El 21 de julio de 1862, una embarcación llamada Golden Gate (Puerta de Oro), perteneciente a la afamada línea Pacific Mail Steampship Company (a quienes los porteños antiguos bautizaron como La Mala del Pacífico), salió de San Francisco, California, en los Estados Unidos de Norteamérica. Era un barco muy moderno y lujoso para la época, que poseía puertas hechas a base de oro, que se movía a vapor, con aspas o paletas en las bandas.
Su partida se dio en el marco de la Guerra Civil norteamericana, el Norte contra el Sur, por la cuestión de la esclavitud. El navío a vapor tenía como destino final de su áureo cargamento a Nicaragua, en Centro América, y aunque era un buque de pasaje, que hacía la ruta hasta Panamá, su principal objetivo era el transporte de importantes valores bajo responsabilidad de la compañía Wells Fargo, que iban a servir de mucho durante aquella guerra intestina que se celebraba al norte del Río Bravo. Con ello se subvencionarían muchos gastos de la Guerra de Secesión.
EL FUEGO CONSUMIO EL BARCO RAPIDAMENTE
Como por aquellas fechas aun no funcionaba el Canal de Panamá, desde aquel punto, Nicaragua, se iba a trasladar el oro que se descargaría del SS Golden Gate, para transportarlo en mulas hasta la costa atlántica, y de ahí volverlo a subir en barco hasta Nueva York.
El barco descendió por el litoral pacífico, pero en las cercanías de Manzanillo, concretamente frente a Playa de Oro, a poca distancia de Cihuatlán, a las 2 y media de la tarde del domingo 27 de julio, la embarcación sufrió un incendio repentino y fuerte, que se originó en los hornos de la panadería del buque, y no en las calderas, por lo que alertados tarde de lo que sucedía, sólo alcanzaron a escapar con vida muy pocos pasajeros de los que llevaba la nave del Capitán W. H. Hudson, antes de que se hundiera un poco antes de las 5 de la tarde, es decir, muy rápido.
Hay que recordar que el Golden Gate pertenecía a una de las flotas de vapores más veloces de su tiempo, viajando a una velocidad promedio de 12 nudos, por lo cual fue utilizado para la importante misión. Traía a bordo, según algunos registros, a 388 personas, entre pasajeros y tripulación, de los que sobrevivieron 213; pasajeros sólo eran 134, de los que sobrevivieron la escasa cifra de 33; sin embargo, hay otras versiones que hablan de que llevaba 500 pasajeros.
Algunos mencionan que la nave llevaba además 1.4 millones de dólares en oro, otras fuentes señalan que era un poco más. Estaba en funcionamiento desde 1851, y hacía esa ruta en 11 días. A pesar de que el incendio se iniciara un poco después de las 2 y media de tarde de la tarde, como ya se mencionó, fue hasta después de las 4 y media que se avisó a los tripulantes y pasajeros que, como se acostumbra en los barcos, se disponían a cenar temprano. El mismo capitán Hudson se encontraba alistándose a cenar.
El fuego se vio fuera de control por la galera a popa y fue hasta entonces que empezó el desalojo, muy tarde para muchos, a pesar de que se intentó sofocarlo, porque el barco estaba equipado con bombas.

Hundimiento del Golden Gate.
LUCHA CONTRA EL MAR EMBRAVECIDO EN ENDEBLES EMBARCACIONES
Fue entonces que se lanzaron los botes salvavidas para empezar a salvar a las personas. Los tripulantes se lanzaban por encima de la barandilla con los chalecos salvavidas puestos. Los botes salvavidas llenos de sobrevivientes no supieron como orientarse correctamente hacia Manzanillo, que en los reportes de la época en diarios norteamericanos era llamado Manzanilla, por lo que tardaron en llegar a puerto 20 horas.
