Don Tacho Muñoz, celebridad del Manzanillo antiguo


* Su plática amena y memoria privilegiada le granjeaban la simpatía popular

* En su negocio se podían encontrar discos LP y sellos postales de colección

Segunda parte

Los hermanos de Tacho sí habían estudiado, mientras que él había tenido que trabajar. Así es que entró a estudiar al afamado Colegio de Monjas. Ahí aprendió al revés y al derecho los rudimentos de la contabilidad. También por ese tiempo, el señor Rafael Sánchez, que amenizaba las veladas musicales en el Foreign Club, al lado del señor Rentería, al ver sus ansias de aprender de lo que fuera, le enseñó música, y es así que durante tres años estuvo tomando lecciones de piano y órgano. Las clases se interrumpieron cuando Rafael, gracias a su gran calidad artística, fue contratado para formar parte de la reconocido Orquesta de Toño Yáñez, y se tuvo que ir de Manzanillo para hacer largas giras por el país y el extranjero. Desde hacía años también Don Tacho tenía el hábito de la lectura, por lo que su espectro cultural se iba ensanchando. Formó entonces una familia con Amalia Núñez López, con quién tuvo seis hijos. Años después, instaló un órgano eléctrico tipo Hammond en su librería, y de vez en cuando deleitaba a sus clientes tocando alguna melodía con gran destreza. Eran de esos órganos que popularizara Juan Torres en discos y presentaciones televisivas. Hoy, estos instrumentos, que tenían extraordinarios efectos por medio de botones, palancas y pedales, ya no se fabrican. Son piezas de museo, pues eran muy pesados por sus partes internas, que incluían micrófonos, bocinas y un sistema de bulbos, todo lo cual fue desplazado por la llegada de los sintetizadores electrónicos. La librería empezó a marchar poco a poco. Vendían también un poco de abarrote.

En los años cuarenta se despertó una pasión en Tacho, que fue el balompié. Quienes lo recuerdan jugando, dicen que era un futbolista muy dotado. Formó un equipo con sus compañeros del colegio de monjitas, en el Barrio de El Vigía, donde estudiaba para contador privado. El comentaba que siempre supo que por ahí había vivido por temporadas el Ing. Edgar K. Smooth, artífice de la construcción del Puerto. Don Tacho mencionaba que la casa del afamado constructor estuvo por donde se instaló ese colegio, dentro de la Colonia Americana. Pues bien, aquel equipo tenía como portero a Pedro Escamilla, de quien recordaba que era un gran arquero, que hacía que fuera casi imposible que los rivales les metieran gol. Los entrenamientos eran muy intensos, al nivel de un equipo profesional, de modo que, muchos de los que empezaron muy entusiasmados, no aguantaron la disciplina, y renunciaron a seguir participando en aquel equipo. También destacaban ahí, Alfredo Zepeda, “El Chachetón”, Juan José Dupont y José Hernández. Ese equipo ganó el Primer Campeonato de Segunda Fuerza que hubo en Manzanillo. Jugaban en el Campo del Marino, que se ubicaba donde hoy se encuentra la Unidad Deportiva 5 de Mayo. Al paso del tiempo se limpió un terreno cercano al centro de la ciudad, y hacía allá se cambiaron los partidos. Ese terreno baldío donde se pintó la nueva cancha, es donde hoy se encuentra el Mercado Municipal 5 de Mayo. Como jugador, Tacho Muñoz marcó toda una época en las batallas futbolísticas.

El negocio floreció enormemente, ahora bajo su dirección y tutela. Todo Manzanillo acudía a ver sus novedades. En esos tiempos de los discos Long Play, aquellos de acetato tan frágiles, que se tocaban en las elegantes consolas que había en todos los hogares, e incluso los sencillos que traían los éxitos de moda en la radio, estaban siempre primero que en ningún lado en la tienda de Don Tacho Muñoz. Los libros más vendidos eran los de Popu-Libros La Prensa, como “Jornada de errores médicos”, de Rafael Olivera; “Turismo cinegético”; la serie del evasivo asaltante, conocido como “El Capitán Fantasma”, además de muchas revistas en español e inglés, entre ellas, los cómics, ocupando un lugar importante los Clásicos de la Literatura. También estaba ahí un buzón de correo donde la gente depositaba sus cartas, y ahí mismo se les vendían los sellos postales, con lo que, la gente que no quería caminar hasta las oficinas de Correos, ubicadas en el Palacio Federal, en el antiguo barrio conocido como La Chancla, tenían una opción más a su alcance. No podían faltar las tarjetas postales, con hermosas fotografías de las playas y bellezas de Manzanillo.

