Hoy se cumplen 105 años de la fundación de la CROM


Manzanillo portuario no se entiende sin los estibadores

El día de hoy se estarán celebrando ciento cinco años del nacimiento de uno de los gremios más importantes de Manzanillo, como es el caso de la Unión de Estibadores y Jornaleros del Pacífico CROM. Los trabajadores del puerto, conocidos como estibadores, ya que una de sus primeras ocupaciones generales era la de la carga o estiba en costales o cajas que se bajaba o subía a los barcos mercantes que arribaban a nuestros muelles, son un gremio muy importante para el desarrollo del municipio, pues con su trabajo sacaron adelante a un puertecito olvidado y sin importancia perdido en la costa mexicana del Pacífico, hasta convertirlo en Top-100 a nivel internacional, uno de los principales de América Latina, y el primero del país.

El aniversario de la fundación de la unión que los agrupa y defiende es una fecha muy destacable en el calendario local; aunque hay que decir que, desde que Manzanillo nació como puerto en el año de 1825, ya sea que tuviera la categoría de altura o cabotaje, siempre ha habido trabajadores para la carga y descarga de la mercancía, aunque en los primeros años no estuvieran debidamente organizados.

Vamos a hacer un rápido recuento de los hechos principales que marcaron el devenir histórico del puerto desde sus inicios, para observar la importancia que el movimiento de carga y la estiba han tenido en él desde sus primeros años. De acuerdo a lo que marca la historia, es a partir de 1797, veinticuatro años antes de la Independencia de México, cuando el visitador Diego de Lasaga estuvo por parte del gobierno colonial en el paraje de la bahía de El Manzanillo, por entonces aún deshabitada, y recomendó a la autoridad virreinal que en Las Manzanillas se abriera un puerto, ya que era una bahía muy buena para tales efectos. Para ese entonces, el principal centro poblacional en la zona era el antiguo Puerto de Salagua, el cual tenía escaso número de habitantes.  Los puertos importantes del litoral eran en ese tiempo San Blas y Mazatlán.

En 1825, luego de hacerse la construcción de rudimentarios muelles, playón y limpiarse espacios frente a la playa para que sirvieran de patios de contenedores y bodegas de almacenamiento de mercancías, se decide la apertura del puerto de Manzanillo. Aunque no estaban agrupados de manera oficial, desde un primer momento hubo estibadores en nuestro puerto, pues la carga se tenía que cargar para subirla o bajarla de los navíos comerciales, sobre hombros y espalda, y auxiliándose en tierra con el uso de algunos animales de carga, como las mulas. Por esto se considera que el movimiento de carga es la primera vocación del puerto de Manzanillo, por encima de la pesca y el turismo. Quienes estuvieron a cargo de la limpieza y desmonte del playón, así como quienes construyeron los muelles, se puede decir que fueron los primeros trabajadores portuarios.

En esos primeros años, la carga que llegaba por aquí era poco, y a El Manzanillo se le cambiaba de categoría a cada momento, pasando de puerto de cabotaje a de altura, y nuevamente a ser de altura. Hay que explicar que los puertos de cabotaje son aquellos que únicamente tienen autorización para mover carga entre terminales nacionales, mientras que los de altura tienen permiso de hacerlo hacia otras latitudes del planeta, sin ninguna restricción. El 7 de febrero de 1825 el gobierno mexicano decide abrir aquí el Puerto de Manzanillo, trasladando el antiguo de San Juan de Salagua al nuevo. Los primeros pobladores de Manzanillo fueron personas que vivían en el viejo Puerto de Salagua y fueron reubicados a la nueva ubicación. Desde la ciudad de Colima, capital del estado, se dirigían los destinos y decisiones portuarias, ya que, por temor a las enfermedades por la insalubridad en la costa, los agentes aduanales y consignatarios, así como la propia aduana, por muchos años estuvo allá. Los principales agentes eran extranjeros, generalmente alemanes, ingleses y norteamericanos.

Ser estibador de Manzanillo es hoy un trabajo reconocido internacionalmente por su calidad, eficiencia y capacitación – líder de la CROM, Gustavo Larios.

Los primeros estibadores no organizados fueron pasto de muchas epidemias que tuvo Manzanillo en esos años, que venían en las embarcaciones que descargaban o en sus pasajeros –porque en ese tiempo la mayoría de los buques eran mixtos; de carga y pasaje-, así como por los zancudos, las miasmas lacustres y la dura vida que llevaban como cargadores.Se metían al agua hasta la cintura a recibir la carga que venía en costales normalmente. Ellos no contaron con grúas y los contenedores todavía ni siquiera se inventaban. El primero de mayo de 1848, el Presidente de la República, Manuel de la Peña y Peña, expidió el decreto que habilitó de forma definitiva al Puerto de Manzanillo como de Altura y Cabotaje, expidiéndose el decreto el primero de Mayo.

