Diversiones novedosas llegaron a Manzanillo en los años 80


Continuando con nuestro viaje hacia atrás, a través del tiempo, sobre la tecnología del ayer en Manzanillo, hoy les hablaré del cine, la televisión por cable y los videojuegos pioneros.

CINE

Durante mi niñez, he de decir que tuvimos los de mi generación el privilegio de ver las películas en pantalla grande. Sí, esas blanco y negro o colores deslavados que ahora se ven en la televisión, como las del Santo, Capulina, la India María, Zovek, Cantinflas y Kalimán, entre otras; nosotros las vimos en estreno.

En Manzanillo había varios cines, al menos tres, que eran el Puerto, ubicado en la esquina de Pedro Núñez y 5 de Mayo; el Manzanillo, sobre la calle Hidalgo, del lado del Sector 4, frente a la esquina de la Zaragoza; el Bahía, en la calle Juárez, junto al restaurant Chantilly. El favorito de los niños era el Puerto, porque tenía programación familiar. Recuerdo bien que era tanto el auge del cine, que se hacían enormes filas para poder entrar. La función estelar, a la que casi todos iban, era la de las 4 de la tarde. Así que uno tenía que hacer cola desde cómo las 2. Afuera de esa sala había un puesto de tortas estilo Manzanillo, por lo que uno se comía una o dos de ese suculento manjar, pues era la hora de la comida; y esperando a comprar los boletos, era cuando se las comía. Otros preferían hacerlo a la salida. Ese típico alimento de nuestra ciudad, se hizo mucho más popular que las propias palomitas.

Otro privilegio que también teníamos al ir al cine, era el de la permanencia voluntaria. Como un plus, la función consistía en dos películas: La estelar y una de relleno. Y, aunque no lo crea, a veces esa de relleno estaba buena. Simplemente en muchos de los casos, no era estreno; ya la habían pasado antes. Si las películas gustaban mucho, al término de estas se podía quedar uno a volverlas a ver, cuantas veces se quisiera. Había sus honrosas excepciones, pues cuando la filmación era de largo metraje o alcanzaba un gran nivel de importancia como estreno a nivel mundial, ponían un letrero afuera que decía: Hoy no hay permanencia voluntaria; pero esto, como le digo, en muy raras ocasiones. Esto era así en todos los cines.

Más adelante, allá por principios de los noventas, hubo una sala más en Santiago, que estaba muy lujosa, a diferencia de las del Centro Histórico, pero el gusto no duró tanto, porque este espacio se vino abajo durante el terremoto del 9 de octubre de 1995.

Videocassette VHS.

PELÍCULAS EN VIDEO

Así pasaron algunos años, hasta que un de repente y como algo novedoso, entraron a Manzanillo las películas en video. Para eso, uno tenía que comprar el artefacto, que se llamaba videocasetera, para poderlas ver. Al principio entró en auge en el tamaño Beta, que era una caja cuadrada con dos rollos, muy similar a lo que describí en los casetes para música, pero en este caso era de video. ¿De dónde sacaba uno las películas? De unos negocios que se llamaban videoclubes. En esos lugares tenía uno que pagar una suscripción cara para ser socio, otorgándote esto una tarjeta de suscriptor muy bonita, de lujo. Tener una credencial de un videoclub, era algo que por entonces daba caché; se sentía uno muy importante. Dependiendo el videoclub, era el estatus que uno alcanzaba. Con esas tarjetitas que daban, uno podía rentar cualquier película que tenían en sus anaqueles de exhibición; aunque, a decir verdad, primero llegábamos al mostrador para preguntar por los estrenos. Y sí, había algunos que todavía ni siquiera se exhibían.

Estas películas en video favorecían mucho la unidad familiar, y se cultivaban amistades; porque, para disfrutar de esas películas, se juntaba toda la familia o amigos. Se viera el videocasete o no, a cierta hora se tenía que regresar la película. Ah, y pobre de uno, si se regresaba no re embobinada, pues cobraban una multa. Así que, para ese fin, aparte de la videocasetera, se tenía una regresadora, generalmente en forma de carro deportivo, para no desgastar la video. Cuando la tecnología avanza, las infraestructuras y dispositivos disminuyen de tamaño. En el caso de las videocaseteras fue al revés, pues en vez de disminuir su tamaño, aumentó a un formato llamado VHS, cuyos videocasetes eran de mayores dimensiones a la versión Beta.

TELEVISIÓN POR CABLE

Así fue pasando de moda este entretenimiento, para dar lugar a la televisión por cable. A Manzanillo llegó en 1982 una única empresa, a la que, obviamente, toda la ciudad se afilió. Eso llenó los hogares de más entretenimiento y diversión, pues el novedoso servicio ofrecía variedad de programación, como son películas mexicanas y norteamericanas, de las que poco se veían en videos o algunos cines; programas noticiosos; deportivos; los primeros talk shows, como Cristina; peleas de box, aunque fuera en repetición en días subsecuentes al encuentro, etc.

Entre estos nuevos canales que conocimos estaba el desaparecido SIN, que se constituyó en uno de los favoritos, pues ahí, en un programa que se llamaba el Show de Johnny Canales fue como se dio a conocer entre los porteños a la finada cantante texana Selena, siendo una niña, acompañada de su grupo los Dinos. En pocas palabras, esa empresa de televisión por cable nos abrió una ventana al mundo, pues noticieros había desde mexicanos hasta norteamericanos, como CNN en español, que iba empezando sus transmisiones en nuestro idioma. Otros de los programas que gustaban mucho eran los de investigación y reportajes, donde conocimos las historias del famoso Chupacabras, extraño animal, que nació en Puerto Rico, y, ¡quién sabe cómo!, acabó siendo mexicano.

Cuando la televisión por cable empezó a dejar de ser novedad entre los porteños, entraron los primeros videojuegos. Dieron inicio en negocios establecidos, conocidos como “Maquinitas”, donde, para poder jugar, se tenían que comprar unas fichitas metálicas, las cuales eran caras, y por medio de ellas los chiquillos sacrificaban lo de su recreo, con tal de irse a jugar. Muchos de los padres, cuando se daban cuenta donde pasaban la tarde sus hijos, les ponían unas buenas tundas o regañadas, ya que, por andar en esto, no hacían las tareas escolares. Muchos tutores tenían que ir a hablar con los responsables del negocio de maquinitas, para que, por favor, ya no le vendieran fichitas a su niño. También en algunas tiendas de abarrotes tenían alguna máquina para jugar.

Videojuegos antiguos que cautivaron a chicos y grandes.

VIDEOJUEGOS

Pasaron algunos años para que las consolas de videojuegos entraran a los hogares, con los famosos Ataris. Entre los primeros juegos estaban el Pac Man, los de dispararles a  avioncitos o de viajar en una nave espacial sorteando asteroides. Después llegó para quedarse el Super Mario Bros, siendo la delicia de chicos y grandes, pues muchos padres, entre ellos el mío, también gustaban del juego, por medio del cual convivían con sus hijos.

¡Quién iba a pensar que aquellos papás que metían a sus hijos de las orejas o greñas -porque así se usaba antes- si los veían jugar a las maquinitas fuera de casa, se harían también asiduos fanáticos de los videojuegos, especialmente del Mario Bros!

Esta era parte de la tecnología de antaño, que fue pionera de muchas cosas que hoy tenemos.

¡Ah, qué tiempos aquellos!