Cecilio Lepe Bautista fue su líder más destacado
Parte 2 de 2
En 1933, la Confederación General de Trabajadores convocó a la unificación de los sindicatos independientes del puerto de Manzanillo en la escuela Miguel Hidalgo, surgiendo el Gremio Unido de Trabajadores de Mar y Tierra, con el que, a partir de 1935 empiezan conflictos con los estibadores de la Crom.
CONFLICTOS DE SUS PRIMEROS AÑOS
El 13 de noviembre de 1935, debido a esta tensa situación, se realizó una reunión en punto a las 10 de la mañana en el Hotel Miramar, entre los afiliados a la Crom y a la CTM, la cual fue presidida por Cándido Aguilar, para tratar de conciliar el asunto de manera interna; pero las diferencias eran tan grandes, que no se llegó a ningún acuerdo. Esto dio pie a un conflicto muy largo de reseñar, que causó violencia, heridos, enemistad y hasta muertes, además de perjudicar la actividad portuaria en Manzanillo, el cual duró hasta casi la finalización de los años treinta, y que incluso fue noticia a nivel nacional en los medios informativos de la época.
El líder de la Crom en todos los puertos del Pacífico mexicano, Domingo Ramírez Chávez, siendo a su vez alcalde de Manzanillo, le dio un gran beneficio al puerto del entonces, al donar la totalidad de su sueldo como presidente municipal para la construcción del puente de madera en la laguna de San Pedrito, lo cual le es posible hacer, ya que tenía otras importantes entradas de dinero, como líder de los estibadores de la amplia faja antes mencionada.
LA REVOLUCIÓN DEL CONTENEDOR Y EL PUERTO INTERIOR DE SAN PEDRITO
En 1965, Malcolm McLean realiza un invento que facilitaría mucho la carga, que fue el contenedor metálico, tanto tipo Teu -medida más popular, como en otras dimensiones, con lo que se dejaron de usar los sacos y cajas tradicionales. Al poco tiempo de su creación e implementación los containers empezaron a usarse en Manzanillo. Esto mejoró considerablemente las condiciones laborales de los estibadores porteños, ya que hasta antes de estos, eran verdaderamente cargadores, que en ocasiones se metían al agua con su carga en hombros, y generalmente colocaban un tablón entre el muelle y el barco donde iban a trabajar en la carga y descarga, y haciendo equilibrios, y con la carga a cuestas sobre la espalda, hacían su tarea con una sorprendente velocidad y gran fatiga. Esto puede verse representado gráficamente para quienes no lo vimos, en la escultura del Estibador, obra de Rubén Hernández, que se ubica en zona de La Perlita.
El 9 de agosto de 1971, se habilita el Puerto Interior de San Pedrito, con la entrada del buque Salvada que lo estrena, y el trabajo de la estiba se concentra mayoritariamente ya ahí, tanto que ha tenido que ser ampliado y ya se proyecta su crecimiento en un nuevo espacio en la laguna de Cuyutlán.
Hoy los estibadores se han tecnificado, y saben mover equipo sofisticado y modernas grúas, algunas, como las de pórtico, que son enormes. No se entendería el desarrollo de Manzanillo sin los estibadores y jornaleros de la CROM. Gracias a ellos existimos y hemos alcanzado la importancia que tenemos como puerto.

El puerto de Manzanillo, gracias a su intenso movimiento de carga realizado por los estibadores locales, se ha posicionado como un Top 100 mundial, uno de los primeros de Latinoamérica y el número uno mexicano considerando a las terminales de los litorales Atlántico y Pacífico.
EL AUDITORIO DE LA CROM Y UN MURAL CON HISTORIA
Durante los años setentas y ochentas, el auditorio de la Crom, ubicado en su antiguo edificio sede, se convirtió en el principal espacio para eventos culturales, cívicos, escolares, religiosos, políticos y artísticos de la ciudad, debido a su amplitud, ubicación, servicios y acústica. Llamaba mucho la atención el tener recubrimiento de mármol en sus paredes y acabados de madera de buena calidad en el estrado.
