Fue en vísperas de las fiestas patronales dedicadas a San Miguel, cuando llegué a la comunidad comalteca de Colomos para buscar a don Pedro, pues según me había dicho la señora Irma quien tortea en la fonda ‘con sabor a rancho’, que dicho señor era propietario de un jumento. Como al día siguiente daba inicio el festejo ya se estaban instalando algunos puestos y a un costado del jardín se levantaba el templete con su estructura metálica para la luz y el sonido, así que caminando por un atractivo y apacible callejón empedrado observamos al borrico atado junto a una malla ciclónica y enseguida arribamos a los aposentos de don Pedro quien comentó que su casa se le regaló su madrina Teresa González, el campesino nos dijo “esta parte, de aquí pa’ca, y aquel cuarto de ahí pa’lla a la mitad, ella mi hizo este cuartito; entonces el gobierno me dio apoyo, ahora con el temblor que hubo, hice este cuarto entero pá mí y arreglé aquel de en medio porque teníamos tapado con sábanas y la chingada, y en eso pasa un ingeniero y se agarró aventando ladrillos y la chingada, y ya retrató y llegó el apoyo del gobierno”.
Pedro Muñoz Bobadilla nació 27 de abril de 1957 en la comunidad de El Remate municipio de Comala, lugar donde habitó aproximadamente 10 años, y después vivió en Picachos durante 5 años, recuerda que “ahí mataron a mi papá en la venadeada, con una retrocarga, en Llanitos, allá para Minatitlán, un vejuco le jaló el gatillo, no se detuvo la retrocarga, él iba adelante y le pegó a él, es que el vale la llevaba con el cañón para adelante y el vejuco le jaló el gatillo, y le tronó en la espalda, y ya de ahí nos regresamos a la Villa, ahí trabajé como 25 años y otra vez me regresé pá acá con una hermana que tengo aquí en Colomos, ya tengo aquí como 15 años, yo hago pozos p’al alambrado, con este apoyo que dieron ando ‘sembrando vida’, limpiando la caña con mi patrón Beto Torres, aquí vive arribita”.
Su labor campesina la inició a temprana edad, nos comenta que “comencé escardando, sembrando, y ya después arando con troncos, también con bueyes. Mi papá agarraba tierras a medias, yuntas, ahí en El Remate, eran propiedad de Esteban Montero, cortaba hoja, piscaba”. Con la inquietud de mejorar su situación económica Pedro decidió incorporarse a la ruda tarea de la albañilería: “me dediqué a hacer revolturas, y trabajé como 25 años en la obra, dejé el campo porque ganaba más allá en la obra, en El Diezmo, allá por la unidad deportiva”. Posteriormente el amigo Pedro se vio en la necesidad de regresar a las actividades del campo debido a que “era muy pesado el bote, lo dejé porque me roté, andaba trabajando en el rancho ‘El Majahual’ con doña Licho Salazar, entonces ahí palanquié una piedra y me roté, y se zafó la barra, sentí que me roté y ya le dije a doña Licho, y dijo: ‘no, pues, te voy a mandar a operar”.

Don Pedro y la prieta linda.
Después de aquel breve preámbulo nos concentramos sobre el objetivo principal de nuestra conversación, don Pedro resaltó que “mi burra es muy importante porque en esa me voy a trabajar, arrimo leñita, llevo agua pá rociar, traigo maicito, le cargo los costalillitos y ahí los traigo. La burrita se llama ‘la ‘prieta linda’, porque estaba prieta y la canción se llama ‘prieta linda’”, entonces Pedro aprovechó para tararear un fragmento de la canción que escribiera Miguel Aceves Mejía: ‘dime que me diste prieta linda, creo que me tienes enyerbado, porque todo cambia en esta vida, sólo mi cariño no ha cambiado’, por eso le puse así”. Estábamos en eso cuando doña Pera, esposa de Pedro, dijo “¡la burra está nalgona!”. De nueva cuanta Pedro siguió con su relato diciéndonos que “mi patrón me la compró pero yo se la pagué, él dijo que le había costado 10 mil pesos, pero no me rebajó nada, yo le di el burro, y él me la dio al cambio”. Tocábamos ese punto y le pregunté a Pedro que si alguien quería comprarle su burrita ‘prieta linda’ en cuánto la vendería, a lo cual contestó “¡no, no se las doy ni en 15 mil!, eso valen y sirve mucho un animalito de esos, como dice usted, ya no hay quien los venda, y pues yo ya me canso, nomás salgo de trabajar y le vuelo a la burrita, aquí nomás pasando el río y hasta donde acaba la parcela es como media hora pero es pura subida”.
