El Hijo del Ahuizote


Huracán “Odile”

Héctor Jesús Lara Chávez.-

Para el sábado 13 de septiembre a las siete de la tarde, el huracán “Odile” se intensificó a categoría II (vientos de 154 a 177 km por hora) en la escala de Saffir-Simpson, de acuerdo al boletín meteorológico de la CNA, reportó una ubicación aproximada de 275 kilómetros al suroeste de Manzanillo, con vientos máximos sostenidos de 160 km por hora, rachas de hasta 185 km/hr y desplazamiento hacia el noroeste.

Me dije, se va abriendo; consulté la web y observé las imágenes del ciclón, quedándome sólo el pendiente de que la “Depresión Tropical 16-E” confluyera aunque con menor intensidad la velocidad de sus vientos, en las temperaturas y presiones atmosféricas de “Odile” y se convirtiese en un fenómeno meteorológico de gran intensidad con graves consecuencias.

El domingo 14, a las 7:00 horas, “Odile” se ubicó aproximadamente a 360 km al oeste de Manzanillo, con desplazamiento hacia el nornoroeste a 24 km por hora, vientos máximos sostenidos de 215 km por hora y rachas de hasta 260 km por hora.

Mi pendiente se confirmó, “Odile” estaba ya interactuando con la depresión tropical y duplicó su potencialidad de una manera poco común, pasó a categoría IV (vientos de 209 a 251 km por hora) en tan sólo 12 horas.

Para cuando salga publicada esta columna, refiriéndome a nuestro estado, las olas sobrepasarán los dos metros de altura, las playas afectadas estarán cortadas cual cuchillo rebanadas a lo largo del litoral, por ende, un sinfín de ramadas destruidas, y como no soy adivino, sólo le pido a Dios que “Odile” no nos traiga muchas aguas producto de las lluvias de arrastre montaña-llanura costera, y los extintos ríos no se hayan sobrecargado de agua reconociendo sus arcaicas cuencas, hoy tapadas con diferentes tipos de construcciones. Como ya nos pasó aquí en Manzanillo con el ciclón “Jova” en octubre del 2011.

El gran impacto de este huracán se estará sufriendo sobre Baja California Sur, ya seguramente todos los sistemas asistenciales de desastres estarán operando, habrá reportes de afectaciones principalmente en los estados de Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Durango y menos que esos estados el nuestro.

Lo peor que podemos decir “aquí no llegan”, “Siempre se desvían por razón de nuestra configuración y posición geográfica”, “Que la temperatura del mar frente a Manzanillo es más fría por razones de profundidad”, éstas y muchas otras especulaciones nos hacen creer que estamos a salvo de los huracanes.

Este evento meteorológico me puso a reflexionar que solo nos “preparamos” cuando está por ocurrir o cuando ya ocurrió un desastre de cualquier tipo, pues contamos con muchos planes “Asistenciales y de narración de hechos”, como el DN-III, programas de Protección Civil en todos los niveles, la CNA, Unam, medios masivos de comunicación etc., pero urge conformar de manera completa el Atlas Nacional de Riesgos, del que hablaron tanto el presidente de la República como el secretario de Gobernación actuales, a raíz de las grandes inundaciones ocurridas en casi todos los estados del sur, sureste, península de Yucatán y Golfo de México, merced a los huracanes del 2013.

Debo reconocer que ya se inició la página web acerca del mencionado Atlas, así es que ya llegó el momento de realizar el Atlas de Riesgos del Municipio de Manzanillo, sólo es cuestión de organizar una base de datos y mapas de los fenómenos naturales como lo son principalmente los ciclones, terremotos y maremotos, señalar bajo análisis científicos los lugares de vulnerabilidad plena para los asentamientos humanos y actividades económicas existentes, realizar anticipadamente a los diferentes fenómenos naturales programas de acción para reducir al mínimo los riesgos, identificar las zonas de peligro para mediante simulaciones de desastres se aprendan oportunas toma de decisiones, de salvación, prevención y mitigación.

En cuanto a los fenómenos antrópicos (alteración de la naturaleza generada por la acción humana), tenemos décadas de contaminación por la planta termoeléctrica, de contaminación por la peletizadora Peña Colorada, el alto impacto del Puerto Interior API, de la regasificadora y en un futuro no lejano el fuerte impacto antrópico en la Laguna de Cuyutlán convertida en otro puerto interior.

Ya es tiempo de evaluar las contingencias ambientales y riesgos sanitarios que la ciudad y puerto de Manzanillo está sufriendo, ya es tiempo de realizar los parámetros de resistencia a nuestra geografía, naturaleza, actividades económicas y crecimiento demográfico. Ha llegado el momento de organizarnos para un futuro promisorio para nuestros descendientes, pues hasta hoy estamos construyendo en el caos, viendo hacia un mañana de mucho dinero sin planificar a largo plazo, sin compensar, amortiguar, resarcir, rehabilitar, prevenir con un completo Atlas Municipal de Riesgos.

Ya pasó un huracán categoría IV a sólo 360 kilómetros al oeste con rachas hasta de 260 km por hora “frente a nuestras narices”, ¿qué esperamos?

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