Alineación monumental de rocas en El Trapiche


 

Podría tratarse de un importante sitio de culto religioso, cívico o político, analiza arqueóloga de la Unam


Los secretos de la tierra volvieron a sorprendernos, esta vez, en un camino antiguo de la población de El Trapiche, en Cuauhtémoc, Colima. Me refiero a una alineación de 81 metros de longitud, conformada por cuatro grandes rocas, lo que despertó mi interés en desarrollar un reportaje periodístico.

Desde hace casi año y medio ando por esos rumbos haciendo fotografía junto al fotoperiodista Jonathan Villa; ambos tenemos familiares en esta comunidad. Una tarde, al transitar por la carretera que va de El Trapiche a San Joaquín, antes de llegar al arroyo Las Cañas, percibimos a la derecha, un par de rocas que sobresalían del cañaveral y resaltaban extrañamente en el paisaje.

En los alrededores, hemos entregado al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) nueve reportes de petrograbados y uno de una tumba de tiro, así como localizado y registrado vestigios cerámicos, obsidiana y pedacera de metates en la zona, por lo que vislumbrábamos que el lugar había estado ocupado y que seguramente esas piedras no habrían pasado desapercibidas por aquellos antiguos pobladores.

 

LA INVESTIGACIÓN

El sitio está en una propiedad privada y está circulado con malla ciclónica, por lo que el diámetro de exploración para poderlas conocer es limitado. En algunas ocasiones las rodeamos para ir delimitando el área de estudio que se pudiera recorrer, observando cada detalle que nos proporcionara información.

Uno de esos días, desde el otro lado del río vimos que no eran sólo dos, sino tres grandes rocas en hilera. Ese simbolismo –estaba seguro– trataba de decirme algo. Esa tarde había serenado, se miraban hermosas entre los rayos del sol, misteriosas, desde esos terrenos accidentados, a unos 40 metros de distancia de ellas. Su visibilidad es condicionada a la época del año cuando el cultivo está bajo, por lo que tuvimos algo de suerte de percatarnos.

Pasamos muchos días por ese camino, tierra natal de mi abuela, la Sra. Guadalupe Chapula Mora (+), donde el paisaje siempre me recuerda a ella y yo la contemplo en el altar de mi pensamiento. Un buen día conseguimos permiso para acceder y por fin, entramos a la catedral de los monolitos sagrados.

Era domingo en punto de las tres de la tarde, mi amigo Jonathan y yo llegamos al portón del rancho y nos dejaron pasar. Debo confesar que a los parceleros se les hacía extraño que tuviéramos interés en ver unas piedras pues no le encontraban el interés. En el campo reinaba el silencio y el canto de aves. Ya de cerca nos percatamos que tampoco eran tres, sino cuatro grandes rocas increíblemente alineadas, con el Volcán de Fuego de fondo entre las nubes.

Después de ese día nos permitían entrar al lugar ocasionalmente. Era un honor siempre ir al santuario. Hubo una temporada que las visitamos casi diario para observarlas a detalle, su entorno, realizar fotografía, video, coordenadas y medidas para recolectar el mayor número de datos para elaborar un reporte, el cual finalmente entregamos el 4 de marzo de 2021 a la delegación del INAH en Colima. Para todo esto es sumamente importante dejar siempre todo intacto y respetar el contexto para próximos estudios o rescates arqueológicos. A la fecha, he emitido 26 reportes relacionados a descubrimientos de interés histórico, abarcando fósiles marinos, grabados rupestres y hallazgos de la época prehispánica y colonial de Colima.

Otra interesante maravilla es que estas enormes piedras cuentan con grabados y oquedades en la parte superior, los cuales revelamos bajo una espesa capa de guía de espinas. En el México prehispánico, a las piedras grabadas como éstas se les conocía como ‘abuelitas’, ya que se les consideraba contenedoras de la sabiduría de la tierra. Este conjunto de rocas volcánicas alineadas se localiza a 26.5 kilómetros en línea recta al cráter del Volcán de Fuego de Colima.

