Colombia y México, afinidad cultural y política


Colombia y México son países que tienen mucha semejanza, se parecen en muchas cosas histórica y culturalmente hablando, si bien proporción guardada, con la mitad de territorio (casi un millón de kilómetros cuadrados) que México con casi dos millones, ambos fueron virreinatos, el de Nueva Granada que abarcaba lo que hoy son Venezuela, Panamá y Ecuador, con administraciones muy centralizadas, pues dependían de la corona española, con un virrey como representante real, dominando desde Santa Fe de Bogotá, hasta la independencia realizada por Bolívar, donde no se pudo concretar el proyecto de unión de lo que el libertador definió como la Gran Colombia y se escindió el virreinato en tres Estados, independientes y soberanos, conservando Colombia el actual territorio de Panamá, el cual se independizó totalmente a principios del siglo XX, sin disparar un solo tiro por cierto, para realizar el faraónico proyecto del canal interoceánico, con el patrocinio y bajo el auspicio de los Estados Unidos.

Ambos países tienen una ubicación geográfica estratégica a nivel continental, pues son los únicos países latinoamericanos de extensión territorial de más de un millón de kilómetros que tienen litorales a los océanos atlántico y pacífico, orografía semejante, con grandes cordilleras, áreas selváticas y planicies.

Otra semejanza notable es la conformación clasista muy marcada, heredada de la época colonial, con aristocracias católicas muy conservadoras en ambos casos, predominando el dominio criollo, de tendencias liberales, lo que ha marcado la historia colombiana desde su independencia, aquí surgen la diferencias históricas, que definieron rumbos diferentes de ambas Repúblicas, pues en Colombia han predominado los conservadores, los liberales nunca pudieron lograr una reforma como la de Juárez,  tampoco han tenido el equivalente a una Revolución Mexicana, con un reparto masivo de tierra como el reparto ejidal, por lo que a pesar de haber tenido guerras de güerillas de larga duración, no se han podido realizar las reformas sociales que demanda las clases populares de Colombia, que seguramente el nuevo gobierno de izquierda que recién ganó la elección presidencial, tratará de transformar de raíz las anquilosadas estructuras conservadores de la clase dominante y del clero colombiano, que han sido muy refractarios a las reformas sociales de gran calado que requiere la entrañable República Colombiana.

Esta izquierda liderada por  Gustavo Petro (ex guerrillero) de algún modo tuvo que negociar con los centros de poder dominantes, sin descartar a los cárteles colombianos, como factor de poder, para definir un programa de centro izquierda más a tono con la realidad para tener gobernabilidad  y establecer una plataforma de cambios impostergables, para ganar la segunda vuelta electoral y convertirse en el próximo presidente de la República de Colombia, pues de no hacerlo las condiciones sociales y políticas se pudieran exacerbar hasta llegar a una revuelta violenta al estilo mexicano, o marxista bolchevique, o cubano castrista, pero antes de esto preferiblemente el estilo mexicano pacifista de la 4T mexicana auspiciada por su ya homólogo y camarada, López Obrador, o también del otro camarada, el compañero presidente Lula (ex obrero metalúrgico) de Brasil, quien pacíficamente sacó de la postración y la miseria a millones de sufridos habitantes de los guetos brasileños, quien por cierto es otro favorito del club de la izquierda suramericana, para recuperar el poder y seguir con sus reformas de centro izquierda.

Es bien conocida por las series de Netflix la historia de los cárteles colombianos y sus relaciones con sus pares mexicanos, la violencia que se deriva en ambos países, por lo que es bien importante que el Estado Colombiano, mantenga el control político y estado de derecho, la paz que tanta sangre les ha costado, porque lo que pasa allá, no se queda allá y eventualmente repercute en México, nos afecta, directamente, en las condiciones de seguridad del Estado Mexicano y su relación con la Unión Americana sin duda alguna.