En 1861 ya se hablaba de contrabando rampante, y el 10 de enero de 1867, el Periódico Oficial informaba haber recaudado por derechos marítimos 5 mil 755 pesos en el Puerto de Manzanillo, lo que ya hablaba del crecimiento en importancia de la terminal portuaria, y nos da idea del aumento de trabajo que para entonces ya tendrían los estibadores locales.En ese mismo año, el 9 de enero, por un incendio, se quemó la aduana y el faro que estaba en la playa, empacada y dispuesto para ser instalado en Ventanas. Por aquellos años, incluso, se llegó a cargar tierra en grandes cantidades, que luego se dice que se utilizó para hacer rellenos en Holanda (los Países Bajos), mientras que otros buques la utilizaban como lastre. En tierra, aparte de las mulas, se usaban unas toscas y anchas carretillas de madera, con refuerzos metálicos y gruesas ruedas, donde se podía apilar para su traslado varios sacos pesados, de la que se conserva una original en el Archivo Historia de Manzanillo. Los cargadores normalmente andaban con una ligera playera o sin camisa cuando había que mojarse, y un ancho sombrero para cubrirse de los inclementes rayos del sol. Eran reconocidos en todo lugar, como hombres muy fuertes.

Es hasta el primero de diciembre que la Aduana Marítima retorna a Manzanillo, dejando la ciudad de Colima. La carga ya se multiplicaba enormemente. Hasta ya bien entrado el siglo XX la tecnificación en el movimiento de la carga era casi nula, y la mayoría del esfuerzo se hacía por tracción humana. El 21 de abril de 1881 se inauguró el ferrocarril de vía angosta, siendo un honor que le correspondió al administrador de la aduana, Pedro Galván; pero los trabajos se fueron alargando, llegando hasta la capital del estado hasta 1889. Con ello, aumentó mucho el movimiento de carga portuaria, y el trabajo para quienes movían la carga, también aumentó. El rompeolas es concluido en 1916, con lo que los barcos podían acercarse con mayor seguridad y tranquilidad a los muelles. El puerto sigue creciendo sin parar.

El 23 de mayo de 1919, se funda la Unión de Estibadores y Jornaleros del Pacífico, CROM, del Puerto de Manzanillo, a instancias de Higinio Pérez Ochoa, agente consignatario de buques y presidente municipal en ese tiempo. Se recuerda que el primer reloj público que hubo en Manzanillo estuvo en la casa de los estibadores sobre la calle Juárez. El 13 de febrero de 1921, por motivos políticos, es asesinado en la estación del ferrocarril el fundador de la unión de estibadores, Higinio Pérez. Un día después, como todo un acontecimiento, gran número de porteños, sobre todo estibadores y sus familias, se congregan en el entierra del fundador de la CROM, el cual se verifica en el cementerio a la salida de El Colomo (por la calle de El Crucero). Los estibadores, desde luego, iban al frente del cortejo, y junto al ataúd, el estandarte de la central obrera. Muchos en el cortejo iban llorando.

En 1933, la Confederación General de Trabajadores convocó a la unificación de los sindicatos independientes del puerto de Manzanillo en la escuela Miguel Hidalgo, surgiendo el Gremio Unido de trabajadores de Mar y Tierra, con el que, a partir de 1935 empiezan conflictos con los estibadores de la CROM.El 13 de noviembre de 1935, debido a esta tensa situación, se realizó una reunión en punto de las 10 de la mañana en el Hotel Miramar, entre los afiliados a la CROM y a la CTM, la cual fue presidida por Cándido Aguilar, para tratar de conciliar el asunto de manera interna, pero las diferencias eran tan grandes, que no se llegó a ningún acuerdo. Esto dio pie a un conflicto muy largo de reseñar, que causó violencia, heridos, enemistad y hasta muertes, además de perjudicar la actividad portuaria en Manzanillo, el cual duró hasta casi la finalización de los años treinta, y que incluso fue noticia a nivel nacional en los medios informativos de la época.

El líder de la Crom en todos los puertos del Pacífico mexicano, Domingo Ramírez Chávez, siendo a su vez alcalde de Manzanillo, le da un gran beneficio al puerto del entonces, al donar la totalidad de su sueldo como presidente municipal para la construcción del puente de madera en la laguna de San Pedrito, lo cual les es posible hacer, ya que tenía otras importantes entradas de dinero, como líder de los estibadores de la amplia faja antes mencionada.

En 1965, Malcolm McLean realiza un invento que facilitaría mucho la carga, que fue el contenedor metálico, tanto tipo TEU –medida más popular, como en otras dimensiones, con lo que se dejaron de usar los sacos y cajas tradicionales. Al poco tiempo de su creación e implementación los containers empezaron a usarse en Manzanillo. Esto mejoró considerablemente las condiciones laborales de los estibadores porteños, ya que hasta antes de estos eran verdaderamente cargadores, que en ocasiones se metían al agua con su carga en hombros, y generalmente colocaban un tablón entre el muelle y el barco donde iban a trabajar en la carga y descarga, y haciendo equilibrios, y con la carga a cuestas sobre la espalda, hacían su tarea con una sorprendente velocidad y gran fatiga. Esto puede verse representado gráficamente para quienes no lo vimos, en la escultura del Estibador, obra de Rubén Hernández, que se ubica en zona de La Perlita.

