Por sexto día consecutivo, Japón lucha contra el mayor incendio forestal registrado en las últimas tres décadas. El siniestro, que inició el pasado 26 de febrero en la ciudad de Ofunato, prefectura de Iwate, ya ha consumido 2,100 hectáreas y se extiende sin control hacia zonas cercanas a Sanriku, poniendo en riesgo a más comunidades.
Las autoridades locales ordenaron la evacuación de 1,197 personas, quienes fueron trasladadas a 12 refugios temporales. La lucha contra las llamas ha movilizado a 1,700 bomberos de 453 departamentos de todo Japón, con el apoyo de helicópteros de las Fuerzas de Autodefensa. A pesar de los esfuerzos, la sequía que afecta la región desde el 18 de febrero ha favorecido la rápida propagación del fuego.
El portavoz del gobierno japonés, Yoshimasa Hayashi, declaró que las labores de extinción son la prioridad, al tiempo que se garantiza la seguridad de los residentes. Sin embargo, el balance de daños sigue en ascenso: hasta el momento se reporta una persona fallecida y 84 hogares destruidos, aunque las cifras podrían aumentar una vez que se logre controlar el siniestro.
Las temperaturas en la región han descendido bruscamente en las últimas horas, pero la falta de humedad sigue representando un desafío para los equipos de emergencia. La situación ha evocado recuerdos del devastador terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011, que arrasó la misma zona y dejó más de 500 muertos o desaparecidos.
“Parece como si el tsunami viniera por delante y el fuego por detrás. Espero que el fuego se apague rápidamente para que no se extienda más”, expresó un hombre de 70 años a la cadena NHK, recordando la tragedia de 2011.
El desastre también ha afectado el calendario educativo, obligando a modificar los exámenes de acceso a las escuelas secundarias de la prefectura, programados para el 5 y 6 de marzo.
Mientras el país entero observa con preocupación, los bomberos redoblan esfuerzos para contener las llamas y evitar una tragedia aún mayor.
