Comentario al evangelio dominical


Domingo de Ramos de la Resurrección del Señor

Pbro. Oscar Fuentes Reynaga

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”

La lectura de la pasión de San Marcos se abre con dos cenas, la de Betania (14, 3-9) y la de la pascua (14, 22-24). En la primera, la unción, signo del reconocimiento mesiánico, es relacionada por Jesús a su muerte y a su sepultura; en la cena pascual, en cambio,  Jesús acepta libremente su muerte como sacrificio para nuestra salvación. El evangelista conecta estas dos revelaciones con el complot del sanedrín, el acuerdo de Judas (14, 1-2.10-11), el anuncio de la traición de Judas  y de la negación  de Pedro (14, 7-21.25-31). Este complejo narrativo presenta, de esto modo, a Jesús como el Mesías de la cruz, que muere por nuestra salvación, pero que es refutado, traicionado y abandonado. Con el arresto (14, 43-51) Jesús es abandonado por sus discípulos que huyen despavoridos. Entretanto, la pregunta sobre la verdadera identidad de Jesús, que es el hilo conductor del evangelio comienza a recibir la respuesta definitiva: la cruz dirá que es él verdaderamente el Hijo de Dios. Durante el proceso (14, 52-65) por primera vez dice claramente que él es el Hijo de Dios. De manera casi irónica la autoridad romana reconocerá la verdad de Jesús solo en el motivo de la condena: en una coreografía que reclama la aparición pública del rey que está crucificado, “el rey de los judíos”. De frente a la cruz, san Marcos, coloca el vértice temático de su evangelio: el centurión romano reconocerá  en aquel hombre crucificado al Hijo de Dios.

En una lectura cristiana el misterioso “siervo del Señor” es un primer esbozo del perfil de Cristo. El lamento que nace de los sufrimientos de este justo tiene los tonos de algunas angustiantes “confesiones” de Jeremías. El siervo se presenta, de hecho, como un hombre de la Palabra, un profeta que lanza el mensaje de Dios  a los faltos de fe (v. 4) pero la realidad más típica de este profeta-salvador es el sufrimiento. Es envuelto en un desprecio agresivo, aún así, el está en contra de manera consciente a estas consecuencias de su ministerio, porque en él el sufrimiento adquiere una nueva valoración: no es más signo de rechazo sino de elección.

El grandioso himno paulino es una nueva y original interpretación del misterio pascual. A través de un esquema “vertical” la Pascua de Cristo es vista como un movimiento ascensional de la humillación a la exaltación. La pasión-muerte dice “aniquilamiento”, “condición de siervo”. Dios velado, pero contemporáneamente se abre a su resurrección, sobre la glorificación, sobre el triunfo pleno, sobre la salvación total, sobre el “nombre” divino.. Jesús había ya afirmado “cuando sea elevado atraeré a todos hacia mi” (Jn. 12,32). El cristiano descubre así, en su redentor crucificado la misteriosa fecundidad del dolor y de la muerte. Como decía San Pablo a sus fieles de Asia Menor: “Es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios” (hech. 14,22)