Desde este pasado miércoles ha habido mucho interés por mi parte por conocer los resultados desastrosos que el ciclón tropical Otis dejó en el puerto de Acapulco. Durante todo el miércoles uno se pudo enterar que la zona hotelera quedó devastada, pero aún así, la información que se daba era a cuentagotas, debido a que Acapulco quedó incomunicado.
Sin embargo, lo que sí escuché en casi todos los noticieros que sintonicé, fue que el ciclón Otis, que impactó en la costa guerrerense de categoría 5, ha sido el único de esta clase que ha tocado tierra en el Pacífico mexicano; y esa ignorancia de los medios de comunicación nacionales sí que me molestó mucho, y puedo decir tajantemente que no es cierto.
Soy hija de segunda progenitura de Alfredo Flores Espejo, que en paz descansa, que junto con sus padres, o sea, mis abuelos paternos, y otra hermana de él que aún vive, sufrieron el ciclón del Pacífico del 27 de octubre de 1959; ese que pegó en Manzanillo como categoría 5, y posiblemente haya sido de 5, 6 o 7, si en la escala de Saffir y Simpson hubiera habido más niveles.
Aunque estos dejaron hasta la 5 solamente, es fácil sacar las demás superiores, cuando un fenómeno de estos va aumentando de treinta en treinta kilómetros su potencia. Aunque, hay que decirlo, esta escala aún no existía en 1959, se concluyó que ese terrible vendaval alcanzó su nivel número 5 o superior al cuantificarse los daños materiales y la cantidad de muertos que los vientos huracanados que embistieron a Manzanillo dejaron como saldo.
Mi papá y su familia vivieron en carne propia el acontecimiento en una casa del Sector 6. Contaba mi padre, que para entonces era un adolescente de catorce años, estudiante de la secundaria número 3, que era muy triste y lamentable escuchar en el vecindario los gritos del dolor que causaba como los aludes de tierra y lodo se llevaban todo a su paso o sepultaban a los seres queridos a la vista de sus familiares. Las piedras y lodo bajaban del cerro con gran velocidad y furia, sin que se les pudiera brindar ninguna ayuda o hacer algo para evitarlo. Mi papá siempre lo contó como un acontecimiento muy aterrador. Al amanecer del día 28 de octubre, porque el Ciclón del 59 pegó durante la noche, igual que Otis en Acapulco, se toparon con que muchos de sus vecinos no vivieron para contarlo, y varias viviendas ya no estaban de pie.
Cuando salieron a las calles acercándose a los muelles, observaron boquiabiertos barcos sobre estos o encallados en la arena de la playa, así como pesados furgones de tren volcados y arrastrados por el viento a unos metros de sus rieles. Por la infinidad de daños que había por doquier comprendieron la magnitud del aterrador vendaval. La impresión les duró mucho tiempo, igual que a todos los porteños de ese tiempo. Hoy se ha pretendido diluir el ciclón del 59, queriéndolo bajar a inferiores categorías, simplemente porque a los meteorólogos norteamericanos no les consta.
Otro ciclón que le pegó a Manzanillo de categoría 5 fue Patricia en octubre de 2015, y aunque ¡Bendito sea Dios!, solamente experimentamos el fuerte viento, porque el fuerte aguacero nos cayó una semana después, y no hubo grandes daños, eso no significa que no haya pegado como 5, como ahora lo pretenden también diluir a 4.
Recuerdo bien que, dada la magnitud 5 del fenómeno hidrometeorológico, y a lo gigantesco que éste estaba, pues no se compactó como Otis, la entonces presidente, Gabriela Benavides, que recién había comenzado su administración, tomó dos muy sabias medidas. La primera, que le pidió a la CFE que a cierta hora se suspendiera de manera general el servicio eléctrico en todo Manzanillo, antes que el ciclón comenzara a soplar, para así evitar cortos al chocar los cables entre sí o para que no quedaran vivos a la hora de partirse y caer al suelo, o quedar colgados de algo, y así evitar víctimas por electrocutamiento. La otra medida fue que pidió a los concesionarios del transporte público ya no brindar el servicio en todo Manzanillo a partir de cierto horario, también con algunas horas de antelación al golpe de Patricia, con el propósito que los porteños se confinaran en sus casas o acudieran al refugio con anticipación.
En todo tiempo se nos estuvo informando a los porteños que Patricia era de categoría 5. Ahora lo quieren minimizar a 4 o menos. El que Dios cuide o guarde a una ciudad no significa que no haya acontecido, ni tampoco significa que porque no existía la Escala de Saffir y Simpson eso quiera decir que el Ciclón del 59 no sucedió, o que fue de ínfima categoría.
El 27 de octubre de 1959 Manzanillo sí fue golpeado por un huracán –como les llaman en el Atlántico a esos fenómenos- de categoría 5, y por más que los norteamericanos digan que no fue así, la convicción de que FUE ASÍ, la tenemos muchos porteños sobrevivientes de aquel aterrador ciclón o hijos de ellos, por el legado histórico que nuestros padres y abuelos nos contaron. Y, de creerles a los del vecino país del norte, o a mi papá y a mis abuelos, prefiero creerle a estos últimos.
Hoy que se cumplen 64 años del ciclón del 59, al que popularmente entre los porteños se le puso el nombre de Linda, por aquello de: “Linda friega nos puso”, bueno sería que los sobrevivientes o los hijos de ellos sigan contando sus vivencias a las siguientes generaciones, porque es un legado histórico que no se debe perder. Que tenga un bonito día.

Entierro de una de las víctimas del ciclón

Las plantaciones de palmeras cocoteras y de coquito de aceite se vieron muy dañadas

La primaria Niños Héroes averiada por el ciclón

El paseo Independencia del Rompeolas, también sufrió el golpe del meteoro

Así quedó El Playón

Otro aspecto de La Pedregosa tras el embate del ciclón

La Pedregosa, la más golpeada

Varado quedó el Xalapa, por el oleaje que ocasionó el fenómeno meteorológico

Otra gráfica sobre el estado en que quedó el barrio de La Pedregosa

Los daños a los caminos y carreteras fueron graves y cuantiosos

El Mercado Reforma también fue severamente golpeado

Casa sepultada por los deslaves que generó el ciclón en La Pedregosa

El camino a Cihuatlán se vio interrumpido

Más daños en La Pedregosa

Destrucción en la playa de Santiago

El Rompeolas tras el ciclón

El puente de Armería quedó destruido

Las bodegas de El Playón sufrieron mucha destrucción

Hasta los furgones y máquinas del tren fueron arrastrados por la fuerza del viento