Encuentran restos de sociedades prehistóricas desconocidas


El estudio muestra que, incluso en tiempos tan remotos, el sentido de pertenencia a un grupo jugó un papel crucial en cómo los humanos se adornaban, una tradición que sigue viva hoy en día.

Desde tiempos remotos, los humanos han utilizado adornos personales, como joyas, para expresar su identidad y estatus social. Esta tradición data de hace al menos 140.000 años, y ahora, gracias a la tecnología láser LIDAR, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Burdeos ha revelado la existencia de nueve culturas prehistóricas hasta ahora desconocidas en Europa.

El punto central de estos nuevos hallazgos es el tecnocomplejo gravetiense, una cultura que floreció durante el Paleolítico Superior, hace unos 34.000 a 24.000 años, en plena última Edad del Hielo. Este periodo estuvo marcado por un clima más frío, y durante él, los primeros humanos modernos en Europa elaboraron una variedad de adornos personales que ahora ocupan un lugar clave en esta investigación.

La costumbre de utilizar adornos, especialmente cuentas, se popularizó hace unos 45.000 años, marcando el comienzo de una creciente diversidad en las tradiciones ornamentales por todo el continente europeo. Este fenómeno proporcionó a los investigadores una valiosa oportunidad para estudiar cómo los adornos reflejaban las afiliaciones culturales y sociales de los grupos prehistóricos.

Los arqueólogos examinaron más de 100 piezas de joyería prehistórica, descubriendo que la realidad de la época era mucho más compleja de lo que se pensaba. Utilizando una combinación de análisis estadísticos multivariados y geoespaciales, crearon una base de datos que reveló patrones de variabilidad ornamental y cultural en los cazadores-recolectores de Europa. A través de estos métodos, los investigadores pudieron determinar cómo la distancia geográfica influía en la diversidad cultural de las poblaciones gravetianas.

Los gravetienses, conocidos por su destreza artesanal, emplearon una variedad de materiales para crear sus adornos, tales como conchas, ámbar, huesos, marfil, dientes de diferentes animales e incluso piedras preciosas como el azabache. Se identificaron hasta 134 tipos de cuentas diferentes, que varían en formas y tamaños, desde figuras que imitan colas de pescado hasta representaciones de búhos.

En la prehistoria, el uso de materiales naturales para crear joyería también muestra una conexión profunda con la naturaleza. Las personas elegían materiales que les eran accesibles, como dientes, huesos, conchas o piedras preciosas, a menudo por su belleza natural o por el simbolismo que atribuían a ellos.

Al combinar datos de joyas prehistóricas con información genética, los científicos identificaron la existencia de nueve culturas distintas dentro del período gravetiense. Este hallazgo es significativo porque indica que la variabilidad en los adornos no solo respondía a la geografía, sino también a distintas identidades culturales. A pesar de sus diferencias, los grupos intercambiaban estilos de adornos, lo que sugiere que las fronteras culturales eran permeables.

Las joyas no solo eran símbolos de estatus, sino también una forma de comunicación. Por ejemplo, las conchas marinas, ampliamente utilizadas como adornos, eran transportadas grandes distancias, lo que cuestiona la idea de que su presencia en ciertas zonas se debía a la dificultad del transporte. Este fenómeno refuerza la idea de que los grupos gravetianos estaban fuertemente ligados a su sentido de pertenencia cultural.