Un reconocido escultor italiano J. Enba, quien era famoso por su arte en San Francisco, se salvó aferrado a uno de los botes salvavidas que lo remolcó hasta el puerto, ya que no alcanzó lugar a bordo. Un primer oficial, de nombre Matthew Nolan, se distinguió por su conducta heroica en el salvamento de muchos que flotaban a la deriva, ya que quedó a cargo de uno de los botes salvavidas, y cuando por fin encontraron rumbo para llegar a Manzanillo, cerca de la medianoche, los náufragos a bordo de los endebles botes se toparon con una tormenta que estuvo a punto de hacerles perecer.
Por cierto que por mucho tiempo, hasta un año después, los lugares siguieron encontrando cadáveres procedentes de aquella desgracia. También se reportó por aquellos años después de la tragedia, que el mar arrojó a la orilla buena parte de la riqueza del naufragio, que hasta la fecha despierta la codicia de muchos cazatesoros, y también se han encontrado en la playa restos de la nave.
Tuvo tanta repercusión en su época este terrible accidente marítimo, que cuando se inauguró el puente Golden Gate, en 1937, se le puso este nombre en honor al buque hundido 75 años antes, según algunas versiones; aunque otras dan otro origen al nombre.
RIQUEZAS BAJO EL MAR
En 2009, la compañía Odissey Marine Exploration, que se dedica a recuperar tesoros marinos por todo el mundo, solicitó y consiguió permiso del Instituto Nacional de Arqueología e Historia, para tratar de rescatar las riquezas que todavía pudieran estar sumergidas en esa playa dorada, cerca de donde hoy está el Aeropuerto Internacional de Manzanillo.
Aunque ha habido muchas acciones de intento de rescate del tesoro, la mayoría de ellas promovidas por norteamericanos, una de las primeras de las que se tiene alguna noticia, aunque no muy clara, y que se sabe tuvo resultados exitosas, estuvo financiada por capitales locales, al asociarse Heliodoro Trujillo y Ponciano Ruiz.
En el Museo de Bellas Artes de San Francisco se conserva una impresión de Currier & Ives, sobre el incendio del Golden Gate, hecho a los pocos meses de la tragedia. Algunos sobrevivientes del hundimiento escribieron relatos de su experiencia, los cuales desafortunadamente nunca se han publicado traducidos al español.
LA BARCA DE ORO
El escritor y músico jalisciense, Arcadio Zúñiga y Tejeda, quien participó culturalmente de forma muy activa en el occidente mexicano, y vivió por muchos años en la capital de nuestro estado, donde fungió como director y fundador del periódico El Correo de Colima, compuso la clásica melodía del cancionero popular mexicano, La Barca de Oro, que lo mismo se toca como bolero que como ranchera, basándose en la historia del Golden Gate, que en verdad era una Barca de Oro, tanto por su carga, como por parte del material con que estaba construido.
Cuando él buque se hundió, Zúñiga tenía sólo ocho años, pero la historia de su tragedia era tan popular en el siglo XIX, que todo mundo la contaba en el occidente del país, como si hubiera conocido ayer. La letra parece hablar de un amoroso marido, seguramente un californiano, que se despide de su mujer para hacer una larga travesía en barco (La barca de oro), y que al partir presiente que nunca más la volverá a haber. Hace una vaga referencia a la tragedia, al dar a entender que su cadáver no será hallado (no volverán tus ojos a mirarme) y al ahogamiento en el mar (voy a aumentar los mares con mi llanto).
Era considerada una canción muy triste, tanto que mucha gente por esa época, lloraba al escuchar la letra de aquella despedida. Pese a ser una canción tan cortita, por todo lo que trae detrás, se hizo una imprescindible de la lira regional y más tarde nacional.
“Yo ya me voy
Al Puerto donde se halla
La Barca de Oro
Que debe conducirme.
Yo ya me voy;
Sólo vine a despedirme.
Adiós, mujer,
Adiós, para siempre adiós.
No volverán
Tus ojos a mirarme,
Ni tus oídos
Escucharán mi canto.
Voy a aumentar
Los mares con mi llanto.
Adiós, mujer,
Adiós, para siempre adiós”.

Muelle construido para recuperar un tesoro perdido hace mucho tiempo.