Archipiélago de Revillagigedo


En el papel son de Colima, y en la práctica de la federación

Parte I de II

Una región generalmente olvidada cuando pensamos en nuestra patria chica, Colima (mía en adopción, pues soy jalisciense, pero avecindado aquí desde chico), en cuanto a su extensión territorial, es el Archipiélago de Revillagigedo, mejor conocido por nosotros los colimenses como “Las Islas Socorro”; aunque éste es solamente el nombre de la ínsula mayor. Estas islas nos pertenecen en teoría, porque en la práctica, la entidad no ha aprovechado su pertenencia casi en nada, pues quien desde siempre las ha aprovechado y explotado en exclusividad es la federación.

PARAÍSO DE FLORA Y FAUNA

Estas islas se localizan entre 720 km (la más cercana) y 970 km (la más lejana) al oeste de nuestro puerto, de donde parten la mayoría de embarcaciones de tamaño importante que la visitan, generalmente de la Armada de México. El archipiélago está conformado por las islas Socorro, Clarión, San Benedicto y Roca Partida, que, como su nombre lo indica, es sólo una mole rocosa de diminutas dimensiones. Tienen una interesante flora y fauna, en muchos casos endémicos; pero, sobre todo, una gran vida submarina en sus alrededores, que las hacen un imán para quienes gustan de practicar el buceo.

Fueron denominadas como Revillagigedo en honor del Conde de Revillagigedo, que se llamaba Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, quien fue Virrey de la Nueva España. Fue el 21 de diciembre de 1533 cuando el conquistador español don Fernando de Grijalva, al mando de la embarcación “San Lázaro”, descubrió una isla que no estaba señalada en ninguno de los pocos mapas que ya se habían trazado para el entonces, pues hay que recordar que todavía en la etapa más intensa de la época de los descubrimientos en América, en la Nueva España, la parte norte del Occidente del Pacífico, era conocido como la Mar del Sur (¿en el sur de qué?). Entonces, como hasta la fecha, lograr desembarcar ahí no era fácil, de modo que, desde que Grijalva la vio, hasta que pudo desembarcar en ella, pasaron nada menos que cinco días, para poder tomar posesión de ella en nombre de España y de su Rey, pasando a registrarla en las cartas de navegación. El nombre que recibió en ese momento esta, la principal isla del conjunto que nos ocupa, fue el de “Santo Tomás,”, porque la usanza de los conquistadores en esos días era el de ponerle como nombre a los lugares que se iban descubriendo el del santo que en ese día se celebraba, agregándole en ocasiones el nombre indígena con que desde el tiempo prehispánico se le conocía; pero en el caso de esta isla, no se halló población alguna que la ocupara.

LEYENDAS DE AMAZONAS Y TESOROS DE PIRATAS

En esos tiempos había mucho interés por parte de los españoles en encontrar por esta región las míticas y fabulosas Islas de las Amazonas, que Cortés había escuchado decir, en base a su interpretación de algunos indígenas, que se encontraban en algún punto de la Mar del Sur cercano al puerto de Santiago-Salagua y Totolmaloya, y que se pensó en un primer momento que se encontraría por Cihuatlán, el puerto de Navidad y la California que todavía por ese tiempo se pensaba que era una gran isla. Ocho años después, el cartógrafo hispano Don Domingo del Castillo, al elaborar un mapa de California (las Californias, Alta y Baja), recién descubierta por los españoles, y anexada al virreinato novohispano, ya incluyó con todo detalle a la Isla del Socorro (Santo Tomás). Los mapas, cartas de navegación y la relación o informe de Grijalva y del Castillo, fueron remitidos desde luego, al jefe de la aventura conquistadora española, Don Hernán Cortés, el cual los guardó en sus archivos, que su familia conservó.

Un año después, en 1542, el virrey al frente de la Nueva España, Don Antonio López de Mendoza, comisionó a Don Ruy López de Villalobos para explorar nuevas rutas hacia el oriente, y este marino descubrió “San Benedicto” y unos peñascos a los que llamó “Los Inocentes”, que quizá eran Roca Partida. La isla recibió de parte de Villalobos el nombre de “La Anublada”. 37 años después, un célebre corsario inglés, Sir Francis Drake, el cual en varias ocasiones se refugió en Salagua, estuvo en Santo Tomás. Pero no fue hasta 1608 que se cambió el nombre de Santo Tomas a Isla Socorro, al parecer debido a un acto de amor, ya que el marino español Don Martín Yáñez de Armida la visitó, acompañado (cosa rara en una época en que los viajes en la mar con mujeres a bordo no eran nada usuales, y a veces hasta considerados de mala suerte) por su esposa, de nombre Socorro. Hay que decir que Yáñez no andaba ahí a la ventura, por casualidad, sino que tenía un propósito bien definido. Desde dos años antes se había empezado a fortalecer la leyenda de que los piratas ingleses y holandeses que surcaban la Mar del Sur (los cuales casi todos no dejaban de hacer una visita a Santiago y Salagua, para hacer aguada y recoger víveres frescos para evitar el escorbuto) habían utilizado a la isla de Santo Tomás, hoy Socorro, para ocultar sus tesoros, consistentes en grandes cantidades de oro, principalmente; esto, según las consejas y decires habladas en la provincia de Colima, sobre todo en su parte costera. Los indios vigías de El Centinela, Totolmaloya y Salagua constantemente veían las naves de los bucaneros rondando la costa. En especial se decía que Drake había enterrado oro en Santo Tomás.

