Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

Es triste ver cómo en la política electoral de Manzanillo todavía no nos acostumbramos a evaluar, analizar y comparar propuestas y plataformas de gobierno que presentan los aspirantes a distintos cargos de elección popular; mientras que todo el grueso de la población se deja llevar por las dádivas, cañonazos en dinero o en especie que disparan los suspirantes.

Esto porque aún no se conocen propuestas, ni promesas ni estrategias ni planes de trabajo de cada uno de los apuntados y ya hay encuestas de popularidad. Me pregunto, ¿en qué están basadas esas popularidades de los que se postulan con tanta antelación?

No se conoce mucho o nada de lo que piensan hacer, en caso de llegar al poder; sin embargo, ya hay preferencias. Y digo, ¿basadas en qué?, ¿será acaso en base a su apariencia física? Creo que ya debiéramos sobrepasar la etapa de tener cautiva a una base de seguidores en base a entregar cosas, porque eso, una vez que estos políticos llegan al poder, se acaba, y entonces sí surge la verdadera forma de gobernar de cada uno de ellos.

Muchos de los que ahora están apuntados para contender el año entrante nunca antes han tenido la oportunidad de gobernar, creo que la mayoría. Por eso es importante conocer la plataforma de gobierno que nos proponen, pues creo que no van a gobernar dando zapatos, botes de leche o bolsas de pan. Con eso no van a acabar con los problemas que enfrenta nuestro municipio. Esa no es una manera de demostrar si tienen o no capacidad para gobernar.

Pienso que en estos momentos no estamos en condiciones de medir popularidad y preferencias electorales. Llegará el momento de la definición, los tiempos en que ya haya perfiles que estudiar y discursos que analizar, propuestas de campaña que comparar e ideologías que sopesar para, entonces sí, tener una base sólida sobre la cual decidir.

De otra manera, se juega con la necesidad de las personas, se intenta comprar su voluntad y se evidencian como oportunistas, nada más. Esas no son precandidaturas serias, sino muestras de que la política se ha devaluado.

Hoy, en muchos casos, en vez de políticos serios, tenemos a mercaderes que son expertos en comercializar su voto. Las propuestas en cambio están a la baja en cuanto a su importancia a la hora de decidir, y eso es muy negativo y triste.

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