Toda mi vida, he tenido una gran admiración por quiénes ejercen la noble profesión magisterial. Quizá motivado, porque en mi familia todos mis hermanos laboraron en el gremio educativo, hasta lograr su jubilación. Mi madre, doña Romy Sandoval Ávila, egresó de maestra de educación primaria, a finales de los años 40, de la escuela Normal de Maestros, dependiente de la Universidad Popular de Colima, y trabajó durante varios años en la escuela primaria “Sor Juana Inés de la Cruz”, que estaba al lado del templo del Sagrado Corazón de Jesús y en la escuela “Morelos”, turno nocturno, cuya directora lo fue la ameritada maestra María Murguía Velasco, renunciando a la docencia al contraer matrimonio en 1951, por petición expresa de mi papá.
Por su parte, mi querido padre Roberto Pizano Saucedo, gestionó infinidad de plazas para maestros y educadoras y cambios de adscripción de otras entidades federativas, a Colima, cuando fungió como diputado Federal, senador de la República y presidente Municipal de Colima, terminando con la añeja e inveterada costumbre de que los tres primeros meses de su sueldo, lo entregaban los maestros de nuevo ingreso, a los inspectores escolares o a alguna de las autoridades educativas locales.
Las plazas las gestionó, a través de la maestra Beatriz Ordoñez, directora de Preescolar, del profesor Antonio Barbosa Heldt, Oficial Mayor; de Fernando Elías Calles, coordinador de delegaciones, de María Lavalle Urbina, subsecretaria de Educación Básica, de Porfirio Muñoz Ledo y Jesús Reyes Heroles, secretarios de la SEP y a través también, de los dirigentes nacionales del SNTE, que fueron sus grandes amigos: Manuel Sánchez Vite, Félix Vallejo Martínez y Carlos Jonguitud Barrios, entre otros.

Mis cinco hermanas, Elba Eugenia, Martha Delia, Ana Rosa, Dora Luz y Alma Ruth, son también maestras y Marisol educadora, al igual que mi esposa, Lupita Venegas, que trabajó con abnegación y ahínco durante más de 23 años, en el jardín de Niños, “Susana Ortiz Silva”, de la colonia La Albarrada, y todas ellas, están actualmente jubiladas.
Mis hermanos impartieron clases durante lustros, Roberto, en el Instituto Nacional de Ciencias Penales, el INACIPE, en la ciudad de México, José Alberto, el menor, en la preparatoria del instituto Fray Pedro de Gante, en la secundaria No 5 de Cuauhtémoc y en otras, de la capital del Estado, y mi desaparecido hermano Jorge Arturo, destacó como un excelente catedrático de la Facultad de Derecho, de la UdeC, de la que egresó, como el mejor alumno de su generación y de la que fue subdirector, y también impartió clases en bachillerato y en Ciencias Políticas. Sólo Carlos Antonio, mi hermano que vive en Tabasco desde hace cuatro décadas y que tiene dos maestrías y doctorado y un servidor, no nos agradó la docencia, sino el servicio público, en el que nos hemos desempeñado durante largo tiempo.
A propósito de esta efeméride, que recientemente acaba de celebrarse, recuerdo con perenne gratitud a mis maestras, del jardín de Niños, “Rosaura Zapata”, a Teresa Mesina y Josefina Santana; de primaria de primer grado, en la escuela Gregorio Torres Quintero, a Mary Gutiérrez; de segundo de primaria, en el Colegio Anáhuac, a la distinguida maestra Genoveva Sánchez, que lo fue también muchos años atrás, de mi querida madre; de tercer grado, Rebeca Olea y de cuarto, Judith Dueñas y desde luego, a la directora del colegio, la señorita Nena Llerenas. De quinto grado, en la Torres Quintero, a Mario Enríquez Casillas, que me enseñó a declamar en público y en sexto de primaria, al profesor Enrique Pacheco Aguilar, al que saludo muy seguido, con gran afecto y al que le debo mi gusto y afición por el fútbol.