Don Pedro hizo la aclaración que la burrita ‘prieta linda’ no es el único asno que ha tenido, sino que antes tuvo un burro blanco: “le dije a mi patrón: ‘vale el burro como es manadero yo ya no lo quiero, porque me echa una montas pior que cuando jineteaba toros’, me le recargaba en una rienda porque se iba terco a irse con las yeguas, y yo arriba de él ya ni hallaba ni qué hacer, llegaba aquí bien mareado, porque quería a guevo subírsele a las mulas y yo arriba de él, y le decía a Pera ‘vengo bien mareado, yo el burro ya no lo quiero’, mejor lo voy a vender, y ya le platiqué a mi patrón, lo vendió y él mismo me compró la burra, y aquel burro se fue p’al chorizo”. En nuestra conversación me causó curiosidad escuchar que el burro enamorado se había ido al chorizo, así que le pedí al amigo Pedro me aclarara su dicho, explicándome que: “desde cuandísimo estamos comiendo chorizo de burro, a Guadalajara yo llevaba viajes de burro p’al chorizo, bestias sarnientas y todo, en camionetas llevábamos hasta 20 animales, de eso hace como 30 años, era mozo, mi patrón era Arturo Aceves, de la Villa, llevábamos caballos, ganado viejo, vacas quebradas de las patas, yo iba de mozo atrás, por si se caía alguno”.
Don Pedro nos cuenta una anécdota más que tuvo con otro burro manadero: “yo venía arriba de él, y otro burro andaba suelto y se le dejó ir a morder al burro, y por morder al burro me mordió esta pierna, y nos tumbó y caí ladeado yo, y estaba una muchacha del Remudadero allá abajo, y oyó la grita de que me estaba mordiendo y se arrancó con un leño y golpeó al burro, y ya me soltó. Nos tumbó a mí y al burro en que venía, y entonces el otro burro manadero había reventado la gamarra y se soltó”. Entre las andanzas del amigo Pedro no podía faltar su afición por jinetear toros, nos narra que: “pos yo nomás por gusto, al punto pedo jinetié, comencé a los 18 años, allá en Picachos, fíjese qué pendejismo hicimos todos, hicimos dizque corral de palos, para darnos putazos solos, nomás que ya al último donde no me pareció, todavía vivía mi papá, y al punto pedo se bajaba y me los toreaba, y dije no, esto no va a circular bien, mejor me voy a dejar de historias. Y ya que murió él, seguí otra vez en la chinga, jinetié como 3 veces en la Villa, toros de ‘La Esperanza’, y también aquí en Colomos, aquí me tumbó uno del ranchito de Agosto, le pasé por arriba de los cuernos pero no me golpeó, pero ya hace muchísimo en las fiestas de aquí de Colomos, fue donde estaba el corral donde se ahorcó Miguel Sánchez, un corral de pura piedra. Y en Comala, nomás ya al último fue donde no me pareció, vi a un vale que el toro le metió el cuerno por aquí (la garganta) y le salió por aquí (la cabeza), era un tal Carlos de Minatitlán, ahí trabajaba con Vargas, el de La Caja, y desde entonces dije: adiós jineteo”.
