Alejandro Rangel Hidalgo


Cuquita de Anda

(Ultima de tres)

Poco después, con la complicidad de unos amigos poetas otros músicos, se dio a la tarea de exaltar el folclor mexicano, Rangel y sus amigos se sintieron preocupados ante la invasión  de un mundo de leyendas  extranjeras y totalmente desconocidas en nuestros medios, con personajes como son Santa Claus, los trineos los venados, la nieve. Buscaron suplir todo aquello por las cosas nuestras, autenticas, las  tradicionales pastorelas, los cantos de navidad, las posadas, el mundo mexicano de navidad con sus cielos azules, oscurísimos y sus enormes estrellas de invierno.

-Si se trataba de pintar un burrito dice Rangel- yo ponía un burrito de paja, que era lo que había visto en las ferias, en la juguetería mexicana. Y la Virgen peregrina, tenía un poco la facha de Virgen de Zapopan.

Un par de esos cuadros pintados por Rangel, fueron solicitados por la Unicef para la edición de tarjetas de navidad de esa temporada, don Alejandro los envió en una actitud solidaria para los niños del mundo, como lo hacían al mismo tiempo los fabricantes de papel, de sobres, las oficinas de correos que distribuían la publicidad gratuitamente; como antes lo habían hecho los artistas más prestigiados como Chagall, Picasso, Miró, etcétera.

Don Alejandro, en el año de 1963, impuso una cifra récord para ese entonces, sus tarjetas de navidad se convirtieron en las más  vendidas en todo el mundo. En agradecimiento, la Unicef le rindió un justo reconocimiento por la venta de ocho millones de dólares por el par de tarjetas de navidad de aquel año. No hubo hogar mexicano que no recibiera  una de esas tarjetas por aquellos  tiempos; la identidad es inmediata y a partir  de entonces las ediciones se multiplican y se realizan más de 200 tarjetas diferentes  con temas siempre inspirados en las tradiciones mexicanas, de un colorido impecable y producto de una investigación profunda.

Pero es quizá  en artesanías Comala, donde don Alejandro Rangel realizó una de sus obras más importantes, no sólo en el aspecto artístico, sino en el social y educativo.- La escuela de artesanías fue una experiencia muy interesante- dice Rangel-, porque yo quise poner lo que sabía hacer al servicio de los que podían aprenderlo. Una de las cosas que me mortificaban mucho era que todos los carpinteros,  todos los artesanos que vivían de sus manos, eran gentes que se contaminaban de una vida perezosa y alcoholizada. Nunca cumplían con el trabajo entonces dicen ¿Cómo es posible que esas gentes que son representantes  de ese género tan importante del “homo faber” todos vayan a caer verticalmente  en el vicio y en la despreocupación?  En el “ahí se va”. Entonces había que enseñar a los carpinteros, y ahora son respetables carpinteros, respetables herreros y eso si logramos desterrarlo.

Las artesanías Cómala se convirtieron en una realidad; se consiguió un grupo de 300 artesanos en una escuela que se sostuvo con la venta de sus productos y sin recibir jamás un centavo de subsidio por parte del gobierno.

Recordemos a Miguel Anguiano Figueroa y sus hermanos artesanos sobresalientes, que trabajaron con él, hasta que falleció y con amor y cariño llevaban su trabajo y respeto bases que sembró el maestro en todos sus colaboradores.

Los muebles diseñados por Alejandro Rangel  pronto reclamaron  para sí su propia  identidad. Con el tiempo  se convirtieron  en los muebles estilo Colima, y con ese prestigio recorren el mundo decorando las embajadas de México en distintos países y hasta en la misma residencia presidencial de los pinos. Ese estilo Colima  se instaló desde hace tiempo en la nostalgia de las casas colimotas: los naranjos de las salas los crotos de los comedores, los soles y las lunas en cuarto menguante de la herrería  de las ventanas, las velas de algún kiosco, los faroles  con palomas y toda la artesanía impecable que Rangel y sus discípulos realizaron para el gusto de los colimenses.

Tuvo la ilusión de crear el departamento de diseño, pero no tenia estudios previos. Los muchachos que querían  estudiar artesanías  llegaban a aprender por hambre entonces no  podías darte el lujo de decirles; “vengan  por que les voy a hablar de la cultura mediterránea”. ¡Se dormían! Imagínate, muchachos  campesinos, que yo les empezara a hablar de vidrio de Murano; lo que querían era trabajar-.

En Nogueras, Alejandro Rangel Convive con el paisaje de su tierra, los volcanes, sus crotos, su árbol de guayabas, la música de un río que parece eterno  sus antigüedades y las yerberas maravillosas que crecen en su patio con la influencia mágica de alguna fórmula secreta. Desde ahí continua en espíritu con su fértil trabajo, con su pintura, diseñando carteles para alguna exposición como lo hacía, o evento internacional, o alguna estenografía  o el vestuario lo sentimos que deambula por los amplios corredores, trabajando  para el ballet de Colima; escenografía para el grupo Amado Nervo desde ahí  sigue terco, ensañando con su generosidad milenaria a los jóvenes, con todos sus recuerdos y con sus fantasmas que como él, habitan Cómala desde siempre, desde que el mundo se hizo tan verde y oloroso que recorre sin prisas los laberintos de una vida hecha de formas y de colores que sólo los grandes artistas  como don Alejandro pueden descifrar.

Porque estoy segura que sólo quien ha tenido una vida tan productiva se puede dar el lujo de definirse con infinita modestia:

 

Soy un artista menor, que ha tenido la suerte de ser llamado para ilustrar cosas de personas muy importantes”   

Don Alejandro Rangel Hidalgo a quien amo por la sensibilidad artística que tenía por su enorme sencillez y por hacer muchas escenografías para el grupo Amado Nervo, al igual que para el grupo de la Universidad, y para el mundo universal de teatro con sus fantásticas escenografías pasmadas en un libro de Wagner. Don Alejandro está presente en un sinfín de muebles y cuadros su arte se aferra y nosotros lo recibimos.