevaban a cabo muy lentamente, tanto que incluso por años estuvieron totalmente parados, y fue hasta principios de los años cincuenta que por fin empezaron a acelerarse un poco.

El 13 de noviembre de 1952, al entonces alcalde Alfredo Woodward Téllez le tocó inaugurar la flamante nueva presidencia municipal en su domicilio original de Juárez 100, donde permanece hasta la fecha. En esta, se habilitó su sección noroeste, al fondo de los pisos segundo y tercero para ser comandancia policíaca y cárcel municipal, por ser las más seguras, al estar pegadas al cerro, que son las faldas del Sector 4.

Pasaron veinte años para que el edificio sede del gobierno de nuestra demarcación geográfica local pudieran regresar a su sitio original.

El edificio de madera de la alcaldía sobre la calle México también incluía un espacio para la cárcel.

TERCERA ETAPA, 49 AÑOS, DE 1952 A 2001

La rampa que actualmente utilizan los miembros del cabildo y algunos funcionarios para estacionar sus flamantes automóviles, fue originalmente la rampa para las patrullas policíacas, aparte que, desde luego, es también un acceso para las personas que viven por esa parte del Sector 4.

Ahí se encontraban, además de los separos, el juzgado calificador y las oficinas administrativas de la Dirección de Seguridad Pública (DSP). Las patrullas policíacas podían entrar hasta la sede de la DSP, en las cuales se llevaba a los detenidos en su parte trasera, esposados, para luego ser metidos a este lugar.

Dentro de la cárcel se tenía un patio central para que comieran y convivieran los internos, así como áreas de dormitorios en torno, con literas para que durmieran los presos, e incluso ahí mismo recibían las visitas de sus familiares, sin mucha privacidad por cierto.

Solamente permanecían ahí quienes purgaban penas cortas, es decir, de días, ya que cuando estas eran más prolongadas, eran entonces trasladados a la ciudad de Colima, capital del estado, así que las comodidades no existían, ni tampoco era un lugar muy salubre. Había una parte para hombres y otra para mujeres.

En ese patio central los presos pintaron sobre las paredes diversos dibujos e hicieron pinturas murales rústicas, así como plasmaron diversos mensajes, los cuales permanecieron como un recuerdo de aquellos tiempos hasta hace muy poco.

Con el crecimiento que experimentó la ciudad a partir de la década del setenta, tras la apertura del recinto portuario interior, así como la puesta en operación de la planta termoeléctrica “Manuel Álvarez” en Campos y la instalación de otras empresas industriales de diversos giros, aumentó la migración desde diversos estados del país, aumentando con ello el número de habitantes y construyéndose muchas nuevas colonias de interés social para los trabajadores, todo lo cual derivó en un aumento de la delincuencia en el municipio.

Esto hizo denotar que esa pequeña cárcel o reclusorio al interior del edificio de la Presidencia Municipal de Manzanillo era muy pequeña en cuanto a sus dimensiones y el número de reclusos que podía albergar de una manera segura.

También fue evidente que las condiciones sanitarias en que convivían los internos eran precarias, estando hacinados y experimentando sobrepoblación. Por todo lo anterior se empezó a trabajar en un nuevo centro de detención de quienes trasgredieran el orden público.

A PARTIR DEL 2001 EL CERESO DE MANZANILLO RUMBO A CHANDIABLO

Desde el 2001 funciona el Centro de Readaptación Social (Cereso) de Manzanillo, en el kilómetro 7.5 de la carretera Manzanillo a Chandiablo, el cual, como todos los de su tipo, es administrado por el Gobierno del Estado.

Es considerado un centro penitenciario de mediana-alta seguridad, el cual fue inaugurado por el Gobernador del Estado en aquel entonces, el Lic. Fernando Moreno Peña, el cual presenta mejores medidas de seguridad y vigilancia, así como controles sanitarios y trabajo en pro de la readaptación a la sociedad de los ahí reclusos.

Por su puesta en operación es que, desde esa fecha, en la cual era alcalde de Manzanillo el Lic. Rogelio Humberto Rueda Sánchez, desapareció la cárcel municipal, que hasta ese año funcionó dentro del edificio de la presidencia municipal, en la segunda planta, con un ala para hombres y otra para mujeres.

Actualmente, tras una remodelación en esa ala del edifico municipal en la parte trasera del complejo, el espacio que era aquella cárcel se transformó en modernas oficinas de dependencias municipales, borrándose todo recuerdo de aquel lugar que existió durante ciento veinticinco años, y que desapareció hace ya veintiún años, mismo tiempo que tiene de operar el CERESO que ocupo su lugar.