Obra del gran pintor porteño, Carlos Escobar León
Segunda y última parte
GRANDES MAESTROS PORTEÑOS OLVIDADOS
La firma de Carlos Escobar se encuentra en la parte superior del lado derecho. De ese mismo costado, pero en la zona inferior se apreciaba otra rúbrica, que es la de la persona que hizo la restauración primera, hace ya algunos años; en 1998 para ser más exactos, firma que resultó ser muy polémica, ya que la gran mayoría de los manzanillenses han visto con malos ojos que la persona que hizo este trabajo la incluyera en el mural, alterando con ello el trabajo original. Y más cuando, al parecer de muchos, no hizo un buen trabajo. Melchor Álvarez no se atrevió a calificar de bueno o malo lo hecho en aquella oportunidad, ya hace nueve años. Pero, en el trabajo de restauración no se respetó esa firma, que no es parte de la obra de Escobar en su estado primario, y tampoco se añadió ninguna otra por conducto de Melchor Álvarez, lo cual se consideró algo muy acertado.
Desde luego que hay algunos otros murales, pocos, en Manzanillo, como el del Aeropuerto Internacional de Playa de Oro, pintado por el Maestro Chávez Carrillo, y también hay varios en el edificio antiguo de la CROM también de Escobar, además de que, como ya mencioné líneas atrás, existió otro muy interesante en la antigua escuela Juárez, ya desaparecida, que se ubicaba en parte de lo que hoy es el jardín principal “Álvaro Obregón”.
De los que permanecen, el citado de Carlos Escobar León es el más antiguo; tiene ya sesenta y tres años de existencia, habiendo sido creado antes del azote del ciclón tropical de 1959, que marcó un antes y después en el desarrollo de nuestro puerto, y que afortunadamente no le afectó. Carlos Escobar es considerado, junto con Enrique del Castillo, Hilario Zapién y Felipe Vázquez Aréchiga, uno de los grandes pintores que ha tenido Manzanillo. Por cierto que, como dato curioso, Escobar León y Melchor Álvarez fueron compañeros de trabajo en el Instituto de Migración, hace ya mucho tiempo.
JOYA OCULTA DEL CENTRO HISTÓRICO
Casi todos los manzanillenses conocemos de la existencia de esta gran obra, aunque no son tantos los que la han podido apreciar a detalle, de cerca, ya que está ubicada dentro de una escuela primaria pública, y por lo tanto, quienes no tuvieron la fortuna de estudiar ahí, a la vera y sombra de tan importante expresión de arte, la tienen que observar desde la reja externa de metal, y sólo algunos atrevidos piden permiso para ingresar y verla de más cerca. En mi caso, nunca estudié ahí, pues cursé la primaria en la escuela “Padre Hidalgo”; pero desde muy chico supe de la existencia de este mural y su gran valor e importancia, tanto en lo meramente artístico, como por el tema histórico que rescata.
Los turistas nacionales y extranjeros que arriban a Manzanillo año con año, no son enterados de la existencia de esta joya, y rara vez se observa a uno tomándole fotos o admirándola. Por el contrario, pasan de largo frente a la reja de la entrada de esta escuela, buscando algo interesante, sin saber que a unos metros de ellos se encuentra este gran mural. Ojalá que dure muchísimos años más.