Con la llegada del formato de cassette, que empezó a sustituir al LP, Don Tacho se modernizó y lo introdujo. Su hijo del mismo nombre, Tacho Jr. (O Tachito), llegó a grabar en audio eventos locales, como aquel concierto de Juan Gabriel en las Fiestas de Mayo, donde se avisó que venía un tsunami, y toda la gente huyó despavorida. Afuera de la tienda ponía una enorme bocina, por donde salía la agradable música que él y su hijo seleccionaban, para invitar a la clientela a pasar a hacer sus compras y relajarse un rato. Una pasión que muchos desconocieron de Tacho Muñoz fue el cine. Era un verdadero experto y un fanático. Tenía incluso películas viejas que se filmaron en Manzanillo, que muy poca gente tiene. Algunas de ellas las donó al Archivo Histórico Municipal. Desde su niñez hasta que cerraron el Puerto, el Manzanillo y el Bahía, fue un habitual de las salas del Séptimo Arte. Hasta sus últimos días seguía pendiente de los estrenos, lo mismo en DVD, que viendo la programación de la televisión donde pasaban largometrajes. Su conocimiento iba desde títulos de películas raras de cinematografías europeas, hasta los clásicos del cine nacional o de Hollywood, de nombre de actores y directores, desde la época muda hasta nuestros días.

Don Tacho en los años 30.

Pero Don Tacho Muñoz jamás compró el local en que tenía su afamada librería. Alguna vez le ofrecieron vendérselo, cuando tenía mucho dinero, y no quiso; y luego, cuando ya quiso hacerlo, no se lo quisieron vender. Con mucho dolor, tuvo que dejar aquel espacio que aún le extraña, y se mudó a la calle Colhuas, donde ya no tuvo el mismo éxito, porque su negocio no estaba en la pasadera; ya no era tan visible. Muchos no se enteraron en donde estaba ahora. En 1995, la Tienda de Don Tacho Muñoz cerró para siempre sus puertas. Existió durante 56 años. Ahora como octogenario, siguió activo, al ser invitado por la entonces presidenta municipal, Martha Leticia Sosa Govea, a trabajar en su administración. Continuó con la misma plática atrapante, amena y sabia. Sus manos se movían con gracilidad como si fueran palomas cuando recordaba sus tiempos; mientras sus ojos penetrantes mostraban su inteligencia y cultura, todavía intactas, como fueron hasta el último día. Sus negras cejas espesas que le caracterizaban, se volvieron blancas, y ya no andaba erguido; pero seguía recorriendo la ciudad a pie todos los días. Trabajó por veinte años para el municipio dentro de la administración del mercado municipal 5 de mayo, como inspector y cobrador, siempre de manera impecable y honrada. Todos los días hacía sus cuentas mentalmente, con gran habilidad, siendo uno de los mejores en esta labor.

Todavía pasa uno por la calle México y al llegar un poco antes del kínder Hidalgo, en dirección al jardín Álvaro Obregón y se le figura que verá a Don Tacho Muñoz parado muy sonriente detrás del mostrador de su tienda, junto a los periódicos nacionales del día, mostrando los últimos libros que han salido al mercado, mientras una armoniosa melodía sale por la bocina en las puertas de su local. Pero ya no está ahí, ni en el mercado, ni por la calle México o su colonia de Las Brisas, pues falleció el 3 de julio del 2016. A su avanzada edad, acababa de terminar exitosamente un curso de computación, cuando en la zona de la antigua estación del tren fue atropellado. Tenía 88 años y 6 meses.