El Dr. Raúl Rivero, héroe olvidado del Ciclón del 59


*Tuvo que saltar más de 3 metros desde un helicóptero

*Dejó a su familia enferma, para cumplir con su deber

El 27 de octubre de 1959 es una fecha infausta para nuestra región en el Occidente del país, y muy en especial para Manzanillo, ya que en esa fecha, uno de los ciclones más potentes de la historia impactó sobre la ciudad a su máxima potencia causando muerte y destrucción por doquier, internándose a mucha distancia tierra adentro. En esa ocasión, fueron muchos los personajes que destacaron por su altruismo y heroísmo, olvidándose de su propia seguridad y comodidad para tratar de ayudar a su prójimo en desgracia en diversas maneras. Más de uno fue reconocido por esta actitud, pero la mayoría de ellos pasaron al anonimato, pues incluso ellos mismos no tenían gran interés por ser reconocidos, ya que todo lo hicieron de manera desinteresada.

Este es el caso del Dr. Raúl Rivera García, nacido en Tizimín, Yucatán, y egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad del Sureste, ciudad maya natal donde empezó a ejercer su profesión, hasta que en el año de 1953 se vino a vivir a Manzanillo, Col., teniendo su domicilio en la calle Juárez número 12, cerca del edificio de la Presidencia Municipal, puerto donde se destacó por su gran capacidad y sapiencia como galeno, tanto trabajando para el gobierno como en su consultorio particular. Es decir que, cuando el monstruo meteorológico de 5 grados plus, al que muchos bautizaron como Linda, golpeó a Manzanillo, tenía seis años residiendo aquí, donde ya se había ganado el respeto, reconocimiento y aprecio popular.

Una parte de su tiempo la dedicaba a trabajar en el Hospital del Seguro Social, otra a la Secretaría de Obras Públicas y la restante, a su consultorio particular, muy aclientado por cierto.

El 27 de octubre Manzanillo quedó destrozado en lo que se refiere a la ciudad y el municipio en general, así como la zona aledaña en la entidad y la costa de Jalisco; pero no hay que pensar que la afectación se constriñó únicamente a tierra, pues en el mar los daños fueron también muy grandes a la navegación, tanto que se tendría que hacer un escrito especial hablando únicamente de todos los barcos y lanchas que fueron dañadas o hundidas, y de todos los hombres de mar que murieron ahogados, heridos o golpeados por motivo del ciclón.

Dr. Raúl Rivero García.

Este fue el caso de la moto nave mexicana “Sinaloa”, que naufragó frente a las costas de Manzanillo y once de sus tripulantes que sobrevivieron por largas horas luchando contra la marea y las olas, que por fin pudieron ser rescatados por el barco mercante “Blue Grass State”, de la línea “State Marine Ishtmian”, pero requiriendo con urgencia de atención médica, pues se encontraban en muy malas condiciones, y el Blue Grass no traía a bordo ningún médico que pudiera atenderlos. Fue entonces que se pidió ayuda a tierra para que enviaran a un médico, y se tuvo para ello comunicación con la Armada de México, quien contactó al Dr. Raúl Rivero, para pedirle su urgente intervención. Los náufragos habían durado 24 horas en altamar.

Rivero García, al igual que todos los porteños en ese momento se encontraban con sus propios problemas en su casa y familia, pues tanto su esposa como su hijo se encontraban enfermos, pero como era algo urgente que atender, y no había tiempo para localizar a otro galeno, hizo honor al juramento de Hipócrates y aceptó el llamado, con todos los riesgos que sabía que ello conllevaba. La mencionada aeronave militar lo llevó sin dilación hasta la latitud exacta donde se encontraba el Blue Grass, pero al arribar, se dieron cuenta que la propia arboladura de la embarcación les impedía aterrizar.

El helicóptero ya se iba a retirar, cuando el Dr. Rivero, consciente de lo necesarios que eran sus servicios para los once marineros mexicanos en mal estado de salud, informó que estaba dispuesto a saltar desde la aeronave a la cubierta del barco, únicamente que trataran de acercarse lo más que pudieran. En efecto, el helicóptero se acercó lo más que pudo, sin embargo, el médico tuvo que descender con su botiquín por un cable que oscilaba riesgosamente desde una altura de más de tres metros, para caer sobre el duro metal de la cubierta, con todo el gran riesgo que ello implicaba. Afortunadamente no hubo lesiones que lamentar, y de inmediato Rivero García se puso a atender a los náufragos, con apoyo de la tripulación del Blue Grass, logrando salvarles la vida tras una ardua lucha.

Al hacer esto, el Dr. Raúl Rivero en ningún momento lo hizo pensando en algún reconocimiento, sino únicamente en cumplir con su deber. Luego de esto, una embarcación lo llevó a tierra, donde prosiguió normalmente con sus labores, aunque de boca en boca empezó a hablarse de su heroísmo demostrado. Una vez que se hizo la reconstrucción de Manzanillo y se abrió el nuevo Hospital del Seguro Social en Manzanillo, el Dr. Rivero fue nombrado su primer director durante dos años.

El 14 de mayo de 1963, la Armada de México decidió justamente condecorar en una ceremonia oficial al Dr. Rivero por su heroísmo demostrado en aquella ocasión en el marco del Día de la Marina, en la ciudad y puerto de Manzanillo, con una medalla al valor.

Al acto de entrega de la medalla asistieron el Gobernador del estado de Colima, Lic. Francisco Velasco Curiel, los comandantes de la zona naval y militar, oficiales y marinería de la Armada de México y marina mercante; el presidente municipal de Manzanillo, obreros, estudiantes y el pueblo en general. La medalla ostentaba la inscripción: “por su distinguido y singular comportamiento atendiendo a las víctimas del desastre, con riesgo de su vida, durante el ciclón que asoló a Manzanillo en 1959”.

Al aceptar la medalla, el Dr. Rivero dijo: “La acción que hoy hacen el favor de premiarme no fue más que el producto de la enseñanza absorbida paulatinamente en las aulas universitarias, conforme a la doctrina hipocrática. Ya que desde entonces juramos consagrarnos al principio del respeto a la vida humana, cualesquiera que fueran las situaciones encaradas”.

La medalla de oro con un diámetro de 3.5 cm en la parte frontal tiene un timón y un ancla, y las inscripciones: Secretaría de Marina, arriba, y abajo. Al Dr. Raúl Rivero García. En el reverso, la medalla tiene la siguiente leyenda: “Por su distinguido y singular comportamiento en Manzanillo. Octubre de 1959”. Se le envió también un diploma por parte del Secretario de Marina, Almirante Manuel Zermeño Araico. Terminada la ceremonia, fue servido en el restaurante “La Cascada” un suculento banquete en su honor, al que asistieron todas las fuerzas vivas de la población, y que se desarrolló en un ambiente de franca cordialidad

Manzanillo no olvida el heroísmo de personas como el Dr. Rivero, que son auténticos héroes que deben ser siempre recordados y valorados.

Comida en honor del Dr. Rivero.