De la secundaria Federal, recuerdo a su director, el profesor Neftalí García Viveros, que nos impartía la clase de química, al profesor Arturo Arce Islas, que fue el subdirector y mi maestro de historia y desde luego, a Trinidad Escobedo y Arcadio Villaseñor, que fueron mis maestros de Civismo y Música respectivamente, entre otros.
De la preparatoria No 6 “Antonio Caso”, de la UNAM, donde cursé mi bachillerato, recuerdo con afecto a Gustavo Carvajal Moreno y Enrique Espinosa Suñer, que fueron los directores y mis maestros de Sociología y de Historia Universal, respectivamente. Y en la Facultad de Derecho, de la Universidad Nacional, evoco con nostalgia, a Ulises Smill Ordoñez y a Genaro David Góngora Pimentel, quiénes fueron ministros presidentes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a Hugo Rangel Couto, que fue miembro del gabinete del presidente Miguel Alemán Valdés, a Ignacio Burgoa Orihuela, a Marcos Castillejos, asesinado brutalmente años después, a Modesto Seara Vázquez, a Luis Recasens Siches, a Francisco Rivera Alveláis, a Daniel A. Moreno, a Miguel Cervantes Ahumada y de manera muy especial, al maestro Alberto Trueba Urbina, que fuera gobernador de Campeche y amigo personal de muchos de los diputados constituyentes.
De mi época estudiantil, en el Instituto de Capacitación Política, el ICAP, en el que estuve becado durante todo el año de 1973-74, evoco, con gratitud, al senador de la República don Enrique González Pedrero, que fue el fundador de dicho instituto y estupendo maestro, que además logró concretar que la plantilla de catedráticos, fueran los mismos que laboraban en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM, de la que había sido su director.

Así mismo, rememoro con infinito agradecimiento, al distinguido intelectual y politólogo, don Arturo González Cosío; a don Enrique Ramírez y Ramírez, que fue director del periódico “El Día”; Patricio Chirinos Calero, que posteriormente, fue secretario de la SEDUE, gobernador de Veracruz y director de ASA, Cecilia Diamant, Edmundo Domínguez Aragonés, Nicéforo Guerrero, Marco Castro Marín, Luis Ortiz Monasterio, con una gran carrera diplomática; José Antonio Rendón Padilla, Raúl Béjar Navarro, que fue luego, director del plantel Acatlán de la UNAM; Jesús Roberto Dávila Narro, que fue subsecretario de Gobernación y delegado Político en la demarcación Cuauhtémoc; el diputado Federal colimense, Daniel A. Moreno; el doctor Miguel Ángel Rodríguez, que fuera director operativo del Plan Colima y Nayarit; Antonio Trejo López, que fue coordinador de asesores de doña Margarita López Portillo, en RTC; Luis del Toro Calero y José Álvarez Amézquita, especialistas en técnicas electorales, José Antonio Álvarez Lima, quien fuera un colaborador cercano a don Enrique González Pedrero, en el Canal 13 y fuera luego, senador de la República, gobernador de Tlaxcala, director de Canal 11 del IPN y actualmente, senador de la República, nuevamente; Jorge Flores Vizcarra, que fue diputado Federal y delegado Político en Coyoacán, Francisco Casanova Álvarez, que era coordinador de asesores del secretario de Gobernación; Sergio Antonio Canale, secretario Particular del Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Héctor Manuel Zeta y Jorge Villa Treviño, especialistas en medios de comunicación; Roberto Wong Urrea, coordinador del Registro Nacional de Electores y coordinador de asesores, de Francisco Labastida; Modesto Seara Vásquez, reconocido internacionalista y luego rector de la Universidad del Mar, en Puerto Escondido, Oaxaca y, finalmente, el estimado maestro Roberto Salcedo Aquino, que fue en los 80, delegado de la secretaría de Programación y Presupuesto en Tabasco, durante el gobierno de don Enrique González Pedrero; luego sería sucesivamente, oficial Mayor en Sedesol, en el DDF, con Manuel Camacho Solís, subsecretario y director Adjunto de Banobras, y nuevamente, subsecretario de la Función Pública y actualmente, titular de esa importante secretaría, además de haber sido reconocido con el premio como el mejor Administrador del año y, debo confesar que me enorgullece sobremanera, haber sido su alumno y ser su amigo.
Es pues, largo y prolijo la gran cantidad de maestros que tuve a lo largo de mi vida estudiantil y de un gran número de ellos que tuve en cursos y diplomados, tomados en diferentes épocas, en universidades e instituciones del país y del extranjero, pero siempre, recordando con agradecimiento puntual, a todas y todos, sus enseñanzas que me han sido de gran utilidad, para laborar con tesón, entrega, dedicación y altura de miras, durante más de medio siglo, en la administración pública federal y estatal y los últimos lustros, en la universidad de Colima.
Y considero que todos tenemos la obligación siempre de elevar la vista al cielo, y agradecer la oportunidad que nos dio la vida de estudiar, prepararnos y servir a nuestros semejantes, gracias a los maestros, que tuvimos cada uno de nosotros, que nos orientaron y enseñaron con gran profesionalismo, entusiasmo y mística de servicio. Enhorabuena, por ello.

Colima Col., junio de 203.
*El autor es expresidente de la ACPE.
- Muchas felicidades al nuevo presidente, de la ACPE, maestro Roberto Godínez Soto, que con gran entusiasmo tomará protesta el día 9 de junio y al profesor Julio León y su directiva, que termina su encomienda de cuatro años, al frente de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores, A.C., que cumple 70 años de su fundación.