El 9 de agosto de 1971, se habilita el Puerto Interior de San Pedrito, con la entrada del buque Salvada que lo estrena, y el trabajo de la estiba se concentra mayoritariamente ya ahí; aunque continúa un porcentaje de labor en el muelle fiscal. Durante los años setentas y ochentas, el auditorio de la CROM, ubicado en su antiguo edificio sede, se convirtió en el principal espacio para eventos culturales, cívicos, escolares, políticos y artísticos de la ciudad, debido a su amplitud, ubicación, servicios y acústica. Llamaba mucho la atención el tener recubrimiento de mármol en sus paredes, y acabados de madera de buena calidad en el estrado.

Cecilio Lepe Bautista dirigió los destinos de la CROM por más de 50 años, por lo que nadie en Manzanillo y el puerto lo olvida.

En  el descanso de la escalera del viejo edificio, todavía en excelentes condiciones, un poco antes de llegar a la segunda planta, se halla un mural muy interesante, el cual está dividido claramente en tres partes, a modo de un tríptico; pero aquí se trata de una sola pintura, sobre un mismo tema, y sobre una misma barda. Este mural nos muestra la evolución del trabajo de la estiba, de la carga de la mercancía en el puerto, a través de los años y las décadas. Abarca un período muy amplio, muy bien representado, con pasajes muy ilustradores de esta actividad, que a su luz se entiende lo ligada que ha estado siempre al desarrollo de nuestra ciudad y puerto. La primera etapa se dice que comprende de 1919 a 1939. El escenario es El Playón, que se ve que era todo de tierra aplanada, y hay un pequeño y endeble muellecito de madera. Hasta ahí se ve que llega un lanchón con carga, y desde a bordo unos trabajadores se la pasan a los cargadores, los estibadores, quienes se los ponen a la espalda y los amarran por medio de unas tiras como de cuero, que van sujetas a la cabeza firmemente. El trabajador portuario va casi desnudo, sin camisa, con una gruesa faja alrededor del estómago y la cintura, luego un pantalón arremangado o cortado hasta casi las rodillas, y calzado con huaraches. Trabaja así bajo el ardiente rayo del sol. Al fondo, se observan los sectores muy poco poblados, sólo con unas cuantas casitas de madera, y el resto del cerro cubierto con una vegetación muy agreste. Son La Cruz y El Vigía. La segunda sección corresponde a los años 1940 a 1964. Ahí ya se ve que el trabajo se hace sobre piso firme, de material, concreto. El trabajador va vestido con su camisa y pantalón, zapatos cerrados y se cubre del sol con un sombrero rústico de ala pequeña (no de campesino). No se aprecia que lleve faja alguna. Se auxilia para su labor de mover la carga con algo semejante a lo que hoy conocemos como diablito, muy rústico, muy grueso, tosco, a base de madera. Tiene unas ruedas grandes y resistentes, y sobre él se mueve ahora la carga, no sobre la espalda. El estibador está llevando su carga a embarcar en un vagón de tren carguero, perteneciente a la ya desaparecida paraestatal Ferrocarriles Nacionales de México. En la tercera y última etapa representada, que va de 1965 a 1975, ya se observa al trabajador portuario usando maquinaria moderna; más precisamente un montacargas, en el cual está movilizando una caja de madera muy rústica, muy diferente a los actuales contenedores o TEUS –mucho más pequeños y toscos-, pero que ya daban una utilidad relativamente parecida. Se observa detrás del montacargas el muelle fiscal, dando a entender que esa carga la acaba de descargar de un buque atracado ahí, el cual se puede ver como un barco moderno, al que se le alcanza a ver el nombre de Hosenger, aunque sus dimensiones son mucho más reducidas a cualquier barco mercante de los que en nuestros días arriban a Manzanillo.

Al parecer, la pintura, según recuerdan algunos cromianos, se realizó y entregó en el año de 1976. Llamaba mucho la atención de todos los que asistían, el hermoso mural de grandes dimensiones que se ubica en la parte posterior de la nave, donde queda plasmada la historia de los estibadores del puerto de Manzanillo a lo largo del Siglo XX, obra del artista manzanillense por adopción, Carlos Escobar León. Hoy los estibadores se han tecnificado, y saben mover equipo sofisticado y modernas grúas, algunas, como las de pórtico, que son enormes. No se entendería el desarrollo de Manzanillo sin los estibadores y jornaleros de la CROM. Gracias a ellos existimos y hemos alcanzado la importancia que tenemos como puerto.

Actualmente, el líder de los estibadores porteños es Gustavo Larios, quien representa a los trabajadores portuarios de Manzanillo y vela por sus derechos ante las empresas de este ramo, que es la principal vocación de nuestro municipio, continuando con la política de privilegiar una buena relación con estas, manteniendo la paz laboral, que hace que nuestra terminal sea la principal del país, posición en la que se ha mantenido desde hace varios años, logrando que Manzanillo, a diferencia de otros puertos, conjure cualquier amenaza de huelga, y mantenga la paz y tranquilidad en sus muelles y patios.