Cuando se empezó a habilitar la nueva población de Manzanillo, trasladando el asentamiento original que estaba en el viejo puerto de Manzanillo, la única vocación y razón de ser era la portuaria, como un ingreso económico para joven y pequeña entidad de Colima, razón por la que se construyeron los primeros muelles en donde ahora está la Plaza La Perlita, por parte de trabajadores del Ayuntamiento de Colima, del que el primer Manzanillo que el gobierno federal autorizó, dependía.
A ORILLAS DE LA LAGUNA
Entre las primeras obras que se hicieron fueron muelles y la calle paralela a estos, que fue la primera que existió y que es la actual Morelos, la cual iba más o menos desde lo que hoy es La Perlita, hasta las faldas del Cerro del Vigía. Todo era del lado del mar; la única comunicación que había con el lado de la laguna era una abertura entre dos cerros (hoy Sectores 1 y 2 del lado derecho viéndola desde el jardín, y el Sector 4 a mano izquierda).
Esta rústica vialidad solamente consistía en cuatro cuadras, a la cual se le llamó originalmente Calle de La Laguna o Principal, y que hoy conocemos como México, la cual iba desde la playa o playón hasta donde actualmente está el Centro Comercial, pues la laguna empezaba a partir del entronque de esta calle (México), con lo que actualmente es la calle Cuauhtémoc.
Aquí acaba todo, a excepción de un camino de brecha pegado a los cerros que iba hasta Campos, Cuyutlán y Armería. Este camino era tan feo, que las personas de la pequeña población de Campos, la más cercana a Manzanillo, quienes se dedicaban a cultivar frutas, verduras y criar incluso algunos animales así como a preparar algunos alimentos para poder comercializarlos, preferían atravesar la laguna con lanchas cargadas de sus productos, cruzando lo que llamaban la compuerta, para llegar hasta la orilla de la laguna en Manzanillo, y ahí ponerse a vender en un tianguis improvisado, junto al aserradero del empresario norteamericano Augustus Morrill, muchas veces sentados en el piso o sobre rústicas mesitas.
EL EMPUJE AL TIANGUIS CON LA TERMINAL DEL VAPOR COLIMA
Esto empezó a darse con mayor fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XIX en que la población de Manzanillo empezó a crecer, de modo que ya para 1871 la población de Campos, según el censo oficial que se hizo aquel año, llegó a la cifra de 62 habitantes mayores de edad, la mayoría perteneciente a familias que se dedicaban a cultivar sus propios productos, tanto para autoconsumo como para el incipiente comercio que se realizaba en este predio informal a orillas de la laguna.
Pero ese año las cosas empezaron a mejorar, cuando el 15 de agosto la compañía Schatt puso en servicio una compañía de navegación de Manzanillo a Cuyutlancillo, en las cercanías de Armería, y también en sentido inverso, lo cual se hacía a través de un barco de vapor, que fue conocido como el Vapor Colima, el cual era conducido por el señor Meillone.
De esta manera, Manzanillo quedó unido de una mejor manera con la ciudad de Colima y sus alrededores, ya que el camino bueno para carretas y caballos empezaba a partir de Armería hasta llegar a Colima.
Sin embargo, que empezara a funcionar aquella embarcación no sucedió de forma inmediata, pues no fue hasta 1875 que se estableció de forma definitiva el servicio del Vapor Colima en la práctica, el cual navegaba a 7 millas y media por hora con 140 caballos de fuerza, teniendo 36 pies de largo por 14 de ancho.
LÁZARO CÁRDENAS NOS VOLTEA A VER
El muelle del Vapor Colima estaba en la ribera de la laguna, donde estaba el astillero, y donde también funcionaba en forma creciente el tianguis de la gente de Campos, que empezó a crecer en importancia y productos que se ofrecían.
Para las primeras décadas del Siglo XX, una vez desaparecido el Vapor Colima, se empezaron a rellenar y mejorar calles de la ciudad, y el tianguis al final de la Calle Principal o México cada vez crecía más en importancia, de modo que se añadieron nuevos comerciantes a los originales que provenían de Campos, los cuales eran de la misma población de Manzanillo.
