Comentarios al libro: El Lienzo de Tlaxcala


*Narra los motivos que obligaron a los tlaxcaltecas para brindar apoyo y aliarse con los conquistadores españoles.

 (Segunda parte)

El Doctor Miguel León Portilla los salva al decir que los tlaxcaltecas “habían padecido los continuos asedios de los mexicas, que por largo tiempo fueron sus mortales enemigos. Comprensible es que aprovecharan la oportunidad que les ofreció la aparición de Hernán Cortés. Al aliarse con él no fueron traidores, ya que sumaron sus fuerzas a las de los españoles para buscar su liberación”. Si después de haberse logrado la conquista –agrega–, la Corona Española y sus monarcas solamente recompensaron poco sus servicios, esa es otra historia. Igualmente, indica que si por haber apoyado a los españoles se ha acusado de traidores a los tlaxcaltecas, es necesario reiterar qué lejos estuvieron de serlo. Combatieron para liberarse de la pesada carga que les significaba el predominio mexica con sus frecuentes Guerras Floridas y otras formas de agresión. El caso de los tlaxcaltecas fue también, en cierto modo, paralelo y similar al de La Malinche. Ella era oriunda de un lugar muy distante de Tenochtitlán.

Recuerdo que al morir el progenitor de La Malinche, quien era originaria de Tabasco, como dicen otros cronistas, ella era una niña todavía. Su mamá se casó por segunda ocasión con un rico cacique, tributario de los nahuas o aztecas, quien tenía un hijo varón al que iba heredarle todo, por eso decidió vender a La Malinche como esclava a unos mercaderes de origen maya. Cuando los españoles llegaron a esa zona, ella y otras bellas indígenas, fueron regaladas a los conquistadores. La Malinche fue pareja de un capitán español, pero cuando Hernán Cortés vio que hablaba dos lenguas: la azteca y la maya, decidió quedarse con ella para que fuera su intérprete o traductora, “su lengua”. Como tal aparece en numerosas láminas del Lienzo de Tlaxcala. Por ejemplo, en la “Lámina A. Tlaxcalla” aparecen cinco personajes. Tres son Señores Militares tlaxcaltecas. El cuarto es el Mensajero o Heraldo proveniente de Metztitlan. El quinto es La Malinche, quien hace la traducción.

En la “Lámina B. Uliyocan” aparecen ocho personajes. Dos son soldados españoles. Un tercero es Hernán Cortés. Cuatro más son altos dignatarios tlaxcaltecas que entregan un guajolote, a manera de ofrenda. El octavo personaje es La Malinche que hace la traducción de los motivos para otorgar dichos regalos por parte de los tlaxcaltecas.

Otra aparición más de La Malinche ocurre en la “Lámina C. Tecoatzinco” donde vemos ocho personajes. Cuatro son altos dignatarios tlaxcaltecas que fueron enviados con ostentosos regalos (joyas y mantas) a manera de obsequios para los españoles. Junto a Hernán Cortés está La Malinche haciendo la traducción. Atrás de ellos hay dos soldados españoles cuidándolos.

La Malinche los acompañó en todas sus guerras y batallas. Como se aprecia en la “Lámina Y. Aychqualco” donde aparecen once personajes. Cinco son guerreros tlaxcaltecas que miran alrededor para detectar un posible enemigo. Otros cuatro son los soldados españoles cansados y exahustos de las feroces luchas que descansan sobre sus propios brazos. Uno más es Hernán Cortés montado en su caballo con una larga lanza en su mano derecha. La última es La Malinche, recostada sobre su hombro derecho, se ves cansada y fatigada.

La Malinche aparece en poco más de diez láminas, como se aprecia en la “Lámina C. Xaltelolco”. Hay diez personajes. Tres son emisarios provenientes de Tlaxcala que les han llevado alimentos a los soldados españoles y tlaxcaltecas. Cinco personajes más son guerreros de estas mismas huestes. Los otros dos son Hernán Cortés y La Malinche, que participa como su intérprete. Agregan los autores que los alimentos incluían; guajolotes, hierba para los caballos y canastas con diversos productos. Explican que sin duda la comida fue de suma importancia en ese momento, pues se sabe que por falta de ésta los soldados y guerreros se comieron a sus caballos muertos en batalla, e incluso un soldado español se vio en la necesidad de comer parte del cuerpo de otro soldado que había fallecido.

Una ilustración importante que realza el valor de La Malinche es la “Lámina Z. Yepoliuque Mexica” donde aparecen quince personajes. Vemos; dos aliados tlaxcaltecas ricamente ataviados que van acompañados por dos tamemes o cargadores con más alimentos, hay un español que habla con tres indígenas, tres guerreros tlaxcaltecas y un soldado español, un militar español tocando una trompeta, Hernán Cortés sentado en una silla de tijera con un bello plumaje sobre su sombrero, así como La Malinche que está a su lado, haciendo su trabajo como intérprete y “su lengua”. Indican los autores que Hernán Cortés no permaneció en la ciudad de México-Tenochtitlán recién tomada, sino que se estableció en Coyoacán, en compañía del líder Cuauhtémoc y su familia, quienes fueron aprehendidos por los españoles, manteniéndolos como sus rehenes. Desde allí Hernán Cortés despachó todos los asuntos de la ahora llamada Nueva España. Sus feroces capitanes, Pedro de Alvarado y Gonzalo de Sandoval, tampoco se quedaron en la ciudad ya derruida, pues se fueron a vivir temporalmente a Tacuba e Itztapalapa. La palabra Yepoliuque Mexica quiere decir “Ya se acabaron los mexicanos”.

