Con profunda tristeza he venido observando que las antes emotivas y patrióticas ceremonias del denominado Grito de Independencia, que la noche del 15 de septiembre de cada año, se desarrollan en todos los pueblos, cabeceras municipales, palacios de gobierno estatales y en Palacio Nacional, vienen de más a menos; hace por lo menos 60 años que he asistido como observador a estas celebraciones, en diversas localidades, municipios, capitales de varios estados y en alguna embajada que me tocó asistir en uno de los viajes al extranjero; solo una vez, en mi etapa juvenil, me correspondió presenciar el tradicional grito, perdido entre la multitud de personas, en la grandiosa explanada del Zócalo capitalino en la CDMX, en el año de 1969, en compañía de Abel Salgado Velasco y Roberto Ánzar Martínez, los tres dirigentes nacionales de la Vanguardia Juvenil Agrarista.
Recuerdo que, en una colaboración periodística alusiva a esta fecha, titulé mi columna con el nombre de “El origen del Grito”, cuya investigación compartí y ahora lo hago con mis lectores. Fue el gran estratega militar y visionario estadista José María Morelos y Pavón, quien al final de la presentación de “Los Sentimientos de la Nación”, el 14 de septiembre de 1813, durante las deliberaciones del Congreso de Anáhuac, en la población de Chilpancingo, hoy estado de Guerrero, determinó en dicho documento en su punto “23º Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre, todos los años, como el día que se levantó la voz de la Independencia, y nuestra Santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída: recordando siempre el mérito del grande Héroe el señor Miguel Hidalgo y su compañero Don Ignacio Allende”. (Trascripción íntegra del original manuscrito conservado por el Archivo General de la Nación)
Hasta allí no había duda del nacimiento de una festiva fecha patriótica que fue tomando auge hasta volverse conmemoración nacional. El Grito de Dolores, no ocurrió precisamente a las 11 de la noche del día 15, ya que el hecho sucedió en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando Miguel Hidalgo y Costilla llamó a los mexicanos a levantarse contra el dominio de los españoles peninsulares, con el grito de “Muera el mal gobierno. Viva Fernando Séptimo”. No obstante, la celebración se realiza la noche del 15 de septiembre desde la época de Porfirio Díaz, creando la tradición que se mantiene hasta hoy en las plazas de todo México y en los balcones de los edificios de los gobiernos municipales, estatales y en Palacio Nacional.
Como se menciona en supra líneas, fue Porfirio Diaz quien instauró el día 15 de septiembre a las 11 de la noche, a su conveniencia personal, denominándolo como “el grito de Dolores”, cosa que en la realidad no ocurrió, como lo afirma el reconocido historiador Enrique Krause, “fue un capricho de Porfirio Díaz, que se volvió tradición cívico patriótica convirtiendo la noche de esa fecha en un auténtico espectáculo. Mas que una ceremonia cívica, que lo era, fue toda una celebración cuidadosamente planeada para proyectar la grandeza de su gobierno.”
Es a partir de 1896 cuando se realiza la ceremonia del grito la noche del 15 de septiembre por primera vez, año en que se traslada la histórica campana de Dolores a Palacio Nacional, ceremonia donde se ofrecían suntuosos banquetes, más para celebrar el cumpleaños de Díaz en esa fecha, que en homenaje a un grito que no se dio en ese día, festejado entonces con vistosos fuegos artificiales, y alegre música para la elite política y social, donde el presidente Díaz se colocaba como gran protagonista de una fiesta, que en el fondo era para celebrar su cumpleaños.
Este este entramado político, no solo sirvió para elevar su popularidad, sino que fue consolidando la costumbre del “grito en la noche del 15” que, con el paso de los años, en el Siglo XX, dejó de vincularse con su persona y pasó a formar parte de la más importante fecha del calendario cívico mexicano.
Con López Portillo, se inició el agregado de personajes de la insurgencia y, a partir de entonces cada presidente le fue sumando a la arenga cívica hechos, situaciones o definiciones ajenas a los protagonistas de 1810, hasta ocurrencias de mandatarios nacionales o estatales
En Culiacán, Sinaloa, de plano suspendieron la ceremonia aduciendo proteger la seguridad de los asistentes, pero en la realidad fue para evitar la rechifla al pésimo gobernador Rubén Rocha Moya. Aquí en Colima, no solo se mencionó a los héroes que nos dieron patria y libertad; Indira gritó: ¡Viva la gente que teje paz! … (en el lugar más violento del mundo) y otras frases ajenas a la fecha como; ¡Vivan la igualdad y la inclusión!, solo por citar algunas de las de su larga arenga. Lo cierto es que ya se perdió el fervor patriótico y hay apatía de la juventud, desde el uso del internet.
