Échele Ojo. La repartición

Taxi, imagen ilustrativa | Foto: EspecialTaxi, imagen ilustrativa | Foto: Especial


Ahora sí que bienaventurado todo aquel que con el esfuerzo de su trabajo logra sus objetivos, como en este caso entrar a la repartición de concesiones taxi. Son muchos los llamados y pocos los elegidos, porque fueron cientos los que aspiraban y se sentían con derecho a una concesión; se entiende que fueron más de 25-30 años pegados al volante, con percances, mentadas, asaltos y demás. Es parte del trabajo de todo servidor público: policía, albañil, electricista, funcionario y cualquiera que tenga el deseo y don de servicio.

No ha sido ese ciclo de entregas de cada que termina su mandato un gobernador. No, porque se ha visto interrumpido por diferentes causas, como el caso de Anguiano que se vio frenada esa entrega porque supuestamente se iban a entregar a personas que no eran taxistas o tenían pocos años de servicio; los líderes de taxistas presionaron para que eso no sucediera y no hubo concesiones.

A Silverio si le tocó entregar bastantes concesiones que hasta se saturó el estado de taxis, con sobreoferta, beneficiándose bastantes que tenían pocos años de servicio. Existe una anécdota que cuenta un chofer taxista. Comenta que circulando por carretera vio a Silverio parado, seguramente esperando transporte, cuando el taxista lo conocía como candidato; se detuvo, lo saludó y le dijo que subiera, que le daba un raite; Silverio aceptó y se fueron dialogando. Eso nunca lo olvidó Cavazos, pues cuando fue gobernador recordó ese detalle, lo llamó y dijo que se preparara con sus papeles porque le daría una concesión de taxi. Y así fue.

Creo que a Carlos de la Madrid no le tocó dar concesiones. Elías Zamora se mandó (igualmente) al otorgar concesiones, ya que dio al por mayor, beneficiando a amigos, parientes y choferes con pocos años de servicio. Hubo un diputado local que todavía anda por ahí que llegó a poseer cuatro concesiones. Otro compadre de él al que le dio cuatro para sus hijos.

Existe otra anécdota, de cuando Griselda Álvarez fue gobernadora. Ella acostumbraba a ir a comer a un restaurante de cinco estrellas, allá por península Santiago. Allí la atendía el mismo mesero cada que llegaba, de tal modo que ella no quería a nadie más que a él. Fue tanta la confianza que le tenía que le ofreció una concesión de taxi: “No, no puedo aceptar eso” respondió el mesero, a lo que ella insistía. No lo aceptó, y ahora que no trabaja, pero que tiene su buena pensión se arrepiente de no haberlo aceptado. Y así debe haber otras muchas anécdotas y agandalle por parte de abusadillos.

A inicios de su mandato Peralta entregó concesiones de taxis por conducto de su secretaria de Movilidad, Gisela Méndez, que logró poner un poco de orden. Ahora con nueva repartición que le tocó hacer a Ignacio Peralta, no pudo evitar que se colaran algunos con menos años —que según choferes fue mínimo— en comparación con años anteriores. Seguramente no quiso Peralta dejarle nada de pastel a Indira, ya que entregó concesiones al cuarto para las doce. Casi nada: se entregaron un promedio de 200 concesiones en todo el estado, y se recaudó para las arcas de Colima casi ocho, nueve millones de pesos.

Ahora con esos nuevos taxis, más los ya existentes y urbanos, se calcula que el estado recaudará poco más o menos 15 millones de pesos anuales. De ahí la inconformidad de transportistas a que Movilidad ponga orden a mototaxis que circulan por montones y no aportan nada. Seguramente a nuestra gobernadora Indira Vizcaíno le tocará la próxima repartición de placas para, con más justicia, otorgarlas a aquellos con más de 30 años de servicio.