Muelle de atraque en Isla Socorro.

SITIO DE INTERÉS CIENTÍFICO

Oficialmente la isla Clarión fue descubierta por José Camacho en 1779, a la que le puso el nombre de Santa Rosa, y también encontró a Roca Partida. Fue el virrey Conde de Revillagigedo quien ordenó que se ocuparan estas islas, once años después, al parecer porque ya había interés de otras potencias por hacerse de la propiedad de estas islas. Esto se confirmó tres años después, cuando los españoles capturaron al Cap. James Colnett, de nacionalidad británica, hallándolo haciendo una exploración a fondo de la isla y sus alrededores, haciendo sondeos, mapas precisos y tomando muestras de la flora y la fauna del lugar. Fue llevado preso a San Blas. Cosa curiosa, el propio Colnett fue quien llamó a las islas Revillagigedo (el archipiélago que forman las cuatro) en agradecimiento, pues resulta que el virrey le otorgó el perdón y la libertad al comprobarse que lo que hacía era con fines puramente científicos. A partir de ahí empieza a darse un gran interés científico en estas islas, cual nunca lo tuvieron antes los conquistadores españoles. Nueve años después, en 1811, el Barón Alejandro de Humboldt las visitó, y escribió sobre ellas, a la vez que elaboró un mapa. Los norteamericanos la visitaron en la persona de Benjamín Morell en el Bostón. El inglés Edward Belcher publicó en 1844 el libro “La botánica del viaje del H.M.S. Sulphur”, fruto de la exploración científica realizada por él cinco años antes en este apartado rincón. En 1844 se observó la erupción del Monte Evermann por la tripulación del buque de guerra inglés “Forthworth”, al mando del Tte Reeve.

PRIMERAS EXPEDICIONES MEXICANAS

En 1862 el gobernador colimense Ramón R. de la Vega dispuso hacer un presidio en las islas, por lo que se armó una expedición, que encabezó el Ing. Juan B. Matute y Domingo Torres, los que salieron de Manzanillo el 17 de diciembre de 1862; pero el mal tiempo les impidió tocar tierra en la Isla del Socorro, como era su objetivo, por lo que tuvieron que retornar al continente. Después de finalizado el imperio de Maximiliano y restaurada la república, nuevamente gobernó a Colima De la Vega, y mandó una segunda expedición a las islas, encabezada por el Dr. Francisco Javier Cueva, en la que participaban 21 elementos, al parecer entre ellos una mujer, Dolores Ávalos, los que partieron de Salagua el 18 de enero de 1868 en la balandra nacional “Joven Hortenza”, al mando del Cap. Damián García. Arribó a la isla del Socorro el 23 de enero, con la mayoría de los pasajeros presa de terribles mareos, y el agua potable en descomposición. Ahí encontraron los restos de un barco recientemente encallado, que era nacional también: La balandra “La Republicana”. Pudieron desembarcar junto con sus víveres hasta el día 25. A pesar de que el Capitán ya había hecho varios viajes, no pudo hallar el manantial ya conocido, y cuando habían perdido toda esperanza, pudo encontrar uno diferente, el cual es el conocido como “La Tribuna”. Se hizo un acto solemne de toma de posesión de las islas, y empezó la exploración. Sin embargo, el día 28 enfermó gravemente el expedicionario Miguel N. Orozco, por lo que tuvieron que pedir una nueva embarcación a Colima para regresar, ya que la Joven Hortenza estaba en muy malas condiciones. El propio gobernador vino al puerto de Manzanillo, desde donde personalmente mandó a recogerlos al pailebote nacional “India”, que los retornó a Manzanillo sanos y salvos el 27de febrero.

La primera expedición científica oficial del siglo XX fue realizada en 1925, y fue organizada y patrocinada por la California Academy of Sciences en 1925, en la que participó un grupo de científicos, entre los que se encontraba un botánico, un entomólogo, un experto en reptiles (herpetolólogo), un ornitólogo y un experto en el estudio de mamíferos, además de dos paleontólogos. Desde entonces ha habido muchas visitas de científicos, pero muy en especial de ornitólogos, que han hecho esfuerzos por reintroducir en la Isla del Socorro (Hoy llamada oficialmente Benito Juárez) la ave endémica Paloma del Socorro, que ya no vive de forma silvestre o libre, forma en la que se extinguió entre 1958 y 1978, de acuerdo a los estudios realizados por Jehr y Parkes en 1982. Las especies en cautiverio que se han tratado de introducir al medio insular original hasta el momento no han tenido resultado. También la isla es un paso habitual de la ballena jorobada, la que puede observarse con relativa facilidad en algunas épocas del año, pero lamentablemente también ha atraído de forma ilegal a embarcaciones balleneras que violando toda prohibición de capturarlas, cometen el delito, de acuerdo al testimonio de muchos pescadores. La exuberante vida que hay en estas islas ha llevado a que sean conocidas internacionalmente como “Las Galápagos Mexicanas”. Desde 1957 el gobierno mexicano estableció una base naval en la sección suroeste de la Isla del Socorro, desde donde se mantiene la soberanía del archipiélago, con la ocupación permanente por militares nacionales.