La República Democrática del Congo (RDC) es una nación inmensamente rica en recursos naturales, pero su población sigue sumida en la pobreza y la violencia. Desde principios de 2025, la situación en el este del país se ha deteriorado drásticamente debido a los enfrentamientos entre el ejército congoleño y el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23), que ha tomado el control de varias ciudades estratégicas. Como resultado, más de 600,000 personas han sido desplazadas y la crisis humanitaria se ha intensificado.
Las provincias de Kivu del Norte, Kivu del Sur e Ituri son las más afectadas por la violencia. En estas regiones, la falta de acceso a servicios básicos y la inseguridad han dejado a la población en un estado de vulnerabilidad extrema. Las mujeres, en particular, enfrentan altos niveles de violencia sexual, siendo utilizadas como arma de guerra. Además, muchas de ellas trabajan en minas en condiciones precarias, expuestas a explotación y sin formación adecuada.
La riqueza mineral del país, en lugar de impulsar el desarrollo, ha exacerbado el conflicto. La RDC posee entre el 60% y el 80% de las reservas mundiales de coltán y el 50% del cobalto global, minerales esenciales para la tecnología moderna. Sin embargo, esta abundancia ha atraído a grupos armados que luchan por su control, desplazando a comunidades enteras y empujando a millones de personas a la pobreza extrema. Según el Banco Mundial, la minería representa el 25% del PIB congoleño, pero el 73% de la población vive en condiciones de pobreza.
Uno de los aspectos más polémicos de la crisis es la supuesta implicación de Ruanda en el conflicto. La RDC, junto con la ONU, la Unión Europea y Estados Unidos, ha acusado al gobierno ruandés de apoyar al M23 y facilitar la exportación de minerales extraídos en zonas controladas por los rebeldes. Informes de la ONU sugieren que entre 2,000 y 3,000 soldados ruandeses han ingresado al territorio congoleño, algo que Kigali niega rotundamente.
A pesar del panorama desolador, organizaciones humanitarias continúan trabajando en el país. Manos Unidas, en colaboración con las Hermanas del Buen Pastor, ha desarrollado un proyecto en Kolwezi para apoyar a mujeres que han perdido a sus esposos en accidentes mineros. A través de programas de capacitación y seguridad alimentaria, buscan mejorar la calidad de vida de estas trabajadoras y sus familias.
Desde 1972, Manos Unidas ha ejecutado más de 60 proyectos en la RDC, beneficiando a más de 223,000 personas en áreas como educación, salud y acceso al agua. Sin embargo, el desafío sigue siendo enorme, ya que más de 25 millones de personas padecen hambre debido a la inestabilidad y el desplazamiento forzado.
La RDC sigue atrapada en un ciclo de violencia alimentado por la lucha por sus recursos, dejando a su población a merced de un conflicto que parece no tener fin.
