El Faro


Gildardo García Beltrán.-

“CARLOS” ACAPARA LA ATENCION

 La tormenta tropical “Carlos” es quien de unos días a la fecha ha venido acaparando la atención de propios y extraños por su amenaza de afectar a nuestros litorales.

Las autoridades involucradas en la Protección Civil tienen mucha razón en estar preocupadas por los riesgos que este fenómeno meteorológico representa, no porque tocará tierra precisamente en nuestro puerto, pues los puros efectos en torno a su núcleo son suficientes para generar inundaciones.

Porque prácticamente de San Pedrito a Santiago lo han convertido en el fondo de una enorme cañada hacia donde escurren las aguas cuando se registran precipitaciones pluviales de consideración al encontrarse en la parte más baja.

A lo anterior, debemos añadir la falta de infraestructura pluvial. Así como el hecho de que con el crecimiento del manchón urbano se han venido tapando los causes por donde años atrás de desplazaba el agua.

Nos hemos venido llenando de concreto, sí, pero no con los suficientes drenajes para darle curso al agua que generan las lluvias, razón por la cual con cualquier llovizna sufrimos inundaciones.

Experiencias sobre el particular ya las han sufrido las nuevas generaciones. Pero quienes vivimos la catástrofe que originó el ciclón de 1959, nos ponemos a pensar lo que sucedería si nos pegara de lleno algo semejante, pues nos encontramos con una mayor desventaja que entonces.

En lo único que hemos avanzado es que ahora se registra una mayor información, lo que permite alertar con toda anticipación a las autoridades y a la población para estar preparados. Ello, también genera preocupaciones anticipadas, pero más vale.

Por eso nos da gusto que al menos durante la tarde del martes no hayamos sentido ni rachas de viento ni llovizna, quién sabe por la noche. Por lo que esperamos que el fenómeno meteorológico se vaya mar adentro o de plano se desvanezca para que no llegue a ocasionar daños a nadie en nuestro litoral.

CASOS Y COSAS

 No hay bastante con la mitad de la vida para escribir un buen libro, y la otra mitad, para corregirlo. Rousseau.

EN EL ASILO DE ANCIANOS sentimos que quienes ocupan las nuevas instalaciones allá por el rumbo de donde se encuentra el Complejo de Seguridad, van a descansar de las inundaciones que periódicamente sufrían en cada temporada de lluvias en el viejo inmueble del Valle de las Garzas.

Acá tenían la enorme fortuna de estar cerca de Protección Civil, así como de la benemérita institución Cruz Roja, quienes siempre estaban atentos a auxiliarlos. Por lo que deseamos que ya no tengan que afrontar problemas de esa naturaleza.

Mientras que allá, de lo que sí están seguros es de que difícilmente los van a robar, toda vez que están rodeados de policías federales, estatales y municipales.

LOS ASENTAMIENTOS humanos irregulares, por ningún motivo deberán de ser permitidos por nuestras autoridades, sobre todo cuando lo hacen en los márgenes de ríos y arroyos. Ya con los riesgos existentes en las zonas habitacionales más o menos urbanizadas, es más que suficiente.

A PROPOSITO, la población de Chandiablo, en la zona rural, se encuentra asentada en las márgenes de un arroyo por donde prácticamente durante todo el año corre el agua que baja de la montaña.

El playón es enorme; sin embargo, nunca hemos sabido que tengan problemas de inundaciones cuando crece dicho arroyo, tal vez porque han evitado invadirlo, siempre se mantienen replegados en las partes más altas.

Lo que sí sucedía es que en temporada de lluvias como no había puente, “la corrida”, así le decían al camión de pasaje que recorría la ruta hasta el Veladero de los Otates. Hasta ahí llegaba, por lo que la leche bronca que se consumía en Manzanillo, había que traerla en caballo hasta ese punto.