REGALOS Y MÁS REGALOS

Varios Cronistas de Indias dicen cómo Moctezuma enviaba regalos y más regalos a los españoles recién llegados por el ahora Puerto de Veracruz, en el año de 1519. Sus mensajeros también le pedían que se regresara por donde vino, pero aquella rueda de oro, enorme, ensartada con piedras preciosas o chalchihuites, lo deslumbró y no quiso dar marcha atrás.  Los tlaxcaltecas no hicieron menos y este libro nos indica cuáles eran las características de los obsequios que entregaron a los españoles para “ganárselos”, congraciarse con ellos y emprender juntos el ataque contra los aztecas.

Veamos seis ejemplos más de estos obsequios: (1)Joyas y mantas que fueron entregadas por cuatro personajes nobles tlaxcaltecas de la provincia de Tecoatzinco. (2)En Tizatlán  fueron hospedados los españoles donde les obsequiaron más joyas de oro, comida y múltiples animales. Aquí se les dieron numerosos bienes y estuvieron presentes tres de los Grandes Señores de Tlaxcala. (3)En la “Lámina G. Quitlauhtique” se indica que hubo otros obsequios, además que le regalaron a Hernán Cortés 300 mujeres nobles tlaxcaltecas, pero como no estaban bautizadas, Cortés se las dio a La Malinche para su propio servicio. Después que las bautizaron los frailes, algunas mujeres nobles tlaxcaltecas se casaron con algunos soldados españoles. Entre ellas estaban las hijas de Xicohtencatl y Mazihcatzin. Ellas cambiaron sus nombres por los de Luisa y Elvira. Una se casó con el Capitán Pedro de Alvarado y la otra con Juan Velázquez de León: “Así, la estirpe de los principales tlaxcaltecas se fusionó con los europeos”. Por si fuera poco, los tlaxcaltecas les dieron información privilegiada de la estructura militar y política de los aztecas. Además, les dieron 5 mil guerreros para que los acompañaran. (4)Al llegar a Tenochtitlán les regalaron los nahuas; guajolotes, venados y otras aves. (5)Pánfilo de Narváez visitó a “El Cacique Gordo”, llamado Xicomecoatl, a quien le quitó las pertenencias que Hernán Cortés le había dejado bajo resguardo; sus numerosas mujeres, el oro y las mantas. (6)En la comunidad de Cuitlacualmacaque hubo una fastuosa fiesta con abundante banquete para convivir con los españoles y hacer las paces: “fue sobradamente espléndido porque fue cuasi innumerable la gente que comió” –agregan los autores–. Le rogaron a Hernán Cortés que les diera muchos privilegios ante la Corona Española. Le llevaron muchos presentes a Cortés, más mujeres, así como tejos de oro ensartados.

HERIDAS, MASACRES, MUERTES

En este interesante libro vemos cómo fueron conquistando numerosas comunidades indígenas los españoles, así como extensas tierras de México, Centro y Sudamérica. Pero no todo fue fácil, pues hubo muchos muertos en los contingentes enemigos. Eran miles los que iban a la batalla, así que ya podemos imaginar cómo quedaban inundados los campos de guerra con sangre, carne de caballos, de perros, españoles e indios. En ocasiones masacraban a las aldeas donde veían traición y enemistad. Los españoles sufrían heridas y daños en su cuerpo, como se aprecia en la “Lámina Y. Copolco Oquimicca In Capitán” donde se indica que Hernán Cortés sufrió una gran herida en la pierna, en la batalla de la región de Copolco. Lo tenían aprehendido, pero los guerreros aliados tlaxcaltecas fueron y lo rescataron de las manos aztecas: “Los soldados estaban mermados por las heridas, aunado al mal olor provocado por los muertos y la escasez de comida”, dicen los autores.

Otra peligrosa herida la sufrió Hernán Cortés en la cabeza. Acudió a Tlaxcala donde fue recibido por el líder Xicoténcatl el Viejo, quien se levantó llorando para abrazar a su “queridísimo amigo Cortés”, quien se vio en peligro de muerte por dicha herida. Luego, los tlaxcaltecas hacen una rápida junta de médicos, curan a Cortés y éste sigue con su famosa empresa de conquista, apoyado con sus aliados indígenas.

Hernán Cortés tuvo una feroz lucha en una de las calzadas de México-Tenochtitlán y salió muy golpeado. Aunque ganó la batalla, poco faltó para que perdiera la vida, según cuenta él mismo en sus Cartas de Relación.

Imaginemos la mortandad que hubo en las batallas. Solamente en la “Lámina N. Quauhquecholan” se indica que Hernán Cortés fue a la lucha contra los mexicas, acompañado por 300 soldados españoles, más 30 mil guerreros tlaxcaltecas, más los otros aliados que se le sumaron en el transcurrir del tiempo; huexotzincas, cholultecas, quauhquecholanes, entre otros.

En la batalla de Chololan participaron 100 mil guerreros tlaxcaltecas, numerosos aliados indígenas y soldados españoles: “En esta casilla se ven ahorcados los de la traición, destruidas y quemadas torres y casas fuertes”.

(CONTINUARÁ)