El jardinzote, centro de reunión porteña


Uno de los íconos de Manzanillo ha sido el jardín principal Álvaro Obregón, en donde ahora se encuentra la escultura del Pez Vela de Sebastián. Sin embargo, este lugar no siempre fue así. En la época de los ochentas era muy diferente.

Para empezar, era mucho más chico. Tenía dos cuadras de largo y una de ancho. Al centro estaba su kiosco, que hoy, por la ampliación que sufrió, quedó a un costado. En ese lugarcito de vez en cuando se presentaban algunos eventos, ya que, a diferencia de otros, en éste no se expendían alimentos ni bebidas.

Era un simple cuadro que, a decir verdad, no tenía ningún chiste; sin embargo, siempre estaba atiborrado de gente. Era el punto de reunión más importante de Manzanillo.

En esa plaza, como les conocen a estos lugares en otras partes del país, convivíamos todas las esferas sociales; así que era muy común encontrar desde la persona más pobre de la ciudad, hasta el más rico o influyente de los porteños. Así que, las pláticas podrían darse entre un comerciante y un político; entre un pescador y un estibador; un alumno con su profesor, etc.

La vegetación que tenía este jardín era abundante y colorida, ya que los jardineros siempre lo tenían muy bien arreglado, y siempre se les veía trabajando, podando y regando.

Por supuesto que en el lugar no faltaban los predicadores, que pregonaban las enseñanzas de Cristo, parados sobre una de las dos bellas fuentes que había, y tampoco estaban ausentes los neveros de garrafa, ni la señora de las palomitas, ni los globeros. Lo más curioso y bonito es que a toda hora el lugar estaba abarrotado, así fuera la una de la mañana, pues Manzanillo era entonces muy seguro. La gente iba a platicar y convivir con otros porteños por puro gusto.

Jardín Álvaro Obregón 1980.

Cabe señalar que en los ochentas Manzanillo era mucho más caluroso que hoy. Las temperaturas siempre oscilaban entre los 34 y los 37 grados. Además, contábamos con muchos mosquitos y jejenes, que, a decir verdad, no dejaban dormir; al menos, no con facilidad. Pienso que esas eran algunas de las causas por las que en la madrugada, el jardín principal aún estaba repleto de gente.

Otra costumbre dentro de esta plaza era la de alimentar a los pichones, que pululaban en la zona: así que, cuando íbamos a la plaza, casi siempre llevábamos tortillas o pan, para alimentar a las palomas. En ese tiempo, a nadie le molestaban estos animalitos, como ahora sí hacen enojar a muchos estresados y amargados.

Parte de la vida de este, por decirlo de algún modo, zócalo, estaba también en sus alrededores. Recuerdo como si fuera ayer que la calle Morelos llegaba hasta el entronque con la Carrillo Puerto y la entrada a la Armada de México. Justo en esa callecita, hoy desaparecida por la ampliación del jardín, había muchos expendios de comida, como era una cenaduría de antojitos mexicanos, varias taquerías y un puesto de carnitas durante el día. Así que, después de estar un buen rato en el jardín, todo mundo pasaba a disfrutar de una sabrosa cena, en un puesto callejero de estos.

En la entrada de la Armada, justo al final de esta calle, estaba una bella fuente con caballitos de mar, la cual hoy, aunque pervive, casi pasa desapercibida y no tiene agua ni iluminación. En donde ahora está la plaza Juárez estaba un lugar deportivo dentro del playón, donde casi todo el año había torneos de basquetbol o de voleibol, además que por la orilla del mar había muchas banquitas viendo hacia el muelle, donde los paseantes podían sentarse.

Recuerdo que en esos años había varios barcos de guerra de la Armada de México anclados ahí, y era lo que a muchos niños nos gustaba ver. Nunca olvido que le preguntaba a mi papá ¿para qué servía tal o cuál artefacto que tenían algunos barcos? Que, por cierto, muchos de ellos eran cañones. Bueno, recuerdo que por ahí llegue a ver algún perruno o gato sobre los barcos.

Después de admirar los barcos en los muelles de la armada, muchos papás nos llevaban hasta el fondo de las instalaciones de la Marina, para que disfrutáramos de los jueguitos infantiles que ahí había: Columpios, bimbalete y avioncitos. Juegos que, con algunas modificaciones, permanecen hasta hoy, gracias al cuidado y mantenimiento que les dan los elementos de la Armada de México.

