Aproveche la oportunidad


Recuerdo los tiempos de mi niñez y adolescencia, cuando en los hogares era muy común que las jefas de familia o mujeres mayores de cierta edad e incluso algunos hombres supieran hacer curaciones, poner sueros, desinfecciones, vendar heridas, entablillar, inyectar y dar los primeros auxilios a las personas que sufrían algún percance o emergencia en la calle o barrio y necesitaban atención urgente, de emergencia, antes de poder ser trasladadas a recibir atención médica profesional a algún nosocomio.

Como se sabe, cuando se dan estos problemas de salud, muchas veces se requiere reaccionar rápidamente para detener una hemorragia o inyectar algún medicamento. Los destinatarios de estos cuidados rápidos y de primera mano solían ser los niños del barrio, que jugando en la calle sufrían algún accidente o herida, heridas que consistían desde los más pequeños raspones, hasta encajamientos de varillas, piedras, alambres, láminas filosas, fracturas, quemaduras, etc.

Todos eran sanados por nuestras madres o alguna vecina. Muchas de estas mujeres hasta llegaron a tener una fuente de ingresos a través de sus servicios, como el de poner inyecciones, sueros o hace curaciones.

De cuántos apuros sacaron a muchas mamás los aprendizajes que se recibían en los cursos de primeros auxilios, impartidos en aquellos tiempos en el Centro de Salud y posteriormente, algunos años después en la Cruz Roja. Con decirle, que a veces estas personas hacían tan bien su trabajo, que ya ni era necesario llevarlas al hospital, entre ella, a la que escribe le tocó vivirlo.

Cuando me accidenté en un camión escolar que se volteó en la curva antes del auditorio Manuel Bonilla Valle en 1987, sufrí severas lesiones, al quedar parte de mi cuerpo prensado entre los fierros retorcidos; y, aunque me llevaron en ambulancia a la Clínica 10 del IMSS, en cuanto pude, me fui a casa, confiando en los conocimientos que sabía que tenía mi mamá, ya que en el hospital eran muchos a los chamacos que había que atender, y mis dolencias y ardores eran insoportables.

Fue mi madre la que, con sus conocimiento adquiridos de primeros auxilios, curó cada una de mis heridas, de tal manera que ya no requerí hospitalización alguna, y sin quedarme, cosa rara, ninguna cicatriz de las heridas sufridas. Mi mamá fue una de esas mujeres privilegiadas que recibió esa capacitación, y que yo admiraba mucho, porque prácticamente era una enfermera. Con sus conocimientos adquiridos en esos cursos, en combinación con la lectura de un libro denominado “Donde no hay Doctor”, que por entonces era muy popular, mi progenitora, Irene Molina, era casi una profesional en la práctica.

Desgraciadamente, a principios de los noventas como que se empezó a dejar de lado la impartición frecuente de esta clase de conocimientos, con algunas pequeñas temporadas de excepción.

Hoy, Protección Civil del Estado ha tenido la buena iniciativa de retomar las enseñanzas de aquellos viejos tiempos, y ha comenzado a impartir cursos básicos de primeros auxilios para el público que lo quiera aprovechar.

Qué bueno que el Gobierno del Estado sí gobierne para todos y no para unos cuantos. Así que el curso es para quien lo quiera tomar y lo mejor, que es de manera gratuita. Ojalá que todos los que puedan hacerlo, aprovechen tan grande oportunidad que se está abriendo, porque, desgraciadamente, nunca faltan los incidentes de riesgo y peligro, y mucho más en aquellos hogares donde hay niños.

Ahora que, con todo respeto, me gustaría que en ese curso agregaran como atender quemaduras, así como la maniobra para hacer que una persona que tiene obstrucción de la tráquea pueda ser auxiliada, pues son dos cosas que se presentan con mucha frecuencia en esta época: Una por los cohetitos, y otra, por comer en abundancia en tantas posadas y fiestas.

Ah, qué diferencia. Apenas va un poco más de un mes del nuevo gobierno de la entidad, y a nuestra gobernadora Indira Vizcaíno sí que se le notan las ganas de gobernar para todos, con acciones como este tipo de programas, que demuestran su sensibilidad muchísimo ayudan a la población, para auxiliar a otros en una emergencia, mientras llegan los profesionales de salud para llevarse a la persona a un hospital.

Porque, muchas veces en esa espera de una ambulancia, esta atención primaria hace la diferencia entre la vida y la muerte por parte de quienes sí tienen conocimientos en la impartición de los primeros auxilios.

Esto también se ve reflejado en las playas cuando hay un rescatado por inmersión, que necesita, en lo que llegan los paramédicos, ser atendido para que pueda volver a respirar por sí mismo, e igual, en las playas hay muchos objetos punzocortantes, que se ocultan a simple vista entre la arena, como vidrios, latas, espinas, conchas filosas, erizos y hasta peces sapos que los pescadores descuidadamente dejan por ahí.

Esto, también ser incluido en cursos de esta clase.

Por eso es bien importante el acudir a este tipo de llamados a aprender.

Que tenga un bonito día.