Deben revisarse todas las escuelas en los 10 municipios


Reflexiones Económicas

Columna de Felipe Pimentel Pérez

En la Ciudad de México hay grandes edificios con más de 20 pisos, afortunadamente ninguno de ese tamaño se derrumbó en el reciente temblor del día 19; las técnicas de cimentación y construcción han mejorado, por ejemplo la vetusta Torre Latinoamericana o el Palacio de Bellas Artes (a un costado de la Alameda) han soportado infinidad de fuertes temblores y qué bueno que así sea; en contraste, la televisión mostró imágenes de inmuebles de dos o tres pisos que durante el sismo se desbarataron como frágiles polvorones; la caída de uno de los edificios del Colegio Enrique Rébsamen causó el fallecimiento de muchos de sus alumnos; esa situación deberá ser investigada, es un trágico y enérgico aviso para las Secretarías de Educación Pública, Federal y Estatales, para dueños de escuelas particulares y para quienes autorizan planos, licencias de construcción y usos de suelo en delegaciones y municipios.

Dice la vieja conseja que más vale prevenir que lamentar, lo más valioso de una escuela son sus alumnos, consecuentemente las autoridades de Colima (y de todo el país), en coordinación con los colegios de arquitectos e ingenieros, deben reanimar y actualizar los diagnósticos sobre la fortaleza de cada uno de los inmuebles que operan como escuelas, oficiales o privadas, de primaria hasta universidades; hay planteles construidos hace décadas, quién sabe con qué resistencia y calidad de materiales; son edificaciones viejas, resanadas, “reforzadas” a las que la humedad, el paso de los años, y los sismos, hoy, les exigen ser sometidas a cuidadosa revisión, para constatar que sus estructuras son fuertes.

¿Por qué un edificio de 40 pisos, o más, no se desploma y un inmueble de tres o cuatro no aguanta el temblor y se autoderrumba? Los expertos darán mil explicaciones, lo incorrecto es que en el negocio de la construcción hay personas inexpertas que se autonombran “arquitectos” o “contratistas”, que ignoran las técnicas de cimentación e ingeniería de suelos; no sólo construyen mal debido a su falta de conocimiento, sino por transas deliberadas aplican arena, grava, varillas y concretos que no corresponden a la resistencia y flexibilidad que debe guardar el inmueble en caso de sismo.

Urge redoblar simulacros de evacuación en los planteles educativos, clausurar y sustituir escuelas cuyos edificios no garanticen seguridad estructural; una cosa es un sismo, un terremoto, y otra distinta son edificios viejos, mal construidos, que ponen en peligro la vida de sus moradores.

Las autoridades y sus profesionales deben revisar todas las escuelas, públicas y privadas, en los 10 municipios de Colima, una por una, con calma, sin prisa, y emitir el dictamen de seguridad estructural; si así se requiere, ordenar el reforzamiento de sus columnas y escaleras; vigilar que sus puertas y rutas de evacuación sean conocidas por los alumnos; no debe haber negligencia burocrática en la supervisión de estos aspectos vitales.

Nadie desea temblores de tierra, pero los sismos son y serán parte de la vida de muchas ciudades pequeñas y grandes; los terremotos son eventualidad peligrosa que en un instante afectan las circunstancias de cientos de familias; los alumnos deben ocupar lugar prioritario en la atención, precaución y seguridad física que les debe brindar el plantel al que asisten a educarse.

¿En Colima, qué autoridad autoriza la apertura y funcionamiento de escuelas públicas y privadas, desde el punto de vista de la fortaleza y seguridad estructural del inmueble que ocupan?, ¿Cada cuándo las supervisan, todas tienen puertas de emergencia, señalización de rutas de evacuación y lugares de reunión?, ¿Cuántas veces al año realizan sus alumnos y maestros simulacros en caso de sismos?

Reflexione sobre el contraste de la actual realidad; después del sismo participan cientos de personas para salvar la vida de alguna gente atrapada entre los escombros; médicos, rescatistas, enfermeras, bomberos, soldados, marinos, policías civiles voluntarios, todos colaboran cargando ladrillos, donando dinero, medicinas, en fin, ejerciendo esa conducta que distingue y enaltece lo mejor de los valores humanos; al mismo tiempo, en otros contextos del mismo cuerpo social, muertos y más muertos por actos delictivos en los que no hay cuidado o respeto por la existencia ajena. Así son los contradictorios extremos del comportamiento humano.

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