La primera piedra (de Norte a Sur) mide 4.5 metros de alto, 4.5 m de grosor y 6 m de largo; 31.5 m la separan de la siguiente. La segunda mide 3.1 metros de alto, un grosor de 2.7 m y 5.2 m de largo y está a 26 m de la siguiente. La parte más alta de la tercera roca alcanza los 2.1 metros, 4.5 m de grosor y 6.2 m de largo; 28.5m la separan de la última piedra. Finalmente, la cuarta piedra mide 2.9 metros de alto, 4.1 m de ancho y 4.1 m de largo, aproximadamente. La alineación conformada por estas cuatro grandes rocas apunta al noroeste y mide en total 81 metros de longitud. Estas medidas fueron realizadas con cinta métrica y corroboradas con una aplicación digital pero no se descarta margen de error.

Las visitamos tanto de día como de noche para tratar de encontrar referencia con cuerpos celestes o relación con los cerros y lomas cercanas. Nos dimos cuenta que una de las rocas era guarida de un zorro. Las admiramos desde todos los puntos posibles; a nivel de piso, pero también con dron, éste maniobrado por el camarógrafo Marcelino Liñán. En una ocasión acudimos al lugar acompañados por un grupo interdisciplinario de amigos, entre ellos importantes artistas e historiadores; estuvieron el Mtro. Abelardo Ahumada, cronista e investigador, el cartonista Álvaro Rivera ‘Rima’, el escultor y Mtro. Mario Rendón y el Mtro. Marcelo Amezcua. En el Google Earth Pro las analicé año con año, en el archivo que tiene almacenadas más de dos décadas en imágenes satelitales.

Realizamos un sondeo en el área para conocer su historia. La zona envuelve misticismo y un sinfín de leyendas. Si el sitio fue referencia en el pasado muy probablemente también sea referencia hoy. Los pueblos también heredan ese tipo de dinámicas de generación en generación y posiblemente éstos sean vestigios intangibles que han sobrevivido hasta nuestros días de aquellas tradiciones de la antigüedad que aquí se desarrollaron.

Debajo de unas higueras, al lado de la alineación, hay un altar con una virgen porque dicen que hace mucho ahí se aparecía el diablo; también cuentan que a media noche salen nahuales ya que se les ha visto por el lugar. Se cuenta también que, entrada la madrugada, una mujer ronda estos rumbos portando un vestido color blanco típico de la época de la Revolución Mexicana y entra a una antigua construcción que le llaman la Hacienda Vieja. Allá al fondo está también el santo San José en piedra, que dicen que giró su cabeza una noche que le tiraron de balazos, entre otras historias de cristeros y tesoros, pues cabe mencionar que esta vía es Camino Real de Colima.

 

LA VISIÓN ARQUEOLÓGICA

Para sustentar la investigación periodística recurrimos a la arqueóloga Ligia Sofía Sánchez Morton, Licda. en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y Maestra en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) quien nos compartió interesantes observaciones sobre esta alineación de rocas en El Trapiche.

En entrevista comentó: “no conozco un contexto similar en Colima, con piedras tan grandes alineadas, por lo que seguramente están demarcando un espacio con cierta relevancia para los antiguos pobladores prehispánicos de Colima, posiblemente un sitio importante para su vida religiosa, cívica o política, y en tanto que existen evidencias de tumbas saqueadas en las inmediaciones, pudiera estar asociada a contextos funerarios. A partir de la analogía etnográfica con los grupos del Gran Nayar es posible interpretar estas piedras como monumentos pétreos, que entre otras cosas pudieron ser considerados ancestros petrificados, los cuales eran tenidos como “hermanos mayores” o deidades y que servían de puente comunicativo entre esta realidad y otros mundos”.

¿Cuál era su uso en la antigüedad?