Regresando al área en torno al jardín, pero ya por el lado de la calle Juárez, había ciertos lugares a los que uno, como niño, no podía faltar. Uno de estos era la dulcería “Ola Verde”, situada al otro lado del Cine Bahía que entonces ahí funcionaba.

Para una adolescente como yo, que hasta la fecha me encantan los dulces, cuanto más en esos tiempos, era un agasajo el que mis papás nos llevaran a surtirnos de toda clase de dulces de los que ahí vendían: Cocadas, borrachitos, mazapanes, palelocas, paletas de bombón con chocolate con la imagen de Chabelo. Pero, sobre todo, los exquisitísimos barquillos, rellenos de un dulce a base de leche. Ay, como me gustaría volver a probarlos. Sí, ya sé que usted me dirá que a la fecha por ahí venden de estos barquillos, pero los de hoy, ni cuando le lleguen a los de ese entonces, ya que aquellos eran por mucho más grandes, doraditos, con más abundante relleno y su sabor era mejor.

Ya para aguas frescas o paletas, nada mejor que ir a la paletería Tocumbo, ubicada en la mera esquina de avenida México y Juárez. Aunque existe hasta le fecha un negocio ahí de este tipo, no sé si sea el mismo de aquellos tiempos.

En algunas ocasiones, después del jardín, nuestros papás nos llevaban a disfrutar de alguna película en el Cine Bahía, ubicado en donde actualmente existe una tienda de autoservicio. Recuerdo que decían que este era el cine de lujo de Manzanillo, el más bonito. He de decir que a este cine fui muy poquísimas veces, porque mi favorito era el Puerto, pues para mi gusto pasaban mejores películas para los niños y la familia, pues en el Bahía pasaban muchas películas norteamericanas subtituladas, que, por mi pésima vista yo ni alcanzaba a leer los diálogos. En muy pocas ocasiones llegaron a pasar algunas dobladas al español.

Pero sí hay que reconocer que era el cine más elegante y bonito. Recuerdo, por ejemplo, que su cafetería ha sido una de las más hermosas, ya que era redondeada como si fuese un platillo volador. Ahí podíamos comprar refrescos, palomitas, dulces, chocolates y hasta hot dogs. Hasta la fecha, no he visto otro snack igual.

Jardín Álvaro Obregón y Playón.

Una característica que tenía esta sala, era que a la entrada tenía una tienda de souvenirs, donde vendían muchos caracoles y recuerdos de Manzanillo para los turistas.

Por el lado de la calle 21 de marzo había un sinfín de boleros en el mismo jardín, unos veinte, más o menos, donde quienes asistían mucho a solicitar sus servicios, eran los políticos, que generalmente se cubrían la cara, leyendo un periódico.

En frente del jardín, por ese mismo lado, entre otros negocios, estaba el restaurante Roca del Mar, ya desparecido de estos contornos, el cual se convirtió en uno de mis favoritos en mi época de noviazgo, ya que, a pesar de las quejas que mucha gente tenía contra la administradora del restaurante por su carácter, a mi ahora esposo y a mí, nos trataba de maravilla, a tal grado que, cuando nos casamos al civil, mis padres, suegra, cuñados y testigos, disfrutamos ahí de un ambigú, después de la ceremonia.

En Manzanillo no se les dice plaza o parque al jardín. Aquí siempre ha llevado ese nombre, desde los tiempos del pequeño Galván.

Dado que era un cuadro enorme, en ese tiempo muchos le decían el jardinzote. Oficialmente se llama esta plaza “Álvaro Obregón”, y no Explanada del Pez Vela, como muchos ahora la llaman. No estaba tan bonito estructuralmente como hoy sí lo está, ni teníamos la preciosa y majestuosa obra de Sebastián del Pez Vela, ese monumento de arte contemporáneo que muchos lamentablemente desprecian, por falta de cultura.

Pero estaba más bonito por la cantidad de gente que lo visitaba y animaba, y la calidez de la convivencia que se daba entre los porteños. Hoy, a pesar que está más grande en sus dimensiones, más bonito, y pegado a la enorme Plaza Juárez, luce triste y vacío.

¡Ah, qué tiempos aquellos!