100 años de peregrinaciones a Talpa desde Manzanillo


*Antes los viajes duraban un mes de ida, y otro de regreso *Pueblos no tenían luz eléctrica y se iba a través de brecha *Merodeaba a grupos la onza y muchos picados de alacrán *Grupos principales del Mercado y La Zona de Tolerancia

UNA TRADICIÓN FAMILIAR

Desde hace 18 años Miguel Augusto de la Mora Solís acude cada año en marzo a Talpa, Jalisco, en compañía de su tío, Pablo de la Mora Anguiano, quien tiene cuarenta años haciendo esta ruta, que antes de él ya hacía su madre, y ya es toda una tradición en su familia.

Nos señala que aunque en un principio se trataba de una peregrinación católica llena de fe para visitar un santuario mariano en este pequeño pueblo en la sierra jalisciense, actualmente se trata de un recorrido más de senderismo, por parte de personas que gustan de hacer caminatas, que en muchos de los casos son poco religiosos, practicantes de otras religiones e incluso hasta ateos; aunque mencionó que prevalece entre los miles de peregrinos que van cada año, los que lo hacen por religiosidad.

EN BURRO Y POR BRECHA EN LOS AÑOS VEINTE

Desde los años veinte y treinta ya se sabe que había peregrinaciones, no solamente desde Manzanillo, sino incluso desde la ciudad de Colima, desde donde se venían a pie, y duraban un mes para llegar hasta Talpa caminando, y otro de regreso, a través de brechas, pues no había caminos saca-cosechas, y mucho menos carreteras. Desde la capital de nuestro estado salían en burro con anafres y petates para el viaje a través de caminos rurales. Las primeras fotos que se conocen de los grupos de peregrinos son de los años cuarenta.

De Manzanillo salía un grupo muy importante conformado mayormente por los comerciantes del Mercado Reforma y los trabajadores de la Zona de Tolerancia en La Pedregosa. Hubo un pleito entre los integrantes de estos grupos, y el grupo principal de los que resultaron, que fue conocido como los Sandías, quedó a cargo de Juan Dupont, formado por trabajadores de la Zona de Tolerancia, con prostitutas, meseros, bailarinas, músicos y otros, los cuales acudían hasta aquel santuario religioso como una forma de manda o sacrificio.

PUEBLOS SIN LUZ ELÉCTRICA EN LA SIERRA

Son alrededor de 240 kilómetros de recorrido lo que hacen los que van hasta Talpa, subiendo primero hasta la cima de la sierra, llegando a una altura máxima de mil 500 metros, para luego bajar del otro lado a Talpa, en medio de un clima frío. Todavía hasta los años setenta en muchos de los pueblos que se pasaban no había luz. Los grupos contrataban un camión de redilas que salía de La Pedregosa, los llevaba hasta Cihuatlán y de ahí partían caminando por el camino de herradura con un mínimo de ropa en una pequeña mochilita.

Subiendo 500 metros de altura, el primer pueblo que se llega por el camino tradicional, es Tequesquitán, en el que en los años setenta aún no había energía eléctrica. Mientras los peregrinos caminaban el camión se iba haciendo rodeos, para reencontrarlos en ciertos puntos del camino a donde había acceso para vehículos, ya que en ese camino se llevaba comida y agua, entre otras cosas. Ahora ya hay una carretera directa de Tomatlán hasta Talpa por otra ruta, que no es la tradicional, que es la que se usa para el regreso rápido.

Esta fiesta religiosa recibe a millones de peregrinos quienes llegan a pie, caballo, auto y camión para reafirmar su fe.

ZONA DEFORESTADA

Cuando se encontraban con el camión en Villa de Purificación, muchos caminantes se regresaban, pues ya no podían por el cansancio, porque se sentían mal de salud, porque habían tenido una lesión o porque habían tenido una picadura de serpiente o de alacrán. Otro problema era la escasez de agua. Ahora se han cambiado los horarios para caminar, pues se hace de madrugada, a partir de la una o dos de la mañana, pues los caminos de esa zona de Jalisco están totalmente deforestados, y el sol no se soporta. Ya no quedan los árboles inmensos de antaño, como las ceibas.

Aunque la tradición es ir caminando desde Cihuatlán a Talpa, hay algunos grupos actuales que se van a pie desde Las Brisas, los que hacen dos días más de camino que los demás.

Como se dijo, ya son muchos los que lo hacen por ejercicio y no por devoción, que integran grupos de senderismo que todas las semanas van a practicar y a tomar condición física yendo a Chandiablo, Camotlán, Peña Blanca, Majahua, el Cerro del Toro o el de la Cruz. Van personas de otras religiones e incluso ateos, aunque muchos afirman que sienten algo al llegar a Talpa o al santuario. Hoy se hace normalmente entre siete y nueve días, aunque los más ejercitados llegan a hacer cuatro días. Cada día se acostumbra a caminar un promedio de seis horas.

PUEBLO MÁGICO DEDICADO AL TURISMO RELIGIOSO

Talpa es un Pueblo Mágico, dedicado al turismo religioso, donde se mantiene la arquitectura original lo más que se puede, con casas de adobe y arcos en las ventanas y puertas. Igual sucede en pueblitos como Tequesquitán y La Cuesta. De todo el occidente acuden a este lugar caminando, que es lo que se conoce como peregrinaciones; pero también hay corridas, que son en motocicleta, bicicleta o caballo.

Se dice que cada peregrino en promedio se gasta unos seis mil pesos en este viaje, en el que se pasa por muchos pueblitos pintorescos que desde mediados de los años setenta ya tienen luz eléctrica, y en todas sus plazas tienen baños y se puede conseguir conexión a internet pagando tarjetas de veinte pesos. Aún hay camiones donde se lleva hielo con carne, estufas y cocineros para ir haciendo comida, aunque ya hay tiendas en los pueblos y Oxxos en los cruceros. Los pueblos se saturan buscando qué comer.

YA NO SE HALLA EL CHICLE DE TALPA, PERO SÍ DULCE DE GUAYABA

Ya no se consigue el Chicle de Talpa, pero aún se halla el sabroso dulce de guayaba, yla gente busca los tamarindos en los alrededores de Tequesquitán, donde se cultiva mucho e incluso se exporta, por su calidad.

Al llegar a Talpa se visita mayormente la Basílica principal, que es de dos torres, y también se visita la antigua y más pequeña, a la que le dicen la Basílica del Diablo, ya que tiene una imagen del Arcángel Miguel peleando con el diablo. Los peregrinos van principalmente a inicios de marzo, pero también lo hacen en mayo y Semana Santa; mientras que en octubre y septiembre muchos van en carro porque es el tiempo en que crecen los ríos. El resto del año los ríos son pequeños y hay partes por donde pasar, aparte que los primeros grupos van señalizando el camino. Son viajes que se planean todo el año.

Miguel Augusto dice que algo que llama mucho la atención es que en la Basílica hay un gran púlpito o atril que tiene grabado claramente al frente un símbolo masónico.

Concluyó compartiendo que actualmente entre un sesenta o setenta por ciento de quienes van a Talpa lo siguen haciendo por religiosidad, mientras que los demás lo hacen por practicar el senderismo.

Es un tema de tipo cultural que abordo en esta ocasión, y creo es interesante el punto de vista de alguien como yo, que no profeso la religión católica, pues soy evangélico protestante, pero respeto las creencias de las personas, aunque no las comparta, y sé que este un tema que tiene interés desde el punto histórico y cultural.