“Mi propuesta es que son marcadores espaciales, pudiendo fijar límites territoriales o demarcar espacios específicos; señalizan el uso y la forma en la que se debe andar por ese lugar, pues su monumentalidad condiciona el movimiento. Considero que sí están demarcando un espacio que tenía un sentido especial para los antiguos pobladores del valle de Colima; quizá un lugar que se consideraba importante para realizar distintas actividades sociales; o un lugar de especial relevancia en términos agrícolas”.

¿Qué pudieran representar sus grabados?

“Los diseños presentes en la parte superior de las rocas son más bien abstractos, mostrando líneas ondulantes y oquedades, lo que es difícil asociar a una idea concreta; no considero que sean mapas del paisaje o ubicación de tumbas, más bien creo que estos diseños podían tener alguna función: las oquedades como contenedores de algún líquido o sustancia muy valorada en la época prehispánica; y las líneas empleadas como “venas” por las que circulaban éstas, o como evocaciones a monstros, pues tal como se puede interpretar en los diseños de vasijas y esculturas cerámicas, muchas veces las líneas ondulantes representan territorios acuáticos, o la piel de reptiles, asociados con las deidades de la tierra o del inframundo”.

¿Con qué fase prehispánica de Colima podrían estar relacionadas?

“Hasta ahora no hay forma de tener certeza de su cronología y aunque es casi imposible saber cuándo fueron alineadas y cuando se hicieron los petrograbados, considero que son atribuibles a las culturas que en Colima conforman la tradición de las tumbas de tiro en el: la cultura Capacha y la cultura tumbas de tiro, pues sí es una constante que se encuentren cercanas a las fuentes de agua, principalmente de las múltiples barrancas y arroyos que bajan del Volcán de Fuego y a los cementerios. Hasta ahora las hemos identificado como especialmente asociadas a la cultura tumbas de tiro, fechada entre los años 200 a.C. y el 200 d.C.

¿Cómo fueron alineadas y con qué propósito?

“Es difícil suponer que esta alineación de grandes rocas quedó así por un efecto natural geológico, lo que me lleva a suponer que fueron intencionalmente alineadas por los antiguos habitantes de este territorio a partir de planeación y trabajo comunitario. Dado que estas grandes rocas son comunes en toda la ladera del volcán e incluso hacia el valle de Colima, no me parece difícil suponer que las cuatro estuvieran ya presentes en ese espacio y que el esfuerzo puesto en moverlas estuviera enfocado en buscar que parecieran alineadas o estuvieran orientadas hacia algún punto del paisaje”.

 

EL ORIGEN DE LAS PIEDRAS

Ana Cecilia Cruz Vázquez, Licda. en Ciencias Ambientales y Gestión de Riesgos por la Universidad de Colima, nos compartió que “se trata de rocas ígneas, producto de la actividad volcánica, y derivado del tamaño de sus cristales y color, pudiéramos deducir que la mayoría de éstas son basálticas”.

Sobre este tema, la arqueóloga Ligia Morton agregó que estas piedras “son producto de las diversas avalanchas de lava relacionadas con eventos como el colapso parcial o total del edificio volcánico y lahares del Volcán Paleofuego, por lo que tendríamos que remontarnos hasta el Pleistoceno y los inicios del Holoceno. Gracias al trabajo de los geólogos y vulcanólogos de Colima sabemos que el Paleofuego tuvo seis grandes avalanchas; por la ubicación en la que se encuentran estas piedras, sabemos que pueden corresponder a la avalancha denominada Villa de Álvarez Coquimatlán, ocurrida hacia el 7000 A.P. (5000 a.C.) que cubrió un área de 400 km2 en el valle y abarcó la zona de El Trapiche. Esa avalancha en particular corresponde al evento volcánico que colapsó el antiguo Paleofuego, destruyendo el cono, a partir de lo cual se originó el actual Volcán de Fuego de Colima”.