Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Mucha gente comentaba el día de ayer por la mañana que hubo un manejo alarmista de la información de los bloqueos carreteros y quema de vehículos que se dio en algunas zonas de nuestro municipio, los cuales también se dieron en otras partes del estado, como Michoacán y Jalisco, principalmente.

La verdad es que la información provino de la misma sociedad, pues las personas empezaron a compartir en las redes sociales fotos e información de primera mano de lo que estaba pasando, casi al mismo tiempo que sucedía, antes que lo hicieran los medios de comunicación y el propio gobierno.

Hay indicios de que los gobiernos de las tres entidades incluso quisieron, si no ocultar lo que pasó, que era inocultable, por lo menos minimizarlo, tratando de no causar pánico en la población. También hay que decir que hubo rumores muy irresponsables, como el que se hayan soltado historias sobre asaltos en un centro comercial y en un banco, o hasta de balaceras, todo esto porque no hay ninguna legislación, regulación ni control en lo que se difunde a través de las redes sociales, principalmente Facebook, y pienso que esto tiene que cambiar.

Se debe considerar un delito el que alguien haga mal uso de esta herramienta tecnológica. No es posible que haya impunidad en este campo, igual que en ningún otro; sin embargo, la hay, porque no hay trabajo legislativo al respecto importante del que tengamos conocimiento, y, si algo hay, en la práctica no se ve nada, pues las personas riegan mentiras, infundios y difaman honores a diestra y siniestra.

Se ha criticado mucho a países como China, Corea del Norte, Cuba, Rusia y varias naciones árabes, por controlar el Facebook y otras redes sociales, y aunque es verdad que éste no es el mejor ejemplo, porque estamos hablando de regímenes totalitarios o represivos, lo que sí podemos rescatar de su experiencia -pues de todo se puede sacar algo bueno-, es que sí es posible regular y limitar el uso de las redes sociales, y claro que hay hacerlo, dentro del marco del respeto a la libertad de expresión y la democracia.

Pero hay que recordar una sentencia de tiempos pasados, hoy no tan popular, pero creo que sigue siendo igual de vigente, que dice que “es buena la libertad, pero no el libertinaje”. En el ciber-mundo hay acoso (bullying), tanto que muchos adolescentes se han suicidado por esta causa, hay ataques calumniosos, hay campañas de desprestigio, hay falsificaciones (fotografías, videos y documentos editados); sin embargo, a pesar de la flagrancia de estos delitos, pues las pruebas están ahí, en los muros de los perfiles de usuarios de las redes sociales, no hay demandas, detenidos ni procesos llevándose a cabo en contra de personas que hacen un uso criminal, en mayor o menor grado, de estas páginas.

Los mismos registros de perfiles de usuario deben ser con datos claros, porque luego se disfraza la identidad, ya sea fingiéndose alguien que no se es o inventándose una inexistente, y bajo esta máscara, se pueden cometer toda clase de tropelías, llegándose hasta el extremo del llamado terrorismo cibernético.

También se debe poner especial énfasis en la participación en este mundo de los niños y adolescentes, porque al interactuar con adultos, se están exponiendo a muchos riesgos.

La actuación de la ciudadanía en las redes sociales ante la emergencia que se vivió este pasado fin de semana creo que no pasó la prueba, porque en sus páginas se quemaron el doble de carros que en la vida real y los actos delictivos cubrieron una zona mucho más amplia de lo que en realidad fue; por otra parte, lo rescatable es que, con todo y sus excesos, ayudó a que estuviéramos enterados rápidamente de lo que estaba sucediendo, y se evitó que muchas personas salieron a carretera para pasar por áreas de peligro, minimizándose los efectos negativos de la jornada.

Las redes sociales llegaron para quedarse, pero sí deben, sin limitar nuestra libre expresión, ser reguladas. Recordemos que son sistemas internacionales, creados y manejados allende nuestras fronteras nacionales, por lo que el gobierno mexicano debe tener control de su uso por parte de ciudadanos mexicanos, más allá de lo que en cada país se pueda trabajar al respecto, y no quedarnos de brazos cruzados en cuanto a su desarrollo y utilización.