*Eran 7 faros en las costas de Guerrero, Michoacán, Colima y Jalisco
*Legendaria embarcación de 45 pies recorría de 300 millas entre ellos
Hasta antes de la década de los setentas, el litoral occidente del Pacífico mexicano entre Zihuatanejo, Guerrero y Cabo Corrientes, Jalisco, espacio en de alrededor de 300 millas en el que operan siete faros muy importantes para la navegación marítima estaba incomunicado por tierra, ya que el gobierno federal aún no dotaba a esta zona de carreteras.
LITORAL DEL OCCIDENTE MEXICANO SIN CARRETERAS
De manera que el trasladarse entre diversos puntos en esta área, y más hacia los faros, que generalmente están en zonas de difícil acceso en emplazamientos rocosas elevados sobre su entorno, era algo muy complicado, y más el proporcionarles todos los materiales necesarios para su operación, así como el sustento diario de los fareros y sus familias, que los acompañaban en su oficio.
Es por este motivo que Manzanillo, que se encuentra en un punto medio entre los mencionados puntos a los extremos norte y sur del litoral, era el punto adecuado para que desde su bahía saliera una embarcación que les surtiera de estos artículos y materias primas. Por ello, se le encomendó esta tarea al barco Don Quijote, de 45 pies de largo, propiedad de Alfredo Woodward Téllez, para que cumpliera con esta importante misión.
Hay que decir que el Don Quijote se construyó en 1943 por parte del Maestro Carpintero Don Garduño Cuevas, quien tenía su lugar de trabajo en la desembocadura del río de Santiago, en nuestra segunda bahía, ya que por este tiempo aún no se contaba con un varadero ni astillero en la primera bahía, hasta que se habilitó uno en la Playita de En Medio.
Los patrones de mar para mandar los viajes entre faros en el litoral a bordo del Don Quijote, fueron tres: Bartolo López, Alfredo Woodward y Rafael Iglesias. Hay que decir que en sus primeros años, por un poco de tiempo esta embarcación trabajó como tiburonera.
DESDE GUERRERO A JALISCO POR LAS AGUAS DEL PACÍFICO
La misión de sus recorridos sería la de abastecer a los faros del litoral del Occidente, que eran los siguientes: 1.- Manzanillo, Colima; 2.- Caleta de Campos, Michoacán; 3.- San Telmo, Michoacán; 4.- Zihuatanejo (Punta Prieta), Guerrero; 5.- Punta Etiopa, Jalisco; 6.- San Francisco, Jalisco; y 7.- Cabo Corrientes, Jalisco. No había carreteras ni para el sur de Jalisco, ni para Michoacán y el norte de Guerrero.
Se les llevaba cilindro de acetileno para prender los faros y se subía con burros. En cada faro tenían burros para este fin. Además se surtía su despensa, pues los fareros vivían ahí con sus familias. También alcohol y petróleo, pues no tenían energía eléctrica; se alumbraban con lámparas de petróleo. Eran 300 millas de navegación.
Cada seis meses, los fareros salían de vacaciones junto a sus familias y los llevaban a tierra a bordo del Don Quijote. Hay que decir que algunos fareros duraban hasta tres años en el cargo.
NOSTALGIA Y AÑORANZA
En el Don Quijote eran tripulantes los tres hijos de Don Alfredo Woodward, Manuel, Enrique y Jorge. La embarcación sirvió por algún tiempo para que alumnos de la escuela de pesca hicieran sus prácticas, antes que el barco finalmente se hundiera.
A Don Jorge Woodward Jiménez y su hermano Manuel les brillan los ojos con nostalgia y añoranza ante los recuerdos de aquellas épocas, en las que convivían con su padre, bajo cuyo mando se encontraban a bordo de aquella afamada embarcación. Señalaron que cuando su padre murió, heredando una gran fortuna, no se respetaron muchos documentos y escritos oficiales en el que beneficiaba a sus descendientes de ambas ramas, Jiménez y Rojas, siendo beneficiada la segunda en perjuicio de la primera por algunos años, razón por la que actualmente se está llevando a cabo un juicio que ya se encuentra muy avanzado.
Todo se desarrolla debidamente con abogados dentro del marco de un juicio para exigir todos sus derechos, por lo que se está pidiendo que se llegue a un acuerdo satisfactorio para ambas partes como algo definitivo, pero no ha habido una respuesta por parte de la familia Woodward Crespo, descendientes de los Woodward Rojas, contra la que los Woodward Jiménez están siguiendo este caso.
Mencionaron Jorge y Manuel que no van a cejar en su empeño, pues tienen los papeles que avalan sus exigencias justas, en pro de ellos y sus familias, como descendientes directos de Don Alfredo Woodward Téllez. Comentaron que todo puede llegar a un feliz término o desenlace si los Woodward Crespo muestran disposición para llegar a un convenio justo, para los que hasta el momento no han mostrado voluntad, por lo que ellos en ningún momento buscaran un contacto directo o personal, pues todo se está llevando a través de licenciados como debe ser, pero que, si ellos los buscan, están abiertos al diálogo.
Agregaron que han pasado muchos años sin que haya una compensación por el acaparamiento de los bienes que legó su padre por parte de una de las dos familias que descienden de él pero que esperan que esto concluya próximamente de manera satisfactoria para ambas partes.
Don Jorge Woodward Jiménez dijo que su padre fue un gran porteño, que destacó en muchos ámbitos a nivel local, estatal, regional, nacional e internacional, por lo que no debe ser olvidado. Sus aportaciones continúan pues puso las primeras piedras de muchas actividades hoy en boga en nuestro municipio.