En el descanso de la escalera del viejo edificio, todavía en excelentes condiciones, un poco antes de llegar a la segunda planta, se halla un mural muy interesante, el cual está dividido claramente en tres partes, a modo de un tríptico; pero aquí se trata de una sola pintura, sobre un mismo tema, y sobre una misma barda. Este mural nos muestra la evolución del trabajo de la estiba, de la carga de la mercancía en el puerto, a través de los años y las décadas. Abarca un período muy amplio, muy bien representado, con pasajes muy ilustrativos de esta actividad, que a su luz se entiende lo ligada que ha estado siempre al desarrollo de nuestra ciudad y puerto.
La primera etapa se dice que comprende de 1919 a 1939. El escenario es El Playón, que se ve que era todo de tierra aplanada, y hay un pequeño y endeble muellecito de madera. Hasta ahí se ve que llega un lanchón con carga, y desde a bordo unos trabajadores se la pasan a los cargadores, los estibadores, quienes se los ponen a la espalda y los amarran por medio de unas tiras como de cuero, que van sujetas a la cabeza firmemente. El trabajador portuario va casi desnudo, sin camisa, con una gruesa faja alrededor del estómago y la cintura, luego un pantalón arremangado o cortado hasta casi las rodillas, y calzado con huaraches. Trabaja así bajo el ardiente rayo del sol. Al fondo, se observan los sectores muy poco poblados, sólo con unas cuantas casitas de madera, y el resto del cerro cubierto con una vegetación muy agreste. Son La Cruz y El Vigía.
La segunda sección corresponde a los años 1940 a 1964. Ahí ya se ve que el trabajo se hace sobre piso firme, de material, concreto. El trabajador va vestido con su camisa y pantalón, zapatos cerrados y se cubre del sol con un sombrero rústico de ala pequeña (no de campesino). No se aprecia que lleve faja alguna. Se auxilia para su labor de mover la carga con algo semejante a lo que hoy conocemos como diablito, muy rústico, muy grueso, tosco, a base de madera. Tiene unas ruedas grandes y resistentes, y sobre él se mueve ahora la carga, no sobre la espalda. El estibador está llevando su carga a embarcar en un vagón de tren carguero, perteneciente a la ya desaparecida paraestatal Ferrocarriles Nacionales de México.
En la tercera y última etapa representada, que va de 1965 a 1975, ya se observa al trabajador portuario usando maquinaria moderna; más precisamente un montacargas, en el cual está movilizando una caja de madera muy rústica, muy diferente a los actuales contenedores o Teu’s -mucho más pequeños y toscos-, pero que ya daban una utilidad relativamente parecida. Se observa detrás del montacargas el muelle fiscal, dando a entender que esa carga la acaba de descargar de un buque atracado ahí, el cual se puede ver como un barco moderno, al que se le alcanza a ver el nombre de Hosenger, aunque sus dimensiones son mucho más reducidas a cualquier barco mercante de los que en nuestros días arriban a Manzanillo.
Al parecer, la pintura, según recuerdan algunos cromianos, se realizó y entregó en el año de 1976.Llamaba mucho la atención de todos los que asistían, el hermoso mural de grandes dimensiones que se ubica en la parte posterior de la nave, donde queda plasmada la historia de los estibadores del puerto de Manzanillo a lo largo del Siglo XX, obra del artista manzanillense por adopción, Carlos Escobar León.
EL GRAN LEGADO DE “CHILO” LEPE
Y desde luego, tampoco se podría explicar sin la aportación de su destacado líder por más de cincuenta años, Cecilio Lepe Bautista, quien fue también diputado local y federal y presidente municipal de Manzanillo (1986-1988), el cual, gracias a sus buenos oficios, diplomacia y capacidad, logró durante su gestión que, a diferencia de otros puertos del país y de otras naciones, hubiera paz y tranquilidad en el puerto, y se conjurara cualquier amenaza de huelga. El popular y querido “Chilo”, como era mayormente conocido, falleció el pasado 11 de julio del 2020.

Don Cecilio Lepe Bautista fue el líder que llevó y consolidó a la Unión de Estibadores y Jornaleros del Pacífico (Crom), por más de 50 años, por lo que en Manzanillo nadie lo olvida.