Además de director y actor teatral y gestor social
Sin duda alguna, Don J. Ángel Mora Flores, mejor conocido como “El Fígaro”, es todo un personaje porteño, aún cuando viera su primera luz en el vecino estado de Jalisco, en un poblado rural conocido como La Mazata, el 10 de julio de 1949.
EN VEZ DEL TRABAJO DEL CAMPO, PREFIRIÓ LA TIJERA
A los pocos años se fue a vivir a Etzatlán, donde se interesó por aprender el oficio de peluquero de un primo hermano, de nombre Tomás Flores, que se dedicaba a eso, el cual le enseñó los rudimentos de una profesión que le encantó a sus ocho años.
Interesado por esto, se trasladó a la capital jalisciense, Guadalajara, donde se puso a estudiar la carrera de Cultura de Belleza, aprendiendo todos los secretos de esta profesión. Empezó a practicar en la cuna del mariachi y luego se trasladó a Tijuana, Baja California, donde prosiguió ganando experiencia.
DE LA MECÁNICA A LA PELUQUERÍA Y BELLEZA
Sin embargo, en el año 1967, el día 15 de abril, llega a Manzanillo, Colima, por primera vez, pero para dedicarse a algo muy diferente a las cuestiones de belleza y peluquería, ya que la edad no permitía que le dieran trabajo en ningún salón de belleza. Vino, pero a trabajar en algo muy distinto, como era la mecánica.
Fue contratado por Don Guillermo Adachi Naitoh, a su taller de rectificación de motores, donde estuvo trabajando por tres años. En el año de 1970 de repente se presentó un incidente que vendría a cambiarlo todo, ya que hubo un evento social muy importante al que tenía que acudir la familia Adachi en pleno a Las Hadas, con Atenor Patiño y la crema y nata política, social y cultura del estado y la región, por lo que se imponía que todos ellos asistieran muy bien arreglados.
Sin embargo, por ser domingo, no había nadie que los arreglara como la ocasión ameritara. Sabiendo de la situación, el joven Ángel se ofreció para arreglarlos a todos. Fue entonces que les reveló lo que había estudiado en Guadalajara, y se animaron a ponerse en sus manos. Primero les cortó el pelo a los niños Rosa, Fernando y Guillermo, luego continuó con el señor Guillermo, y finalmente terminó su labor con Doña Rosa Koyama, haciendo un papel excelente.

Ángel Mora, “El Fígaro” en 1970, iniciando en una profesión en la que aún continúa.
SUS PININOS COMO PELUQUERA
Los Adachi vieron su trabajo y quedaron sorprendidos por su capacidad, por lo que de inmediato se ofrecieron a apoyarlo económicamente para que abriera su peluquería, para que él les fuera luego pagando poco a poco, pues no tenía dinero para abrirla por su cuenta, y así fue como empezó a volar con sus propias alas ese mismo 1970.
Por entonces empezó a tener el apoyo de su novia, Rosa Hernández Nava, la cual venía llegando también a Manzanillo, procedente de la Ciudad de México, quien también era cultora de belleza, con la que posteriormente se casó y atendieron juntas aquella primera peluquería, que posteriormente se transformó en un centro de belleza, donde se le cortaba el pelo a hombres, mujeres y niños, y también hacían tintes, ondulados, permanentes, pedicure, manicure, maquillajes y todo lo que conlleva la cultura de belleza.
INCURSIONANDO EN EL TEATRO
Después, como un hobbie, incursionó en el teatro. Fueron como quince años los que duró en esta actividad artística y esto transcurrió en el Teatro México.
Con el éxito que ahí alcanzaba, le llamaban después de algunos centros nocturnos, como el Mauna Kea o el King Kong, donde hacía shows y servía de animador.
En el Teatro México hacía teatro experimental, donde escribía, actuaba y dirigía y también cantaba, hacía sketches; era un cómico y un showman. Había un grupo cómico con Chen-Chin, Higadín y Violeta, en el que Chen-Chin e Higadin eran sus patiños. No guardó los guiones que escribió; todo salía de su cabeza.
Se toparon entonces con Don Alfredo Cruz Torres, a quien no solo no le gustó lo que hacían, sino que le parecía muy mal; pero a la gente le encantaba. Él hacía un teatro con obras más clásicas. Lo de él era algo más serio, y no entendió el cambio que se estaba dando. Como no lo entendió, prefirió retirarse. Quiso cerrar el teatro, pero eran muchos los que ahí estaban trabajando, y entonces mejor prefirió ya no participar en nada.
Siguieron ahí por muchos años y con mucho éxito. Eran tres grupos de actores, cada uno con veinte integrantes. Uno lo dirigía él, otra La Gringa Vidaurrázaga y otro Jesús El Diablo García. El público era muy numeroso. El Teatro México era prácticamente un corral, con 50 metros de fondo por 20 de ancho. A veces no cabía la gente; como 400 espectadores o más, en los días de lleno.
EFRENTANDO AL CÁNCER Y HACIENDO LABOR SOCIAL
“El Fígaro”, como le decían por el nombre que le puso a su peluquería, se retiró de su participación en este lugar porque se enfermó, y poco tiempo después el lugar cerró de manera definitiva. Tuvo cáncer y luchó por mucho tiempo con esa enfermedad. El Teatro México cerró a mediados de los años noventas, y él se enfermé en 1990.
El tratamiento duró como 5 años y la recuperación otros 5. Como agradecimiento al Centro de Cancerología donde le trataron y a la asociación de cancerología de Colima, donde vio resultados muy favorables hizo amistad con los doctores. El director era el Dr. Jesús Cárdenas González. Cuando Don Ángel llegó, las quimioterapias las daban debajo de un mango.
Entonces se involucró apoyando a los enfermos de todos los lugares de donde estaban llegando con sus gastos. Se hizo una asociación civil que él presidió. Se apoyó con diversas personas, porque no sabía nada de eso.
Él hacías las gestiones y daba la cara ante la sociedad, el gobierno, los enfermos y los médicos, pero quien estaba al frente de todo era su esposa. Una de las personas que le ayudó mucho fue el Lic. Rubén Romo.
Como fue mucho su trabajo social ahí, tuvo problemas con sus hijos que le reclamaron que casi no los atendía, y su esposa también se sentía muy cansada. Fue por eso que dejó la asociación el primero de enero de 2010.
Pero la mucha gente que ayudó en esos momentos difíciles de su lucha contra el cáncer, no olvidan su invaluable apoyo.