Para que no saluden con sombrero ajeno
-A medida que se va aproximando el mes más bonito del año, aumenta también el altruismo; así que, no sería raro que algunas empresas, escuelas, instituciones, etc., empiecen a solicitarle a la población donativos, como juguetes, ropa abrigadora, alimentos, etc., actitud que está muy bien; no estoy para nada en contra de eso, al contrario, qué bueno que haya ese tipo de ayuda, y más, en el mes que más duele no tener un juguete, un abrigo, un regalo o alguna comida especial para Navidad o Año Nuevo.
Pero, lo que sí no se vale, y es precisamente de lo que quiero hablar este día, es que esas empresas, escuelas o instituciones, a la hora de repartir los donativos lo hagan como si fuera algo totalmente de ellos, cuando en realidad lo da la gente, el pueblo que, de todo corazón, colaboró; y, si se ofrece, los que recaudaron todos esos regalos tal vez ni hayan aportado nada.
Esto, creo que no debe valerse. Por eso, siempre será mejor que todo donativo se dé de manera personal o familiar a quien se considere pertinente beneficiar. Es decir, si usted quiere llevar juguetes a la zona alta de Manzanillo, procure llevarlos usted mismo y repartirlos usted mismo.
Si es posible y tiene niños, lleve esa donación junto a sus hijos para que ellos experimenten en carne propia el dar a otros niños que están necesitados de ese regalo, o pueden también organizarse como colonia.
Inclusive, aparte del juguete, puede llevarles ropa que tal vez ya no use su familia, pero que está en buen estado.
Ahora bien, si es de los que va a participar en alguna convocatoria de alguna empresa, escuela o institución, trate de poner con un plumón de aceite algún mensaje que denote que ese artículo fue dado por usted; algo así como familia fulana o zutano de tal.
O haga que sus hijos dibujen algo, para evitar que otros se adornen, saludando con sombrero ajeno.
Muchos han sugerido que estos mensajes escritos con tinta de aceite se hagan cuando se donan alimentos no perecederos después de una tragedia, para evitar que se acumulen, y al rato se anden repartiendo en campañas políticas.
Pero, creo que también se debe hacer durante el mes de diciembre, porque, como dije en líneas atrás, no se vale que la población sea la que verdaderamente done, y a la hora de repartir se adornen las empresas, escuelas o instituciones; dando a entender que todo salió de ellos
Hay mucho desánimo en el dar, porque en el pasado ya han ocurrido ciertos detalles que han hecho que la gente sea menos generosa; una de esas anécdotas sucedió allá a principios de este siglo, después de haber ocurrido un tsunami en el sudeste asiático.
En Manzanillo se hizo una colecta de alimentos no perecederos, de higiene personal y para limpieza general.
La convocatoria en Manzanillo se hizo a través de una dependencia municipal de gobierno de aquellos entonces, en el kiosquito del jardín principal, Álvaro Obregón.
No se me olvida que el Pastor de la iglesia donde me congregaba en ese entonces nos invitó a participar en ese llamado, logrando juntar una gran cantidad de los artículos solicitados, y muy gustosos y contentos llevamos todo eso al centro de acopio en mención un domingo, después de haber terminado un servicio, al igual que muchas otras personas que también llevaron sus donativos.
Se había anunciado que todo lo acumulado del país, por el lado del Océano Pacífico, lo llevaría el barco de la SEMAR denominado Usumacinta, por lo que ese navío estaba atracado exactamente frente al centro de acopio establecido en Manzanillo para tal fin, con las letras Usumacinta bien visibles, ya no se diga el barco.
Unos cuantos días después el barco partió y todo lo acumulado en Manzanillo aquí se quedó.
Por supuesto que hubo reclamos por parte de los porteños, que los hicieron con justa razón, y, ante la gran molestia, se dio como respuesta un: Se nos olvidó, encendiendo el enojo aun mayor de la población, pues muchos dijimos: Eso no se pudo haber olvidado con tamaño barcote a un costado del centro de acopio.
Se comprometieron a hacer llegar todo eso a los damnificados asiáticos, pero, a decir verdad, no supimos que pasó; lo que sí fue seguro es que a los porteños nos causó un desánimo muy grande en cuanto a aportar en este tipo de convocatorias.
El trauma nos duró por muchos años, y, cuando se ofrecía volver a donar para alguna otra tragedia, todo mundo entre la población decíamos: Yo ya no doy nada, porque, ¿y si se les olvida entregarlo? Esa expresión quedó tatuada en los porteños.
Han pasado mucho tiempo de lo relatado, y poco a poco la generosidad volvió a surgir en los porteños.
Se dice que del pasado hay que aprender, y por eso es que ahora se sugiere que a todo se le escriba alguna frase con un plumón de aceite antes de entregarlo en donación.
En el caso de lo dado en diciembre, se sugiere poner el nombre de la familia, ya de perdis un apellido, con su puño y letra y con plumón de aceite, subrayo.
Pues, esta es mi sugerencia con respecto a las convocatorias que se hacen para dar al que menos tiene; ahora que, si usted sabe de alguien en su propio barrio, colonia o calle, llévele ayuda, y así le constará que ese donativo llegó directamente a las manos de quien usted sabe que lo necesita.
Porque, los necesitados no solamente están en las zonas apartadas; muchas veces están más cerca de lo que nos imaginamos: Tal vez sea su vecino, a lo mejor un conocido, un amigo o quizá un familiar, que tal vez no exprese la necesidad que tiene; pero, que usted si la sabe.
