Desde la llegada de los españoles, su aparición ha causado asombro
Las noches en la playa La Audiencia, Las Hadas y los alrededores, son mágicas y misteriosas, no sólo por la belleza del paisaje que es posible admirar a la luz de la luna, sino por la aparición de las legendarias hadas que bailan y revolotean sobre los peñascos, como surgidas de los cuentos. Desde la época prehispánica y la llegada de los primeros colonizadores españoles que visitaron esta tierra, este fenómeno ha causado asombro y, en más de alguno, temor ante lo inexplicable.
El fundador del hotel que dio principio a la urbanización de estas pequeñas bahías paradisíacas, el millonario boliviano Antenor Patiño, conocido como El Rey del Estaño, quedó tan maravillado con su presencia fascinante, que basó todo el concepto de su hotel en la presencia de las hadas, de modo que se dice que hay dos que son las patronas del turismo ahí: Estérala y Melusina, que dan la bienvenida a los visitantes en la puerta, que ahí mismo se enteran de la leyenda, y luego la pueden observar desde la ventana de su cuarto.
Las explicaciones sobre las hadas brillantes danzarinas son que se trata de un efecto de fósforo, minerales y arena, que desprende un vapor con partículas doradas sobre la superficie del mar, generando siluetas de hadas. Desde hace cientos de años los navegantes durante las noches, especialmente de luna llena, veían a lo lejos unas siluetas iluminadas bailando sobre el agua, así que a este sitio lo llamaron Las Hadas.
Si bien este sitio se abrió al turismo en la década de 1964 a 1974, se ha modernizado recientemente y ha sabido conservar su ambiente morisco-mediterráneo, que le dio su creador, el Arq. José Luis Ezquerra. Al ser huésped de este hotel y recorrer sus instalaciones se vive la sensación de pasear por una villa de otro país, ya que su arquitectura, sus detalles y su espacio en general fueron creados con esa intención.

Antigua entrada a La Audiencia.
Este pintoresco sitio todo pintado de blanco incluye plazas, callejuelas, pasajes, subidas y bajadas que fueron concebidas por Antenor Patiño, boliviano que buscó el lugar ideal para construir su sueño; a él se le declaró uno de los 10 hombres más ricos del mundo en ese entonces, debido a sus minas de estaño, en que se explotaba de una manera cruel a los trabajadores desde tiempos de su abuelo.
Su idea original fue hacer un club de descanso para familiares y amigos, es por ello que cada habitación es diferente, ya sea en su distribución, en la forma de sus terrazas o en su decoración, y los nombres de las diversas áreas, tienen alguna relación con la familia de Antenor Patiño, como la plaza principal Albina que lleva el nombre de su madre, la Plaza Don Simón, del padre, y Beatriz, la de su esposa.
El arquitecto español José Luis Ezquerra quien construyó este legado destacó la construcción de 10 torres, que además de imprimir un toque muy especial, tienen una función totalmente práctica, ya que ocultan las cisternas, la zona de maquinaria, la planta de luz, elevadores y todo cuarto de trabajo y mantenimiento. También cuentan con una Marina propia con capacidad para 70 yates.
A través del tiempo se han desarrollado algunas leyendas, se dice que las hadas Estérala y Melusina son las hadas protectoras del hotel, sus esculturas se encuentran dando la bienvenida en la entrada principal. También se habla de muchos diseños de tinte ocultista, porque Patiño simpatizaba con estas creencias, y en su natal Bolivia se decía que tenía un pacto con el diablo.
Los navegantes creían ver en noches de luna llena, siluetas iluminadas bailando sobre el agua. Una caminata por la marina, en una noche húmeda de luna permite comprobar cómo en efecto la presencia de fósforo sobre la superficie de un mar increíblemente tranquilo lanza resplandores. En realidad, el lugar sí tiene un aura especial, pero las dos hadas de yeso que reciben a los visitantes en el lobby principal son hoy un toque más decorativo que mágico. En cada recoveco, desde sus innumerables torres y almenas hasta sus pasillos curvilíneos y empedrados, sus puentes, umbrales y túneles, hay enigmáticas figuras de pegasos, peces, leones, delfines o sirenas, que se asoman inesperadamente…
Durante la Conquista ya hablaban de estas epifanías y por eso a esta playa la bautizaron como Hadas, que al parecer fueron observadas por Hernán Cortés. También se dice que el fenómeno proviene de la presencia de fósforo sobre la superficie del mar, proveniente de huesos de antiguas civilizaciones que hoy, y desde entonces, yacen en el océano. El lugar fue sitio de un asentamiento prehispánico, y durante la construcción de los hoteles, y hasta la fecha, se siguen sacando figuras de los indios que ahí habitaron.
Las leyendas también hablan de que por esta bahía llegaron antiguos emisarios del Imperio Celeste, de la China o Catay, quienes comerciaban e intercambiaban presentes con el antiguo señor de Colimán, a quien pertenecían estas tierras.

Otra perspectiva de la playa La Audiencia.
El fenómeno de las siluetas iluminadas, semejantes a las mitológicas figuras de las historias infantiles, que aparentemente bailaban en la playa bajo la luz de la luna, se explica también por el reflejo de la luz de las estrellas y de la luna en las aguas de la bahía.
Los antiguos navegantes que en las noches de luna llena veían extrañas siluetas revoloteando sobre las aguas y al no poder explicar el fenómeno, pensaron que se trataba de un lugar mágico o hechizado.