Es por eso por lo que, desde el inicio de la administración federal que encabezó el Gral. Lázaro Cárdenas del Río, quien tenía muchas amistades en la entidad, especialmente en Cuyutlán y Manzanillo, hubo peticiones constantes no solamente para que Manzanillo tuviera su primer Mercado, sino para que éste estuviera en donde operaba el tianguis o zoco de la gente de Campos, que en la práctica ya era un mercadillo informal.
Lázaro Cárdenas se hizo eco de las peticiones, que fueron transmitidas con eficacia por dos importantes gestores locales, como fueran Don Miguel Barbosa Heldt, reconocido periodista del diario Acción Costeña, y Doña Anita Barragán de Villegas, reconocida líder del naciente sector turístico.
EL MERCADO REFORMA, PRIMERO DE MANZANILLO
El también llamado Tata Lázaro no fue sordo a estas peticiones, y en 1935 inició en Manzanillo la construcción del Mercado Reforma, por parte de los ingenieros que se mandaron desde la ciudad de México para este fin. La obra se terminó rápidamente, pues ya en 1936 se estaba haciendo la inauguración del primer mercado de Manzanillo, el Reforma.
Ya para entonces éste no se encontraba en la orilla de la laguna de Cuyutlán, pues se habían hecho extensiones a la Calle Principal o México, pero la gente de Campos, que fueron las que propiciaron su existencia con su actividad comercial desde mediados del Siglo XIX, estando entre ellos algunos integrantes de la familia Topete, siguieron siendo una parte importante en el Mercado Reforma.
Alrededor de treinta años duró el Mercado Reforma operando, hasta que en 1968 el alcalde Dr. Arturo Castro Guízar, fue tentado por la oferta de un empresario del norte del país para que se le vendiera la manzana donde se encontraba, para hacer en ella el pomposamente llamado Centro Comercial.
El Reforma fue dañado por los embates del ciclón del 59, al igual que toda la ciudad, pero esta no fue la razón por la que desapareció, ya que tras aquel nefasto meteoro, se hicieron rápidamente todas las reparaciones y adecuaciones necesarias para que siguiera operando sin problemas.
LA HUELLA DE LOS DE CAMPOS SE DEJA AÚN SENTIR EN EL ACTUAL MERCADO 5 DE MAYO
Por su parte, el Mercado Municipal se reubicó a un nuevo domicilio hacia donde la ciudad se encontraba creciendo, donde se habían hecho rellenos a la laguna y habían funcionado en un predio baldío plazas de toros, circos y campos de futbol, en torno al cual cada vez estaba más poblado, llevando ahora el nombre del Mercado 5 de Mayo.
En la administración de la C.P. Martha Sosa Govea el mercado fue demolido y vuelto a construir, conservando su mismo nombre, pero siendo ahora de dos pisos con estacionamiento, en el cual, sin embargo, conscientes de su importancia en la historia del mercado municipal, se les preservó un lugar al centro del mismo a los comerciantes de Campos, como siempre, ya que ellos fueron los que empezaron a crearlo, cuando atravesaban en sus lanchitas cargadas de verduras, frutas, gallinas, huevos y comidas preparadas la compuerta entre Campos y Manzanillo, para vender a la orilla de la laguna sus productos.
Fueron ellos y gente del pueblo de Manzanillo que se les unió con el transcurso de los años, los que hicieron posible que Manzanillo tuviera un mercado; a muchos de los cuales en la actualidad a veces se les trata con dureza o se les amenaza con quitarles sus locales, cuando es gracias a ellos, a su tesón y ardua labor, y no al gobierno estatal o municipal, que Manzanillo llegó a tener mercado, además del recuerdo agradecido a la sensibilidad mostrada para tal efecto por el presidente Gral. Lázaro Cárdenas del Río, quien junto al presidente Gral. Porfirio Díaz Mori, fueron los presidentes de la nación que más hicieron para el desarrollo de Manzanillo como puerto, ciudad y municipio.