Alimento para el alma


Rebeca Mendoza Silis.-

 “Nunca permitas que las lágrimas de tu pasado, borren la sonrisa de tu presente”. Definitivamente es una tarea que por nuestro bien, hagámoslo hasta el último día de nuestra vida. Sonreír nos cambia nuestro estado de ánimo, porque  tristemente cuando vivimos una situación que no nos gusta y además nos causa dolor, nos permitimos cargarla por mucho tiempo y terminamos viviendo en automático y sin sentir, vamos viviendo totalmente bloqueados, en pocas palabras nos vamos enredando tanto en el dolor que parece no tener fin y digo parece, porque sólo en nosotros se encuentra la solución de que sea diferente y todos sin excepción tenemos un pasado que duele, en mayor o menor grado, aquí evitemos la competencia, porque hasta en eso se da.

Si el dolor de algunos ha estado más fuerte o más ligero que el de otros ¡eso qué importa! a cada uno nos toca vivir diferentes situaciones o circunstancias de acuerdo a nuestra evolución; además existen personas que de verdad su contexto es tan extremo que sorprende su actitud, amor y pasión ante la vida, la manera en la que enfrentan su vida es una invitación a quienes no nos encontramos en dichas circunstancias; me queda claro que son un ejemplo a seguir y por algo les tocó esa prueba tan fuerte, así que saquemos provecho de su ejemplo, que sin habérselo propuesto lo son.

Vivir constantemente en el pasado nos lleva a relacionarnos con todo lo que nos rodea, sólo de dientes para afuera, no nos entregamos completos y evitamos disfrutar lo que nos acontece en el momento, la mejor solución es comprender y sobre todo aceptar que el estar vivos inevitablemente nos llevará en algún momento dado a sentir dolor con ciertas situaciones de la vida, sin embargo, nosotros decidimos si lo agudizamos por no afrontarlo o lo aceptamos y trabajamos en ello.

 Existen personas que viven como si estuvieran muertas en vida, nada les motiva, nada les apasiona, ni les mueve, en pocas palabras les queda grande la vida y con esto sólo alargan el proceso de dolor que incluso llega a convertirse en un eterno sufrimiento; quedan totalmente bloqueadas sus emociones y sentimientos. No logran distinguir cuales son (enojo, culpa, miedo, resentimiento, tristeza, etcétera), al grado de dejar de disfrutar, lo que aún siguen teniendo. Dejan de sonreír, de apreciar cada momento de la vida, dejan de compartir desde el corazón con las personas que aún les rodean y se cierran a las que tal vez están por llegar. También se pierden de las cosas sencillas de la vida, que en algunas ocasiones se da por hecho que siempre se tendrán, si se dejarán de tener entonces se darían cuenta de su gran valor y del tiempo perdido; porque pudiera ser que ese momento, esas personas, ya no se repitan jamás.

 Lo mejor que podemos hacer es reconocer que algo nos duele, darnos el permiso de vivirlo y afrontarlo, y si tenemos que llorar ¡pues a llorarlo! eso nos permite seguir adelante y poder dar las gracias por lo que aprendimos de esa experiencia, y así dar paso a no permitir que esas lágrimas se conviertan en eternas y no poder disfrutar nuestro presente con una gran sonrisa.

Sí amable lector, cuando se sigue todo ese proceso, se puede llegar a dar las gracias a lo que en su momento nos dolió y lastimó, se llega a comprender que era necesario para crecer, cuando a mí me lo dijeron, la verdad no daba crédito y también  me costó trabajo creer que yo llegaría a reaccionar así un día, sin embargo trabajé en ello, porque era la única manera de comprobarlo, por eso lo comparto. Sé que no fue tan sencillo, ahora aquí puedo escribirlo, pero por ello fui averiguarlo, a sacar mis propias conclusiones y vivir la experiencia de todo aquello que me decían que podía darme una transformación. Lo que me dejó fue un gran descanso en mi alma, una manera de ver y percibir la vida muy distinta a la que tenía, esto no quiere decir que ya no me enfrente a situaciones que me cimbran, sin embargo ya sé que tengo que salir de mi área de confort y moverme a buscar nuevas herramientas o aplicar las que ya aprendí. Existe una infinidad de posibilidades, que no las conozcamos no quiere decir que no estén ahí para nosotros, eso nos lleva a ser cada vez más flexibles.

 Definitivamente es necesario hacer o mover algo en nuestra vida, si es que así lo queremos, para poder sanar y transformarnos y así poder seguir adelante en esta llamada vida, no existe otro camino ¿Qué es duro? Sí lo es,  cuando hacemos algo al respecto dejamos de  acumular lágrimas de tristeza, ya que éstas sólo nos impiden ver, además nubla nuestro presente y por lo mismo lo limitan, mejor aprendamos a disfrutar pese a todo lo que tengamos que vivir. Que tengas un excelente inicio de semana, lleno de hermosas bendiciones, recuerda que es nuestra responsabilidad cuidar de nosotros, con respeto y con amor. Tus comentarios a [email protected]